Capítulo 15 #3
—No seas ridícula. ¡Solo tú podías fijarte en algo así, Darcy! —Sacudió la cabeza como si yo fuera la persona más divertida del mundo y el corazón se me hundió hasta la base del estómago.
«Bueno, yo lo he intentado».
Diego volvió con cuatro chupitos de color verde intenso y frunció el ceño al ver a Geraldine en su asiento. Ella levantó una mano como para coger uno de los chupitos y él los apartó de su alcance.
—¿Ese de ahí no es tu grupito? —preguntó, señalando la ventana con la cabeza.
Geraldine se giró y ahogó un grito al ver a un grupo de seguidores de la monarquía paseando por la calle.
—¡Mátame camión! —Volvió a meter las chapas en la bolsa, casi jadeando mientras se levantaba de la silla y nos hacía una reverencia—. Majestades, disculpadme, pero me tengo que marchar.
—Estás disculpada —se alegró Tory.
Geraldine comprobó la hora en su reloj.
—¡Puedo volver en una hora! Así podemos ir todos a mover el esqueleto juntos como pájaros batiendo las alas.
—Geraldine salió corriendo del restaurante antes de que nadie pudiera responder, agitando con emoción la bolsa hacia el grupo.
Yo me los quedé mirando durante un angustioso segundo mientras se ponían las chapas de «culo» en el pecho.
—Idiotas —solté en voz baja—. Son una panda de idiotas y no parecen ser conscientes.
—Madre mía, no veo el momento de que los Herederos vean las chapas. —Tory empezó a reírse.
—Tory —le advertí—. No puedes decir eso.
—Al menos dejarán de prestarnos atención a nosotras durante cinco minutos. —Se le calmó un poco la risa y yo tuve que llevarme la mano a la boca para intentar contener la mía.
Sofia se quitó la chapa y la soltó en la mesa con una risilla.
—Lo siento, chicas, no pienso ser miembro del «culo» por mucho cariño que os tenga.
Diego se sentó en su asiento con un suspiro de alivio.
—¿Quién necesita un trago?
—¡Yo! —Sofia se inclinó hacia delante, cogiendo el chupito y bebiéndoselo de golpe. Antes de que a los demás nos diera tiempo a coger uno, se los bebió uno detrás de otro con una carcajada salvaje.
—¡Sofia! —Diego ahogó un grito.
Yo me quedé mirándola sorprendida. Normalmente era muy calladita, ¿qué narices le había dado?
—¡Sofia es una fiestera oculta! —bromeó Tory mientras esta se apartaba un mechón de la cara con un movimiento de la cabeza.
—Yo no diría tanto, pero sé beber —admitió con una sonrisa cómoda, y Diego se quedó mirándola con el ceño fruncido.
Yo sonreí, levantándome de mi asiento.
—Voy a por más.
Los otros asintieron y yo me fui a la barra, colocándome en el único hueco libre que, por desgracia, estaba detrás de Orion y su cita. Tenía un uno por ciento de curiosidad sobre lo que estaban diciendo y no pude evitar afinar el oído cuando la mujer se acercó a él para decirle algo.
—Va todo muy rápido. Deberíamos hacer algo esta misma noche.
Ella le apretó el brazo y yo intenté no odiarla.
«Está en una cita con un tío supersexi, ¿por qué no le salta encima?».
Orion inclinó la cabeza.
—No. Es demasiado pronto. Tenemos que esperar.
Arqueé las cejas. «¿Este gilipollas tiene la más mínima caballerosidad?».
—La situación se va a descontrolar, Orion. Tiene que ser esta noche. No podemos esperar más —rogó ella.
«Madre mía, sí que está desesperada».
—No es lo que hemos planeado —susurró Orion—. Si intentamos matarlas ahora, llamaremos la atención hacia nosotros.
El corazón me golpeó con fuerza contra las costillas.
No estaban hablando de sexo. La mujer levantó la vista y se le abrieron mucho los ojos cuando me vio.
Intenté marcharme de forma casual, pero el camarero me señaló para tomarme nota y, de pronto, Orion me agarró el brazo.
Me apretó con fuerza y me arrastró hasta su pecho.
Sentí calor por todo el cuerpo, fuerte y aterrador.
El olor a canela y a algo completamente masculino me arrolló, convirtiéndose en mi nuevo olor favorito para siempre, pese a su origen.
—¿Qué has oído? —gruñó, y yo ahogué un grito, intentando soltarle los dedos de mi brazo.
—Orion —le advirtió su cita, y me soltó.
—No he oído nada —insistí, y se me aceleró el pulso mientras iba corriendo hacia el baño de mujeres.
Me agarré a un lavabo, respirando temblorosa, total y completamente agitada.
«¿Esa mujer estaba también en el ajo para matarnos? ¿Hasta dónde llegaba todo esto? ¿Cuánta gente nos quería a Tory y a mí muertas?».
Lo que había bebido me ayudó a mantener la calma mientras volvía a repasar lo que había escuchado, intentando averiguar qué hacer.
La puerta se abrió y me di cuenta con una claridad aterradora de que acababa de cometer un terrible error. Orion entró en el baño, cerrando la puerta tras de sí con un ruido que resonó en todo el ambiente.
«Corre».
«Grita».
«¡Haz algo!».
Abrí la boca para pedir ayuda, pero él agitó una mano y el aire de mi garganta se detuvo, negándose a dejar salir ni una sola palabra.
El corazón me latía con un ritmo frenético mientras retrocedía hasta que me choqué con la pared del fondo. Levanté las manos, dispuesta a invocar cada gramo de magia en mis palmas para detenerlo, lo que hiciera falta, no iba a morir en un baño cualquiera.
—No te muevas —siseé con un mero susurro. Él estaba controlando el flujo de aire de mi puñetera garganta.
—¿Qué has oído? —gruñó—. Cuéntamelo todo .
Su Extorsión era poderosa, y daba igual cuánto hubiera practicado con Tory y Sofia, no estaba en absoluto preparada para liberarme de su magia. Se me soltó la lengua y no pude contener las palabras.