El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 11 #4
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Capítulo 11 #4

Seth por fin ralentizó el paso al entrar en un claro donde había un gran estanque de agua resplandeciente.

Estaba rodeado de juncos muy altos y bajo la sombra de las hojas bajas de un sauce.

Los rayos de la luz del sol caían sobre la increíble imagen y las motas de polvo y polen giraban dentro de los haces de luz.

Seth se acercó hasta el estanque y ahogué un grito cuando se metió en el agua helada. Me bajé de su lomo y él se metió bajo la superficie, desapareciendo en las profundidades. Al cabo de un instante, sacó la cabeza en forma de Fae, sonriéndome.

—¿Te ha gustado montarme? —me preguntó sugerente.

—Te prefiero cuando eres un lobo. —Le salpiqué, pero una sonrisa me tiró de los labios.

Muchos de los lobos se tumbaron en el suelo alrededor del lago, rodando en la tierra o descansando en la sombra. Unos cuantos se metieron en el agua, volviendo a su forma Fae y desnudándose al mundo. Seth siguió con la mirada a una chica preciosa con curvas que nadaba en el estanque.

Tory se bajó de su lobo y el chico se transformó delante de ella, cabreándola cuando se acercó demasiado.

Ella miró con preocupación el estanque, apartándose de él con un paso bien medido y me dio un poco de lástima.

Odiaba el agua profunda y ni siquiera un puñado de chavales tocones desnudos iban a conseguir que se metiera.

Nadé hasta la orilla, pero Seth me agarró por la cintura y me pegó a él.

Observé las gotas de agua recorrerle la cara cincelada, trazando los ángulos de las mejillas mientras me debatía entre huir o no.

Su pelo era una melena de mechones empapados y tenía los ojos de un color oscuro penetrante.

Quería empujarlo, pero la tentación me lo impedía mientras caía presa de su aura bestial.

En ese momento tenía un magnetismo que me hacía sentir parte de algo.

Igual era una cosa de manada. Como si estuviera constantemente intentando crear un vínculo, pero al mismo tiempo mantenerme bajo su control.

A lo mejor sí que era una mujer lobo, al fin y al cabo...

La mirada estresada que había visto esta mañana en sus ojos parecía haber disminuido, pero era evidente que hoy estaba en menor forma. Las palabras subieron hasta mis labios y las liberé porque esperaba que la suavidad que veía ahora en su expresión durara un poco más.

—Esta mañana parecías alterado —dije, arqueando una ceja, y él frunció el ceño.

—¿Has estado espiándome, nena? —Apretó más el brazo musculoso alrededor de mi cintura y me arrastró hasta su cadera.

—No —susurré—. Estabas a la vista de todos. —Rocé la rodilla contra su muslo y un ruido profundo escapó de su garganta.

Suspiró con fuerza.

—No es nada de lo que tengas que preocuparte, Vega. —Me soltó y me salpicó agua en el mismo movimiento.

«¡Imbécil!».

Escupí el agua, echándome hacia atrás mientras él se alejaba nadando hacia una roca enorme que sobresalía en el centro del lago. Yo me fui a la orilla con Tory, cabreada conmigo misma por haber hecho un mínimo esfuerzo con él.

—¿Estás bien? —murmuré, intentando ignorar el hecho de que Tory no iba a acercarse al agua. No quería darle al chico lobo más munición contra ella.

Ella asintió y se grabó en su cara una sonrisa que solo yo tenía la capacidad de interpretar.

—¡Solo hay una forma de averiguar si sois lobas! —El tono afilado de Seth me provocó un temblor por todo el cuerpo.

Él se levantó hasta que el agua le llegaba por la cintura en el otro extremo del lago, a tan solo un centímetro de que todo el bosque le viera la polla.

—¡¿Cuál?! —gritó Tory, cruzándose de brazos.

—Aullad las dos —ordenó señalando el cielo.

Tory y yo nos miramos y nos quedamos en silencio.

—¡Cerrad los ojos y aullad con todas vuestras ganas! —gritó Seth, pero ninguna tenía intención de hacer el ridículo de esa manera.

«¿Excavamos un agujero y nos olemos el culo también?».

Seth se encogió de hombros al ver que no le hacíamos caso.

—Como queráis, no lo hagáis. Pero aullar es lo que podría hacer que os transformarais, depende de vosotras.

Se dio la vuelta y nadó hasta la orilla, enseñándome el culo desnudo al salir del agua.

Tory suspiró.

—Un aullido.

Seth no respondió.

Tory se colocó las manos alrededor de la boca y yo la imité, levantando la vista al extenso cielo azul más allá de las copas de los árboles.

—¡Auuuu! —gritamos a la vez.

Algunos de los lobos se unieron a nosotras pese a que nos resultaba bastante ridículo. No sentí que me pasara nada, así que miré a Seth, que estaba cerca del borde del claro.

—¡No sois lobas! —gruñó despectivamente—. Así que no corráis con mi manada.

Dio un salto hacia los árboles y se volvió a transformar en el hermoso animal blanco. Se me descompasó el corazón cuando el resto de la manada se marchó detrás de él, transformándose en lobos antes de salir corriendo hacia el bosque, haciendo temblar la tierra con sus pisadas.

Se me abrió la boca y se me paró de pronto el corazón porque nos habían dejado tiradas en mitad del Bosque de los Lamentos a saber a qué distancia de la pradera.

—¡Gilipollas! —bramó Tory detrás de él mientras cogíamos nuestras bolsas.

Saqué mi Atlas y nos ubiqué en el mapa con un gruñido.

—Estamos prácticamente fuera del campus.

—Genial. —Tory suspiró y empezó a andar delante de mí hacia los árboles—. De puta madre.