Capítulo 13 #2
Kylie se estaba pavoneando por la clase, repartiendo unos folletos de color rosa mientras bailaba entre los pasillos.
—¡Fiesta de primero el viernes en la Órbita! —anunció alegremente cuando llegó a nuestra fila.
Agarró fuerte las hojas y nos contempló a Tory y a mí, moviendo los ojos de color ámbar como una víbora a punto de atacar.
—Vaya, supongo que vosotras no podréis venir. —Agitó un folleto en nuestra cara con un gesto de burla.
—¿Por qué? —Sofia estalló.
—Porque nadie os quiere allí —añadió Kylie con una mirada envenenada, y se me erizó el vello.
La puerta se abrió y entró Orion, haciendo que el corazón se me encogiera en una bola. Recorrió el aula con la mirada y luego se fijó en los folletos que tenía Kylie en la mano.
— No —rugió, agitando una mano para que todos los folletos que había en la clase volaran hacia él con una brisa violenta y cayeran en la papelera junto a su escritorio.
Kylie se quedó helada, mirándolo alarmada, poniéndose blanca como un folio.
—Profesor, yo...
—Señorita Major, si vuelve a repartir porquerías en mi clase, tendrá prohibida la entrada en todos y cada uno de los bailes de este curso.
Kylie se quedó boquiabierta y no pude evitar sentir una ligera emoción al ver cómo le bajaban los humos, aunque lo hiciera un posible psicópata.
—Pero ¡profesor! —rogó ella.
Él movió la mano y el resto de los folletos que sostenía Kylie salieron volando, se hicieron añicos y cayeron sobre ella en forma de confeti rosa.
«Hostias, podría hacer eso conmigo también si quisiera. Entonces, ¿por qué no lo ha hecho aún?».
Las risas estallaron a nuestro alrededor y a mí se me escapó una pequeña carcajada cuando Kylie se puso roja como un tomate y corrió hasta su asiento.
Orion soltó su taza dando un golpe sobre la mesa. Todo el mundo se quedó en silencio mientras él observaba el mar de caras que tenía delante. Sostuvo la mirada sobre mí durante medio segundo y levanté la barbilla.
«No me das miedo. Bueno, mierda, igual sí».
Orion se giró hacia la pizarra y escribió con su bolígrafo digital: «NO SON ESPECIALES».
Resoplé. «Joder, este tipo sí que sabía cómo animar a la gente...».
Se dio la vuelta para mirarnos, con un aspecto particularmente cabreado hoy, que ya era decir algo.
—Todos los signos del zodiaco tienen sus propias características. Buenas y malas. Pueden influir en la personalidad. Pero no hacen que ustedes sean diferentes ni especiales. Solo hacen que sean Fae.
Dio unos toques en la pizarra y mi Atlas se iluminó con la primera imagen en los apuntes de clase. Apareció la rueda zodiacal: un círculo precioso en el que se interconectaban todos los signos.
—Todos los Fae forman parte de esto —continuó, con el tono de pronto más suave—.
Y todos tenemos en común dos seres celestiales que nos definen.
—Señaló el centro de la rueda—. El sol y la luna.
Nos mantienen unidos. Y ninguna Orden ni eyeliner ni pelo azul.
—Me lanzó una mirada penetrante mientras se acercaba a las mesas, yo apreté los labios—.
Ni gorrito. —Fue a quitarle el gorro a Diego, pero este lo agarró a tiempo, lanzándole a Orion una mirada desafiante.
El profesor sonrió—. Les hacen diferentes —terminó.
Se adentró más en la clase, pero yo no aparté la vista de la pizarra mientras él seguía hablando.
—Hay doce signos y espero que hasta nuestras Herederas reales sepan cuáles son. Prestémosles atención. —Se había puesto de pronto detrás de nosotras, con una mano en el hombro de cada una.
Se me erizó la piel por el contacto de la palma de su mano, y me negué a darme la vuelta para mirarlo.
—Adelante, señorita Vega —ordenó.
—¿Cuál de las dos? —dijimos Tory y yo a la vez.
—Azul. —Me dio un golpecito en el hombro—. La Vega número dos puede venir conmigo.
Le apretó el hombro a Tory, que se levantó con el ceño fruncido, lanzándome una mirada. Yo la miré con compasión mientras Orion la llevaba hasta su escritorio y se sentaba en su silla.
—Palma —ordenó, y ella colocó dudosa la mano sobre la de él. Empezó a leérsela y pensé en si sería lo mismo que hizo conmigo la otra noche—. No estoy escuchando ningún signo del zodiaco.
Apreté los dientes por su tono grosero y por las risillas disimuladas que me llegaban de Kylie y sus amigas.
Empecé a gritarle los signos del zodiaco monótonamente.
—Acuario, Piscis, Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio.
—Muy bien, cinco puntos para la casa Aer —anunció Orion, y juraría que casi me llega la boca a la mesa.
«A lo mejor está cubriendo sus huellas. Cuando encuentren mi cuerpo mutilado, Kylie dirá: “Él no ha podido matarla, directora Nova, ¡le dio cinco puntos para su casa hace tan solo unas horas!”».
Orion tomaba nota mientras le leía la mano a Tory y ella retorcía el gesto incómoda ante el contacto. Solo con verle la postura ya sabía cuánto lo odiaba.
