El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—Si es necesario... —se resignó Darius, intentando parecer mosqueado mientras se sentaban en otros dos tocones y Max le pasaba un brazo por encima de los hombros.

Después de lo que me había contado sobre los tritones, supuse que pensaba alimentarse del poder de Darius y me sorprendió que el Heredero Ignis lo permitiera tan alegremente.

—Bueno —continuó Seth haciendo una pausa dramática—, he oído que le has prometido a Marguerite que conocerá a tus padres la próxima vez que vengan a verte.

Darius resopló con una risa y se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas, por lo que Max se vio obligado a moverse con él para mantener el contacto.

—Está claro que se le ocurren cosas bastante creativas, aunque en la cama tenga menos imaginación que una patata.

Seth soltó una carcajada que sonó como un ladrido y Max sonrió.

—Entonces, ¿todavía sigue en pie lo de casarte con tu prima? —bromeó Caleb, emergiendo de entre los árboles, tocándose la bragueta de una forma que me hizo pensar que acababa de mear. «Fantástico».

Darius soltó un ruido que era más un gruñido que otra cosa y todos los demás se rieron.

—No voy a casarme con mi prima, joder. Además, es mi prima segunda —farfulló, y me pareció que esto era algo de lo que ya habían hablado muchas otras veces.

—Vale, entonces, ¿todavía sigue en pie lo de casarte con tu prima segunda? ¿Y alguna vez ha conseguido deshacerse del bulto que le sale en la cara? —coincidió Caleb.

—¿Qué bulto en la cara? —preguntó Darius con una sonrisa retorcida.

—No, Caleb. El bulto es su cara. ¿Recuerdas? —bromeó Max, y los tres empezaron a reírse mientras Darius seguía fingiendo estar cabreado durante unos segundos más, hasta que finalmente también se unió a las risas.

—Ah, tu alegría está mucho más rica que tu rabia —comentó Max con una sonrisa mientras atraía más a Darius, haciéndole una llave.

—Juro por las estrellas que en mi vida he visto a una chica más fea. —Darius se rio y empujó a Max. El tritón movió el brazo, pero no lo soltó porque, evidentemente, todavía no había terminado de alimentarse de sus emociones—. Y no me voy a casar con ella. Preferiría renunciar al trono.

No me podía creer que estuvieran hablando como si nada de casarse, como si fuera una posibilidad real en el futuro próximo. Era un crío, por el amor de Dios. ¿Por qué narices iba a intentar casarlo su familia?

—Te lo discutiría, pero la he visto y estaría dispuesto a renunciar al trono para salvarte de casarte con ella. —Seth soltó una carcajada—. Entonces, ¿sí que vas a presentar a Marguerite como una alternativa?

Darius puso los ojos en blanco.

—No creo que tenga nada que hacer. ¿En serio te imaginas a mi padre aceptando a una esfinge como alternativa?

No sirven prácticamente para nada en un combate, además, solo es un nivel seis en fuego.

No tiene ningún poder secundario. Y prefiero que mi mujer sea un desafío mayor, ella es demasiado... ordinaria como para cumplir a la larga.

En lo que a mí respectaba, Marguerite era una zorra de sobresaliente, pero tampoco me parecía que tuviera demasiada clase que Darius estuviera despotricando de ella a sus espaldas mientras se la estaba follando.

—Se me ha dormido el culo —se quejó Max—. ¿No puede hacer alguno de vosotros que estos tocones sean más cómodos si vamos a estar sentándonos aquí?

—A mí no me mires —dijo Seth—. Estoy completamente agotado hasta la nueva luna llena. —Levantó la mirada esperanzado, pero no había ni rastro de ella en el cielo. Supuse que eso significaba que los licántropos reabastecían su poder bajo la luz de la luna.

Max miró a Caleb, pero el Heredero de Terra negó con la cabeza.

—No puedo hacer nada. He agotado mi poder esta noche en el entrenamiento. A no ser que alguno quiera hacer una donación para la causa.

—Yo no —se adelantó Max—. Todavía estoy arreglando lo mío.

Seth se encogió de hombros, porque ya había confirmado que no le quedaba nada de poder y Caleb entonces miró a Darius.

Era raro escucharlos hablar de eso de forma tan despreocupada.

Caleb normalmente cogía lo que quería, pero obviamente no iba a intentarlo con sus amigos.

Y dudaba que fuera porque no pudiera conseguirlo.

Los cuatro Herederos parecían bastante igualados; además, estaba segura de que al menos habría tenido una buena oportunidad de quitarle el poder a alguno de los demás a la fuerza como hizo conmigo.

No. Esto era una cuestión de respeto. Sus amigos le importaban y solo les quitaría el poder si alguno de ellos se lo ofrecía.

—Yo ya estoy alimentando a un parásito esta noche, no me estarás pidiendo que alimente a dos, ¿verdad?

—preguntó Darius. No fue una negativa del todo.

Y me dio la sensación de que cedería si Caleb insistía, lo que me pareció mucho más extraño, ya que era evidente que no quería.

Jamás habría esperado que Darius Acrux cediera ante nadie.

Caleb suspiró exageradamente y se sentó en un tocón.

