El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 12
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Capítulo 12

Me senté frente a la profesora uñas-perfectas Prestos, la que me habían asignado como profesora de apoyo, mientras ella escribía y escribía en su teclado.

Habíamos tenido una conversación de treinta y cinco segundos durante la cual me había avisado de que su intención, después de esta reunión, era continuar con este compromiso a través del correo electrónico.

No pensaba dedicarme un par de noches a la semana de su tiempo libre personal y estaba convencida de que enviándome hojas de ejercicios y hablando online tendría más que suficiente para ponerme al día.

Pese al hecho evidente de que no estaba invitada a pasar más tiempo con ella que el absolutamente necesario, sí que parecía saber de lo que hablaba. Además, había sido bastante directa con las respuestas a todas las preguntas que le había hecho.

Ahora mismo estaba en el proceso de enviarme al menos cincuenta e-mails con información sobre toda la historia de Intercambio de Fae, además de artículos sobre nuestros padres biológicos o cómo resistir a la Extorsión, e incluso cómo lanzarla.

Si iba a poder aprender a Extorsionar a algunos de los alumnos más imbéciles como consecuencia de sus esfuerzos contra Darcy y contra mí, estaba felizmente dispuesta; y Prestos tenía una actitud rebelde que agradecía bastante.

Por la hoja de ejercicios que me había dado mientras ella trabajaba, tuve la sensación de que esto nos iba a ir bien a las dos.

Aunque era muy obvio que ella no quería estar directamente involucrada conmigo más de lo absolutamente necesario, no tenía ningún problema en que contactara con ella, de forma exclusivamente online, para cualquier duda que tuviera.

La información que me había dado era bastante sencilla de entender.

Solo tenía que pasarme por su despacho de vez en cuando para que pudiera firmar las clases juntas y que pareciera que había estado presencialmente con ella.

Muy sencillo. Incluso me había dado una tarjeta de crédito con acceso a mi remuneración mensual, un mapa y el horario del bus lanzadera al pueblo.

También me había aconsejado algunas de las mejores tiendas de la zona.

Y, a juzgar por su ropa, merecía la pena hacer caso a sus recomendaciones.

Nos íbamos a llevar bastante bien.

—Perfecto, Tory —sentenció con una floritura mientras pulsaba enviar—. Nos reuniremos después del Ajuste, una vez que se gane oficialmente la plaza en la academia, y comentaremos las clases nuevas que añadir a su programa. Nada más. Tengo una cita en el pueblo y ya voy tarde.

Se levantó y yo hice lo mismo. Luego fuimos las dos hacia la puerta.

—Espero que le obligue a que se lo curre —dije, echándole un vistazo al vestido negro ajustado que llevaba.

—Siempre lo hago, tranquila —respondió Prestos con una sonrisa antes de cerrar la puerta con llave y alejarse de mí con sus tacones de siete centímetros.

«Pues no ha sido para tanto. ¿Qué hago ahora con la noche libre?».

Tras haber pasado media tarde deambulando por el bosque con Darcy empapada y habernos perdido la mayoría de las clases siguientes, no me apetecía en absoluto ir a la Órbita para la cena, donde estaba segura de que los Herederos estarían recibiendo toda la atención mientras se reían y relataban la bromita de Seth.

Me fui hacia los escalones de la Torre Neptuno, en la que había tenido la breve reunión con Prestos, y levanté la vista al cielo.

El sol había empezado a ponerse. Solo eran las ocho y media.

Pensé en si debería intentar contactar con Darcy.

Habíamos tenido una sesión de práctica de Extorsión con Sofia después de la última clase del día y ya me sentía ligeramente más capaz de resistirme, pero ahora mismo no sabía qué hacer con mi vida.

El campus era gigantesco y había una infinidad de lugares que todavía no habíamos visto. Abrí mi bolsa y busqué el Atlas para llamar a mi hermana, pero después de un buen rato rebuscando, tuve que aceptar que se me había olvidado en mi habitación y me rendí con un suspiro.

La noche era cálida y una brisa me trajo el recuerdo del verano. Crucé el sendero que llevaba hasta la Órbita y fui hacia el otro lado, siguiendo la curva de la colina hasta los árboles que marcaban el límite del Bosque de los Lamentos.

Dudé un momento; después de haber pasado gran parte de la tarde entre los árboles no me apetecía especialmente volver a entrar, pero si iba hacia el otro lado, tendría que pasar junto a la Órbita y todos sus alegres ocupantes.

Donde habíamos crecido no había gran cosa a lo que poder llamar bosque, ni cualquier tipo de naturaleza, en realidad.

Todo era piedra y acero, urbano y aburrido.

La idea de volver al silencio bajo los árboles me parecía una alternativa bastante buena a cualquier interacción con mis compañeros.