Por fin le soltó la mano y le pasó una hoja de papel.
—Estas son las puntuaciones de sus Elementos. Cuanto más alto es el número, más fuerte es su poder. Su magia principal es el fuego.
—Ah..., vale —asintió, y se movió para volver a su asiento, pero él le agarró la muñeca y tiró de ella.
Sentí una ola de terror en el pecho cuando le clavó los colmillos en la muñeca. Ella apretó los dientes, hundiéndose hacia delante mientras le drenaba el poder y le impedía que usara su magia para apartarlo.
—¡Por las estrellas, señor! —Kylie ahogó un grito, pero la ignoró y siguió alimentándose de mi hermana.
—¡Déjela! —exclamé, levantando una mano de forma impulsiva mientras me disponía a golpearlo con una ráfaga de viento en la cara para apartarlo de ella.
Tory me fulminó con la mirada, sacudiendo la cabeza a modo de advertencia, y yo solté un ruido frustrado.
Cuando Orion por fin la soltó, ella se tambaleó lejos de él con un gesto oscuro. Él se puso de pie, aparentemente de mejor humor, y continuó hablando sobre los signos del zodiaco.
Mientras Tory volvía a su sitio, una notificación en su Atlas captó mi atención.
¡Te han mencionado en una publicación de FaeBook, Tory!
El corazón se me iba a salir del pecho mientras cogía mi Atlas y abría la aplicación para buscar la publicación. Tory se sentó justo cuando la encontré.
Kylie Major: Parece que el profesor Orion está pinchando la Fuente de otra persona. #compartiresvivir #comoseenterenlosHerederos
Junto a la publicación, había una foto del profesor Orion clavándole los colmillos a Tory en la muñeca. Mi hermana le lanzó una mirada salvaje a Kylie por encima del hombro.
Empezaron a aparecer los comentarios debajo de la foto y me mordí el labio mientras le señalaba a Tory el primero de todos.
Comentarios:
Caleb Altair: WTF???????????
Ranesh Shar: @Caleb Altair esto no mola nada, macho... #protegetufuente #chupafuente
Tyler Corbin: Tenía butaca en la primera fila.
#Orionhincóeldiente
Las risas llenaron toda el aula y Orion dejó de hablar en mitad de una frase al ver que todos estábamos con nuestros Atlas.
Parecía que estaba a punto de matarnos a todos, pero la puerta se abrió de golpe y Caleb entró a toda prisa en la clase para bajar hasta el escritorio de Orion.
Estampó al profesor contra la pizarra y un grito ahogado colectivo resonó en la clase.
Se me aceleró el corazón cuando Orion lo empujó con una ráfaga de aire y Caleb se golpeó la cabeza contra el escritorio, agrietando la superficie de madera.
Caleb rugió como una bestia, golpeando a Orion en la cara con la mano envuelta en llamas.
—¡Ya basta! —bramó Orion antes de que Caleb llegara a darle el golpe. El Heredero de Terra se detuvo, y parecía que, en la clase, todos nos habíamos convertido en piedra.
La tensión se palpaba en el ambiente. Caleb extinguió las llamas, emitiendo un gruñido gutural profundo.
—Es mi Fuente. Como vuelva a tocarla, es hombre muerto. Me da igual que sea profesor.
Orion lo agarró por la camisa y se lo acercó a pocos centímetros de la cara.
—Largo de mi clase.
—No hasta que me lo jure —soltó Caleb, moviendo una mano para señalar a Tory—. Es mía. No vuelva a acercar sus colmillos a ella.
—¡No soy de nadie! —espetó Tory, y yo asentí.
Al ver que Orion no respondía, Caleb empujó al profesor con tanta fuerza que se estampó contra la pizarra.
Estallaron los cuchicheos de tensión en el aula y me di cuenta de que me había agarrado inconscientemente al borde de mi pupitre, tan fuerte que se me estaban poniendo blancos los nudillos.
—De acuerdo —concluyó Orion con un tono letal—. Pero la otra gemela Vega es mía.
—¿Perdone? —intervine, pero nos ignoraron.
Caleb farfulló algo mientras deambulaba nervioso como un león enjaulado.
—Está bien —sentenció por fin, y se marchó, dando un portazo al salir.
Orion se alisó la camisa y luego se giró hacia la pizarra.
—A Aries lo rige Marte, por lo que pueden ser particularmente impulsivos y a menudo agresivos cuando... —continuó como si nada, y yo me giré hacia Tory completamente estupefacta.
—¿Nosotras no tenemos nada que decir? —le susurré a mi hermana.
—No, a no ser que podamos defendernos de ellos —añadió Tory, arrugando las cejas de rabia.
—¡Cosa que no conseguirán si no prestan atención en clase!
—Cayó un libro sobre nuestra mesa y Tory y yo nos separamos de un brinco para evitar que nos golpeara.
Orion nos lanzó una mirada furiosa. Era evidente que nos lo había lanzado él—.
Como alguna de las dos diga una sola palabra más, se pasarán el resto del curso en la sala de castigo.
Apreté los labios a medida que la furia me hervía por dentro.
«¿Lo dice en serio?».
Él se quedó mirándonos, esperando a que alguna de las dos le respondiéramos. Nos quedamos en silencio y él siguió con la clase.