—Yo había planeado llenarme con mi Fuente en la cena, pero las Vega no han aparecido por allí.

Sonreí para mis adentros, satisfecha por haber conseguido cenar pronto antes de mi reunión con la profesora particular y haber evitado ese encuentro en concreto.

—Podrías morder a cualquiera —replicó Darius poniendo los ojos en blanco—. ¿Por qué no te reabasteces con otra persona?

—Ya sabes que el poder me gusta igual que las copas —respondió Caleb con desdén—. De lo mejorcito o nada. Me gusta cómo sabe Tory, tiene más poder en su sangre que cualquiera de vosotros.

Los otros tres se movieron incómodos y Caleb se encogió de hombros, pasándose la mano por los rizos dorados.

—No tiene sentido negarlo —dijo—. Todos sabemos cuál es su potencial.

—Por eso tenemos que asegurarnos de que no pasen el Ajuste —gruñó Max.

Un escalofrío me recorrió la espalda por la malicia de su tono. ¿De verdad pensaba que Darcy y yo ansiábamos tanto su estúpido trono? ¿Por qué ninguno se había molestado siquiera en hablar con nosotras de esto en lugar de obsesionarse con deshacerse de nosotras?

—Está todo controlado. —Seth se encogió de hombros—. Podemos pensar más ideas en el Hueco del Rey. Creo que mañana será un gran día para las gemelitas. Y si os apuntáis a correr conmigo a medianoche, os dejaré que os alimentéis de mí —añadió mirando a Caleb.

—O puedes venir a la casa Ignis por la mañana y esperar fuera de la habitación de Roxy para darle una sorpresa —sugirió Darius con una sonrisa, y yo apreté los dientes—. Si tenemos suerte, puede que nos enteremos de que duerme en bolas.

—Me sorprende que no lo hayas descubierto todavía —dijo Max sugerente, y Darius puso una sonrisa torcida que me cabreó y me sonrojó al mismo tiempo.

—Sí... puede que te tome la palabra —respondió Caleb, ampliando la sonrisa.

—¿Por qué no vamos todos? —sugirió Seth entusiasmado—. Podemos darle un toque de atención que no olvidará nunca.

«Gracias por avisarme, imbéciles. Sé exactamente dónde no voy a estar mañana por la mañana».

—Muy bien, pues nos curraremos algo especial para pasarlo bien con las Vega —concluyó Seth.

Se movió hacia delante y le dio un abrazo a Darius, pasándole los dedos por la nuca durante un momento antes de volver al claro.

Darius aceptó el comportamiento sensiblero del licántropo con una cierta resignación que daba a entender que estaba acostumbrado a ello, aunque no fuera la forma en la que él elegía comportarse.

Una vez más, me sorprendió que alterara su comportamiento natural para contentar a uno de sus amigos, pero era evidente que estos cuatro estaban más que dispuestos a adaptar su naturaleza para unirse más como grupo.

Había dado por sentado que su vínculo se debía exclusivamente al hecho de estar los cuatro en la misma posición de Herederos, pero había algo más que responsabilidad y expectativas. Casi parecían una familia.

Max y Caleb le dieron una palmada a Darius en el brazo antes de salir del claro y Darius dudó durante un momento, sacando su Atlas del bolsillo mientras esperaba a que se marcharan.

Pasaron un par de minutos mientras yo esperaba en silencio a que se fuera. Finalmente, marcó un número en el dispositivo y se colocó un auricular. Se pasó la mano por la mandíbula esperando a que se conectara la llamada y frunció profundamente el ceño.

—Cuánto has tardado —gruñó cuando la persona al otro lado de la línea por fin respondió—. Tengo que hablar contigo en persona. No, mañana no; ahora. La situación ya se está alargando demasiado, deberíamos habernos encargado ya. Creo que hay que acelerar el plan... Basta. Voy para allá.

Darius colgó la llamada y se levantó. La luz de la luna ascendente le ensombrecía las facciones bajo el ceño fruncido. Sentí un escalofrío en la espalda al intentar averiguar con quién había hablado y sobre qué. Había dicho que deberían «haberse encargado ya».

«¿Se refería a Darcy y a mí?».

Salió del claro y yo de mi escondite, observándolo alcanzar el sendero. En lugar de girar a la izquierda de vuelta a la casa Ignis, giró a la derecha y aceleró el paso.

Yo fui a hurtadillas detrás de él, contemplando cómo se colaba su silueta entre los árboles.

¿Por qué había mentido a sus amigos sobre lo que estaba haciendo?

¿Y con quién había hablado si no era con uno de ellos?

Si realmente existía la posibilidad de que estuviera tramando algo contra mi hermana y contra mí, tenía que averiguar qué era exactamente.

Pero si me pillaba siguiéndolo, quién sabe lo que sería capaz de hacerme.

Dudé un instante y él cogió una curva, desapareciendo de mi vista. Tomé una decisión repentina de la que esperaba no arrepentirme y corrí detrás de él.

Me había pasado desde los quince años robando motos y si había algo que se me daba mejor que cualquier otra cosa era moverme sigilosamente y esconderme en las sombras.