El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—En el Despertar siempre se obtiene el poder del Elemento conectado al signo del zodiaco.

Por ejemplo, al ser un signo de agua, todos los piscis están dotados con el Elemento mágico del agua.

Quienes obtienen más de un Elemento a menudo es porque están conectados a más de una constelación.

—Orion dio un toque en la pizarra y apareció una imagen que mostraba todas las constelaciones en el cielo—.

Como pueden ver, hay cientos de combinaciones.

Los poderes que les regalan los astros son muy evasivos.

Se sabe muy poco sobre cómo o por qué algunos Fae nacen con más de un Elemento.

Pero sí sabemos que la genética tiene un papel muy importante, al igual que la Orden.

—Nos estudió con inquina y yo le devolví una mirada fría.

«¡Acabas de reclamarme como banco de sangre, pedazo de gilipollas! ¿Cómo puedes seguir como si no hubiera pasado nada?».

Se me acercó con una sonrisa que me encogió el pecho.

—¿Puede nombrar alguna de las constelaciones que no estén conectadas con un signo del zodiaco, señorita Vega?

«¿Por qué siempre viene a por nosotras?». Había doscientas personas en esta clase. Y sabía perfectamente que mi hermana y yo éramos las que menos sabíamos de todas.

Me acordé de una vez, cuando era más joven y me tumbé con Tory bajo las estrellas.

La que por aquel entonces era nuestra madre de acogida se había tumbado con nosotras y nos señalaba las pocas constelaciones que conocía.

Había sido una mujer muy amable, pero su marido nunca nos quiso allí.

Al final, lo eligió a él y nos tuvimos que ir de su casa. «La historia de mi vida».

Una de las constelaciones se me grabó en la memoria.

—Humm... —Carraspeé—. ¿La Osa Menor?

—Correcto. —Señaló a Diego, que estaba a mi lado—. Que también se conoce como...

—El Carro Pequeño, señor —respondió él.

—Seguro que Diego también lo tiene pequeño. —Tyler Corbin soltó una carcajada desde la primera fila.

—Cinco puntos menos para Terra —le espetó Orion, y Tyler resopló.

—¿Y el nombre en latín? —Orion señaló a Sofia, que se puso colorada al responder.

—¿Ursa Minor? —dijo con un hilillo de voz.

—Diez puntos para la casa Ignis. —Orion se alejó y Sofia sonrió de oreja a oreja. No entendía por qué dudaba tanto de sí misma, sabía mucho más que Tory, Diego y yo juntos.

Orion se puso a escribir otra vez en la pizarra.

—De esa forma, si alguien es acuario y está también conectado con Ursa Minor, que tiene el poder de la tierra, es probable que albergue dos Elementos.

—¿Probable, señor? —preguntó una chica con el pelo negro trenzado sentada en la segunda fila.

—Los astros son impredecibles —explicó Orion—. Su naturaleza debe complementar la nuestra para que todo esté alineado. —Orion se cruzó de brazos—. A ver, ¿qué significa para una persona su signo del zodiaco? ¿Lo sabe alguien?

Se alzaron varias manos y eligió a un chico de la fila situada detrás de la nuestra.

—Marca la personalidad.

—Impreciso —corrigió Orion—. Inténtelo de nuevo.

—Eh... —El chico miró a su alrededor en busca de ayuda, pero nadie tenía nada que ofrecerle. Carraspeó, luego se encogió de hombros.

—¿Alguien lo sabe? —preguntó Orion molesto.

—¿Influye en la personalidad, señor? —ofreció Sofia.

—Correcto —afirmó alegremente, rodeando el escritorio para apoyarse en el borde. Señaló a Jillian, la chica guapísima de pelo negro que era la sombra de Kylie—. Señorita Minor, ¿qué otras tres cosas influyen en la personalidad de un Fae?

Jillian se puso del color de una remolacha y miró a Kylie, que suspiró exageradamente.

—Orden —le dijo Kylie.

—¿Y? —insistió Orion.

—Eh... ¿genética? —intentó.

—Correcto. ¿Y? —preguntó él.

Kylie se quedó callada y, de pronto, se me ocurrió una respuesta que revoloteaba por la punta de mi lengua.

—¿Alguien lo sabe? —insistió Orion, mirándonos a todos con una evidente decepción.

«¿Por qué no?».

—¿Experiencia vital, profesor? —Había sufrido bastante en la vida como para saber que todo lo que me había pasado me había hecho ser quien era. Si él no estaba de acuerdo con que las experiencias afectaban a la personalidad, estaba dispuesta a discutírselo. Mi pelo era un ejemplo.

