El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 12 #4
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Capítulo 12 #4

—¿Y a qué esperamos? Ya sabemos dónde están. Podríamos ir ahora mismo mientras duermen, terminar con esto de una puñetera vez —insistió Darius, en voz tan baja y enfadada que parecía dispuesto a estallar en cualquier momento.

—Todavía no. Si cometemos algún error, podríamos terminar matando a gente inocente —argumentó Orion—. Es muy difícil que estemos seguros con la información que tenemos. Esperemos unos días más. Volveré a verla. Confirmaré nuestras sospechas.

—En unos días podrían ser aún más poderosas.

Ya has visto lo que ha pasado desde que empezó el trimestre.

Cuanto más tiempo les demos para que se ajusten a sus poderes, más probabilidades hay de que averigüen cómo canalizarlos y usarlos en nuestra contra.

Si lo que temes es no estar a la altura, déjame avisar a los demás para que me ayuden.

Ya sabes que quieren destruirlas casi tanto como nosotros.

Orion se pasó una mano por la cara y negó con la cabeza.

—Es muy arriesgado. Seth es incapaz de mantener la boca cerrada, se lo contará a todos los miembros de su manada antes de que amanezca y los poderes de Max lo suavizan ante los demás, por mucho que él niegue que sea así.

—¿Y Caleb? ¿O tu rivalidad es demasiado fuerte como para ignorarla, a pesar de la amenaza a la que nos enfrentamos?

—preguntó Darius. Empezó a deambular y me volví a encoger detrás del arbusto con el corazón acelerado.

¿Estaban hablando de nosotras? Era lo que parecía, desde luego, pero ¿por qué se sentían tan amenazados por dos chicas que ni siquiera sabían canalizar aún sus poderes?

—No se trata de rivalidad —espetó Orion—.

Sino de fuerza. Tú lo conoces mejor que yo, pero diría que es demasiado impulsivo para esto.

Si atacamos demasiado pronto, todo el trabajo que hemos hecho hasta ahora habrá sido en vano.

Y ocurrirá lo mismo si intentamos matarlas ahora.

Sin estar seguros. ¿Y si no lo conseguimos y escapan?

O si lo conseguimos, pero se nos pasa por alto algo de vital importancia y eso activa algo mucho más grande...

—Has vuelto a consultar con los malditos huesos —repuso Darius enfadado.

—Así es —admitió Orion sombrío—. Y, aunque no me han revelado demasiado, tengo una cosa clara: este no es nuestro momento.

Darius se quedó quieto y soltó una respiración larga por la nariz mientras se esforzaba por mantener la calma.

—A veces me encantaría no vivir en un mundo en el que todo está planeado para nosotros, como si no fuéramos más que unas piezas de un puñetero puzle gigantesco en el que no tenemos nada que decir.

Orion suspiró, acercándose un poco para colocarle una mano en el hombro.

—¿Lo dices por tu padre? ¿Sigue presionándote para que...?

—Claro que sí. No puede pensar en otra cosa.

Es como si no se hubiera dado cuenta de que el mundo en el que vivimos podría estar tambaleándose al borde del caos.

—Darius negó con la cabeza antes de encogerse de hombros para quitarse de encima la mano de Orion—.

Olvídate de mi padre. Como siempre, yo soportaré lo peor de su ira.

Cuando los demás Herederos y yo resolvamos esta situación, me dejará tranquilo.

Tú céntrate en confirmarlo todo para que podamos actuar.

—En unos días volveré a reunirme con ella. Haré una relectura. Me aseguraré de que tenemos toda la verdad —respondió Orion, asintiendo con firmeza.

—¿Y luego? —presionó Darius, dando la impresión de necesitar una respuesta antes de permitir que lo alejasen del camino que se había imaginado.

—Y luego... Pues tendremos que hacer lo que tengamos que hacer para que nadie averigüe que hemos sido nosotros.

—Bien —respondió Darius, y se le iluminó la cara con una sonrisa lo bastante afilada como para cortar cristal.

No se molestó en despedirse antes de darse la vuelta y alejarse del profesor. El corazón me dio un vuelco al agacharme de nuevo entre las sombras, pero, afortunadamente, eligió otro callejón y yo esperé a que sus pasos se alejaran de mí.

Orion se quedó plantado bajo la luz de la luna unos segundos, con la mirada fija en el callejón por el que Darius se había marchado incluso mucho después de que desapareciera de su vista.

A continuación, soltó un insulto en voz baja antes de darse la vuelta y marcharse también.

Dejé que pasaran los minutos escondida en la oscuridad. Solo había un camino para volver a la academia desde aquí y no iba a arriesgarme a encontrarme con Darius. Si se enteraba de que lo había seguido, probablemente me incinerara allí mismo.

Para cuando conseguí salir de mi escondite y volver a adentrarme en el bosque, Darius ya no estaba.

Corrí de vuelta lo más rápido que pude, pensando en mi cama y en mi Atlas para poder llamar a Darcy.

No estaba segura de lo que acababa de escuchar, pero una cosa estaba clara: Darius y Orion ocultaban algo.

Y si existía la más mínima probabilidad de que tuviera que ver con mi hermana y conmigo, tenía la intención de llegar hasta el fondo del asunto.