El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Estaba a punto de quedarme dormida cuando mi Atlas empezó a sonar. Lo cogí de la mesita de noche y vi que la llamada era de Tory.

El corazón se me aceleró al hacer clic en la pantalla por el miedo a que le hubiera pasado algo.

—Tory, ¿estás bien? —pregunté.

—Sí, estoy bien. Pero ¿puedo ir a dormir contigo esta noche? He escuchado a los Herederos planeando asaltarme por la mañana y... bueno, además tengo que contarte una cosa.

—Claro. Nos vemos fuera de la Torre Aer —dije, incorporándome con un bostezo.

—Ya estoy aquí —añadió con un tono divertido.

Sonreí y salté de la cama cuando se cortó la llamada.

Me puse la sudadera y salí con cuidado al pasillo.

El suelo estaba frío bajo mis pies descalzos y me puse de puntillas para evitar el frío en los talones.

Llegué a la escalera y bajé corriendo. El silencio en la torre era inquietante.

Llegué a la planta de abajo, consiguiendo solo la mirada de un par de estudiantes que iban de camino a su habitación. «¡Éxito!».

Tiré de la enorme puerta de hierro y salí, buscando a Tory mientras el frío de la noche soplaba a mi alrededor.

—Estoy aquí —dijo, saliendo de detrás de un arbusto próximo al muro. Frunció el ceño de una forma que me indicaba que algo le molestaba—. Si Seth me pilla, será divertido.

—No lo hará. Vamos. —Levanté una mano para lanzar una ráfaga de aire al símbolo de Aer sobre la puerta y volvió a abrirse.

Yo iba delante, con Tory pisándome los talones mientras subíamos a toda prisa las escaleras.

Casi me tropiezo con un escalón al llegar a mi planta, murmurando un insulto para mí misma al tiempo que corría por el pasillo hasta mi habitación.

Introduje la llave en la cerradura y, un segundo después, ya estábamos seguras dentro.

Contemplé a Tory con una sonrisa triunfal, pero ella no me la devolvió.

—Darcy, está pasando algo muy raro —comenzó, dejándose caer en mi cama y soltando su mochila junto a los pies.

—¿Raro cómo? —Cogí la silla del escritorio y le di la vuelta para sentarme frente a ella.

Ella se pasó el pelo sobre un hombro, enrollando los dedos en las puntas.

—Esta noche he seguido a Darius. Se despidió de los Herederos y tenía un comportamiento un poco turbio, así que lo seguí. Y me llevó a Orion.

—¿Orion? —cuestioné confusa—. ¿Por qué?

—Están ocultando algo. —Tory me contó todo lo que había escuchado y mi mente se aferró a todo lo peor del relato. Parecía que Darius y Orion nos querían muertas.

Me mordí el labio en un intento de calmarme el pulso.

—¿A lo mejor has entendido mal? —probé, y Tory asintió despacio.

—Puede... aunque estoy bastante segura.

—¿Y qué hacemos? —pregunté.

—¿Qué pasa con Estrella Fugaz? —sugirió—. ¿No dijo algo de Orion? Que no nos lo estaba contando todo. Quizá tenga alguna respuesta.

Fruncí el ceño con un nudo en el estómago.

—Ni siquiera sabemos quién es. Podría ser un Heredero tomándonos el pelo. —No me gustaba la idea de depositar nuestra confianza en una fuente desconocida—. A lo mejor, precisamente lo que quiere es que entremos en el juego y respondamos.

—Me parece un juego un poco enrevesado —expuso Tory—. No ha dicho nada para hacernos daño. Solo para... confundirnos.

Me quedé en silencio y levanté una mano para invocar el viento en mis dedos. Tory arrugó las cejas al mirarme y vi un destello de compasión en su mirada.

—No tienes que confiar en esa persona, Darcy. Solo ver qué tiene que decirnos.

Yo asentí, cediendo, mientras sacaba el Atlas de mi mochila. Me senté con ella en la cama, con las piernas cruzadas, y me apoyé el dispositivo en el regazo.

Abrí la conversación y escribí la pregunta para Estrella Fugaz mientras el corazón me latía con violencia detrás de las costillas.

Darcy Vega: Dijiste que había cosas que no sabíamos de Orion. ¿Te importaría desarrollar?

Esperamos en silencio, con la tensión aumentando entre nosotras, y pensé que a lo mejor no nos contestaba hasta mañana. Era más de medianoche y la mayoría de los alumnos ya estaban en la cama.

Sin embargo, al cabo de un momento, aparecieron los tres puntos al final de la pantalla, indicándome que Estrella Fugaz estaba escribiendo una respuesta.

Estrella Fugaz: No me gusta la gente con la que se junta.

Darcy Vega: ¿Te refieres a Darius?

Tenía el corazón a punto de estallar mientras esperábamos de nuevo su respuesta.

Estrella Fugaz: Sí.

—Hostia puta —maldijo Tory en voz baja contra mi oreja.

Escribí otra pregunta apretando los dientes.

Darcy Vega: ¿Sabes qué están tramando?

Estrella Fugaz: No.

Suspiré y bajé la vista al Atlas cuando llegó otro mensaje.

Estrella Fugaz: Pero sí sé esto... Cualquiera que le jure lealtad a la familia Acrux no puede querer nada bueno. No confiéis en ellos.

Darcy Vega: Pero ¿por qué?