Para la mayoría, el azul significaba frío o tristeza, el mar o el cielo. Para mí era otra cosa. Y por eso lo llevaba en mi cabello. Como un recuerdo constante de su significado. «Que no se te olvide».

—Correcto —dijo Orion, aparentemente sorprendido. Se paseó por el pasillo y se detuvo delante de mi pupitre. Alcé la vista arrastrándola por su cuerpo atlético hasta llegar a sus ojos penetrantes—. Que también se conoce como...

—Crianza —espeté con la lengua reseca.

—Muy bien. Venga a verme después de clase. —Volvió hacia su escritorio, dejándome con las consecuencias de la bomba atómica que acababa de lanzarme.

Tory me miró alarmada y una criatura fría como el hielo me serpenteó por la espalda. «Mierda».

Tory esperó hasta que la última persona salió del aula antes de dejarme a solas con Orion.

—Te espero fuera —susurró, y yo le sonreí con la intención de calmar sus preocupaciones. Aunque no calmó demasiado las mías.

Orion estaba mirando algo en su Atlas, sentado otra vez en su silla mientras la puerta se cerraba detrás de mi hermana.

Yo me quedé de pie, incómoda, recolocándome el asa del bolso sobre el hombro mientras esperaba que me explicara por qué había querido verme después de clase.

—¿Qué tal va el escudo para la Extorsión? —preguntó sin levantar la mirada del Atlas.

—Mejor. He estado practicando con unos amigos.

Él asintió, aparentemente satisfecho con mi respuesta.

—Debería dedicarle todos los ratos libres que tenga. —Giró la silla, atrapándome con su mirada gris—. Es muy importante que aprenda a lanzar una Extorsión básica. ¿Sabe lo vulnerable que es sin poder hacerlo?

Yo asentí, pensando en todas las veces que había sucumbido en los últimos días. Mi interior se hizo añicos al recordarlo.

—Sí, señor. —Lo observé detenidamente sin entender por qué iba a querer ayudarme con esto si estaba planeando matarnos a Tory y a mí.

«Podría ser una tapadera... pero ¿para quién? Estábamos él y yo solos».

—Bien. —Se le quebró la máscara de duro con una sonrisa que me pilló completamente desprevenida—. Bueno, quería dejarle claro qué supone ser mi Fuente.

—No quiero ser su Fuente —dije inmediatamente, con un escozor en la piel solo de pensarlo.

—Hasta que consiga impedírmelo, me temo que no es decisión suya. —Me miró desconcertado cuando le fruncí el ceño, tentada de gritarle: «¡¿Solo quieres mi magia o también mi vida?!».

Orion se puso de pie y rodeó el escritorio para ponerse frente a mí. Me tragué el nudo en la garganta, mirándolo fijamente, negándome a que percibiera mi miedo.

—Tendrá que avisarme si le muerde cualquier otro vampiro.

Y no es negociable, señorita Vega. Haré que toda la academia sepa que es mía y eso debería ahorrarnos más incidentes como el de hoy.

Es muy poco probable que me desafíe nadie, excepto Caleb, y ahora que eso ya se ha solucionado, no deberíamos tener más problemas.

Sin embargo, si se da el caso de que otro vampiro empieza a fijarse en usted, me avisará.

No usó la Extorsión y me pregunté por qué. A lo mejor quería que accediera a esto voluntariamente. Y empecé a tener una batalla interna al pensar en lo que me estaba exigiendo. Al menos de esta forma evitaría que otros vampiros me mordieran por los pasillos. Esa era la única ventaja que encontraba.

—¿Y con cuánta frecuencia planea reabastecerse conmigo? —Me crucé de brazos y él levantó las cejas.

—Una o dos veces por semana. —Se encogió de hombros—. Pero si me agoto, puede que sean más.

Asentí con rigidez, porque sabía que no tenía otra opción. Me conformaría con el pequeño beneficio de que no me mordieran más vampiros y, mientras tanto, me dejaría la piel para aprender a canalizar mi magia.

Levanté la barbilla y el ambiente se enrareció.

—Un día, profesor, seré lo bastante fuerte como para defenderme de usted.

Él arrastró una respiración medida y sentí como si me absorbiera algo vital que no sabía si iba a recuperar.

—Lo sé —aseguró, con los ojos resplandecientes—. Pero, hasta ese momento, me pertenece, Azul.