Miré por encima del hombro para asegurarme de que no venía hacia aquí ningún Heredero ni ninguna otra persona, y que el camino estaba completamente despejado.

Me adentré más en los árboles y seguí el sendero serpenteante hasta una colina que se empinaba más a medida que me iba acercando.

Este podría ser un buen sitio para correr en cuanto me comprara ropa para hacer deporte con la tarjeta de crédito que ya me ardía en el bolsillo.

Correr siempre me había ayudado a despejar la mente y estos días, sin duda, me vendría bastante bien un poco de claridad.

Junto a la Órbita había un enorme centro deportivo en un edificio de metal plateado con forma de luna creciente que completaba el edificio con forma de sol alrededor del que se curvaba.

Dentro había todas las máquinas de ejercicio que pudieras imaginar, pero la única vez que se me ocurrió entrar vi a los Herederos haciendo pesas y decidí no quedarme.

Además, siempre me había gustado correr al aire fresco.

Cuando llegué a la cima de la colina, me fijé en un sendero muy fino que se adentraba profundamente en la arboleda.

En todos mis años viviendo en casas de acogida, no había tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo al aire libre.

Y, aunque era una chica de ciudad de los pies a la cabeza, los cánticos alegres de los pájaros que iban a recogerse en sus nidos me proporcionaban una sensación de paz que me daba ganas de sentarme y admirarlos durante un rato.

Además, la otra única opción era volver a mi habitación por la noche y era tan pronto todavía que la idea me parecía prácticamente una tragedia.

Salí del camino y seguí el pequeño sendero hasta que llegué a un claro en lo alto de un acantilado con vistas al campus.

La tierra bajo mis pies estaba bastante trillada y era evidente que también era un lugar favorito para muchos otros alumnos.

Había un círculo de tocones en la parte más amplia del claro, que hacía las veces de zona para sentarse, pero los ignoré para ir a un espacio un poco más resguardado.

No había señal de nadie cerca, así que me senté junto a un árbol desenraizado en el extremo izquierdo, lejos de la zona más utilizada, desde donde podía admirar las vistas con la espalda apoyada en el tronco y esconderme del mundo durante un ratito.

Las vistas del valle eran preciosas. Era un mar infinito de copas de árboles verdes con un sinfín de pájaros que volaban de un lado para otro.

Mientras lo observaba, un águila enorme salió de uno de los árboles, volando directa hacia el cielo con un grito triunfal.

El corazón me dio un vuelco al darme cuenta de que no era una simple águila, tenía las patas traseras de un león que pateaba mientras las fuertes alas lo elevaban cada vez más hacia el cielo.

Se me abrió la boca cuando vi al grifo volar alrededor del bosque y a mi cerebro le costaba aceptar la imagen tan fascinante que estaba contemplando.

Supuse que debía de ser algún alumno que había cambiado a la forma de su Orden, pero aprender sobre algo así y verlo en carne y hueso eran dos cosas completamente diferentes.

Aquella criatura desafiaba la naturaleza y, aun así, mientras observaba los movimientos de su cuerpo poderoso, no pude evitar apreciar también su belleza.

Al cabo de aproximadamente media hora, el grifo se cansó de volar en círculos sobre la copa de los árboles y bajó fuera de mi vista de nuevo. Los últimos rayos de sol enviaban un destello de luz que bailaba sobre la Órbita a lo lejos y la temperatura empezó a descender.

El sol se hundió lentamente hasta que desapareció y me empecé a preguntar si a lo mejor era el momento de volver, antes de quedarme completamente sin luz y que me viera obligada a seguir el sendero en la oscuridad.

Apreté las manos contra el suelo frío a mi lado y empecé a empujarme para levantarme justo cuando escuché el sonido de una risa.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda cuando una de las voces se elevó por encima de las demás imitando un aullido.

Tuve la sensación de que sabía perfectamente quién venía hacia mí y eran las últimas personas que me apetecía ver estando sola en el bosque.

Había imaginado que el encontronazo de Darcy con los cuatro aquí fue casualidad, pero quizá no.

A lo mejor les gustaba quedar en este lugar, lejos de los demás alumnos.

Miré el pequeño claro a mi alrededor y me acurruqué más en el pequeño escondite del árbol caído.

A no ser que lo rodearan, no me verían y, por mucha rabia que me diera esconderme de un puñado de matones, sabía que, sola, no tenía nada que hacer contra ninguno de ellos, mucho menos contra los cuatro juntos.

Me moví para poder mirar al claro entre las raíces del árbol sin que me descubrieran.

—Hoy me he enterado de algo bastante interesante, Darius —expuso Seth al entrar en el claro, sentándose en uno de los tocones que formaban el círculo. Se había recogido el pelo en un moño bajo que le marcaba aún más los ángulos de la cara.

—Espera un momento —dijo Max al entrar detrás de Darius—. Si te vas a poner sensible, quiero un poquito de tu dolor.