Tory se acercó más y apretó el hombro contra el mío, esperando ansiosas su respuesta. Ahora ya estaba convencida de que esta persona no podía ser ninguno de los Herederos.

Los tres puntos nos atormentaban mientras esperábamos con el alma en vilo.

Estrella Fugaz: Creo que la casa de Acrux estuvo involucrada en la muerte de vuestros padres biológicos. Y tengo mis sospechas de que la familia de otro Heredero los ayudó.

Me giré hacia Tory asustada.

—¿Te lo crees?

Tory me miró con los ojos como platos a la vez que lo consideraba.

—No lo sé. Ni siquiera sabemos quién es Estrella Fugaz.

—Pero si tiene razón y Darius y Orion quieren venir a por nosotras... —El miedo me crepitaba en el pecho.

—Pues estamos muy jodidas —susurró.

Me sonó una notificación en el Atlas y entró otro mensaje.

Estrella Fugaz: No puedo compartir todos los detalles por FaeBook, no es seguro. Pero leed esto y pronto tendréis noticias mías.

Debajo del mensaje había un enlace. Hice clic y se abrió lo que parecía ser un artículo del día después de la muerte de nuestros padres biológicos. Sentí un repentino calor por la espalda cuando empecé a leerlo.

El rey Hail Vega, su mujer Merissa y sus dos hijas, Roxanya y Gwendalina, fueron hallados muertos en su palacio a las 7.

08 de la mañana del día de ayer. El rey Hail, denominado el Rey Salvaje durante su mandato, y sus dos hijas eran los últimos herederos con vida al trono de Solaria.

Sus muertes ya han sido declaradas asesinatos y las evidencias apuntan a un ataque calculado de las ninfas a manos de dos o más criaturas.

Con el reino ya agitado, las cuatro Casas del Consejo Celestial (Acrux, Rigel, Altair y Capella) han intervenido para gobernar en lugar del rey Vega.

Lord Lionel Acrux fue el primero en acudir a la escena en un esfuerzo por ayudar a su íntimo amigo, el rey Vega, cuando recibió una llamada de auxilio.

Lamentablemente, llegó demasiado tarde y las ninfas en cuestión siguen en libertad.

Las ninfas perpetradoras, que albergan ahora la magia del linaje real, son las más poderosas y peligrosas de su especie que jamás hayan existido.

Se ha iniciado una persecución masiva en un intento de destruir a las criaturas antes de que puedan canalizar sus poderes recién absorbidos.

La noticia se ha recibido con una mezcla de dolor y celebración, ya que el mandato del rey Vega estuvo marcado por la adversidad y numerosas revueltas.

Se ha citado al profesor Astrum, de Zodiac Academy, al predecir lo que él denominó como «décadas sangrientas» gracias al Tarot y a las cartas astrales antes de la ascensión del rey.

Aunque desestimadas sus palabras con anterioridad, estas se han adoptado desde entonces para describir el reino del Rey Salvaje y ahora pueden leerse en pancartas por toda la ciudad Lunar como forma de protesta por los millones de auras que se gastarán en un funeral organizado por los fieles a la corona.

Uno de los mayores defensores del rey Vega y su familia, Hamish Grus, ha exigido que el trono se entregue a la estirpe real más cercana.

Sin embargo, al quedar tan solo unos primos lejanos de la familia Vega, las cuatro Casas del Consejo Celestial se oponen a esta propuesta.

Actualmente, piden que el trono se mantenga vacío hasta que se pueda encontrar un regente a la altura.

Tenga sangre real o no. Mientras tanto, las cuatro casas gobernarán unidas, una medida que ha sido recibida por muchos con los brazos abiertos en Solaria.

Aparté la vista del artículo con la respiración entrecortada y Tory se dejó caer en la cama a mi lado.

—Estrella Fugaz podría tener razón —comentó, y yo asentí.

—Las familias de los Herederos tenían un motivo para matarlos —concordé con la boca pegajosa—. Pero el artículo dice que fue obra de las ninfas. Y Diego me contó que hacen algo muy raro, como que te apuñalan en el corazón y absorben tu magia con las garras.

—Puaj —se asqueó Tory—. Habría alguna prueba de eso, entonces.

—Sí... —Estaba desesperada por descartar la posibilidad de que los Herederos hubieran podido estar involucrados. Que uno de ellos venía a por nosotras. Y el profesor Orion los estaba ayudando. Porque, si era verdad, no sabía cómo podríamos escapar.

Acudí a Magia Cardinal con una tensión en el pecho insoportable. Orion llegaba tarde. Y yo no podía parar de mirar hacia la puerta, esperando a que apareciera con una metralleta para matarnos a Tory y a mí.

«No le des más vueltas. Además, no necesitaría una metralleta, podría cortaros en trocitos simplemente con los pómulos. Por no hablar de los colmillos...».

Después de todo lo que habíamos descubierto anoche, apenas había dormido nada. Y llevaba toda la mañana temiendo esta clase.

Diego nos miró a ambas, con los ojos azul pálido destellando preocupación.

—¿Todo bien? Parecéis zombis.

Forcé una risa, pero no resultó muy convincente.

—Anoche te eché de menos —le susurró Sofia a Tory—. Ignis no es lo mismo sin ti.

Tory la miró con una sonrisa compungida.

—Los Herederos habían salido a por mi sangre. Tenía que mantener un perfil bajo.

Sofia suspiró, haciendo un círculo en la mesa con el dedo.

—Ojalá os dejaran en paz.