El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—¡Por las reinas! —Geraldine salió de entre la multitud, se subió a una silla y lanzó un chorro de agua contra Milton tan rápido que él no estaba en absoluto preparado para el impacto. Salió volando por la sala y cayó sobre un grupo de primero, llevándose a varios al suelo.

La Extorsión salió de mi cuerpo cuando resonaron las risas por toda la habitación, y me estremecí, apartándome de Diego.

—Tenemos que impedir que siga pasando esto —gruñí.

Tory lanzó una mirada letal a Milton mientras volvía cabreado con sus amigos, completamente empapado. Los Herederos apenas habían levantado la vista con el jaleo, aún absortos en una discusión que parecía cada vez más intensa.

—Yo os puedo enseñar a protegeros —intervino Sofia con los ojos brillantes—. Podemos empezar esta noche, aprovecharemos cada momento que podamos hasta que lo dominéis.

—Gracias. —Tory suspiró y yo también le sonreí agradecida. Algo era algo.

Cuando pusimos rumbo a la clase de Tarot en las Cámaras Mercurio, todavía tenía el corazón acelerado con toda la adrenalina de la mañana.

Era un paseo corto desde la Órbita, así que no tardamos en llegar al edificio antiguo de paredes altas pintadas con murales muy extraños.

Uno parecía representar a un hombre colgando de un árbol, otro a un bufón.

Entramos al interior sombrío de piedras gastadas con una iluminación tenue que le daba un toque inquietante.

Una escalera oscura bajaba a otra planta y una señal plateada nos indicaba que teníamos que ir por ahí hasta Tarot.

—Mi abuela leía el tarot —comentó Sofia mientras seguíamos a otros de primero escaleras abajo—. Me enseñó algo de las cartas, pero nunca se me dio muy bien.

—¿Y qué se te da bien? —preguntó Kylie mientras le daba un golpe con el hombro al pasar por su lado, echándose el pelo hacia atrás para golpear con él a Sofia en la cara.

Tory frunció el ceño a espaldas de Kylie mientras Sofia agachaba la cabeza con las mejillas cada vez más rojas. Diego le puso una mano en la espalda y ella lo miró con una pequeña sonrisa.

Yo le lancé una mirada de odio a Kylie.

«Zorra».

—¡Adelante! —gritó una voz ronca desde dentro.

Una difusa luz morada nos guio hacia delante y llegamos a una habitación enorme que parecía una bodega.

Una mesa de madera circular ocupaba casi todo el espacio y el centro estaba completamente hueco.

Dentro del aro que creaba la mesa había un hombre alto con un bigote largo y gris que le llegaba hasta la barbilla.

Su mirada recayó ligeramente sobre nosotras y un brillo en sus ojos me informó de que sabía perfectamente quiénes éramos. «Pero, bueno, ¿quién no?».

—Siéntense —nos ordenó mientras íbamos llenando los asientos que rodeaban la mesa.

Los cuatro nos sentamos juntos.

—Soy el profesor Astrum. Hoy veremos una introducción al Tarot: el relato del destino a través de las cartas místicas de las estrellas. —Metió una mano en el bolsillo de su chaqueta de tweed y apareció una baraja que abrió en un abanico entre sus dedos con una habilidad sorprendente.

Lanzó las cartas al aire, agitando la mano para que se expandieran en un círculo amplio a su alrededor con un viento místico y con las imágenes orientadas hacia la clase. Empezaron a girar despacio en círculos y yo las miré todas con fascinación.

El profesor se pasó la primera media hora de clase nombrando cada una de las veintiuna cartas y describiendo su significado. Yo tenía mi Atlas sobre la mesa con todas las notas sobre cada una de las imágenes de las cartas, cautivada por todo lo que estaba aprendiendo.

Sofia se las sabía todas de memoria, y Astrum la nombró más de una vez para que explicara los significados de cada carta.

Puede que ella pensara que esto se le daba muy mal, pero a mí me parecía una experta.

Cuando por fin nos dejó hacer una predicción, yo ya tenía la mente aturdida y no recordaba el significado de la mayoría de las cartas.

Astrum repartió barajas y nos dividió en parejas. Me giré hacia Tory mientras ella barajaba nuestras cartas y las colocaba entre las dos como había indicado el profesor.

—Eso es. Ahora, que una de las dos elija una carta y la interprete utilizando sus apuntes —pidió Astrum, retorciéndose el bigote alrededor de un dedo.

—¿Quieres empezar tú? —preguntó Tory.

Yo me encogí de hombros, moviendo despacio la mano sobre las cartas como nos había enseñado el profesor.

Cuando sentí un cosquilleo instintivo en los dedos, levanté la carta sobre la que me había parado.

Le di la vuelta y Tory se inclinó hacia delante para mirarla. La Sacerdotisa. Estaba sentada en un trono dorado, ataviada con ropajes azules y con un velo sobre la cara.

—¿Qué significa? —pregunté, revisando las notas de mi Atlas.

—Eh... significa... —Tory también revisó sus notas.

Sofia pasó y me rozó el hombro, inclinándose sobre mí para mirar mi carta. Ahogó un grito y me giré hacia ella asustada.

—¿Qué? —pregunté.

Ella sacudió la cabeza compungida, cogiéndome la carta de la mano.

—Significa que alguien te está engañando o te oculta información. —Le dio la vuelta a la carta y me cogió la mano, colocándome el dorso plano sobre la palma—. ¿Qué sientes? —susurró, erizándome los pelos de la nuca.

—Humm. —Miré a Tory, que estaba intentando no reírse.

—¿A qué te refieres, Sofia? —siseé, tratando de apartar la mano, pero era sorprendentemente fuerte para ser tan pequeña. Algunos alumnos se habían girado para mirar y noté cómo me ardían las mejillas.

Miré a Diego en busca de ayuda, pero él observaba con tristeza su propia carta: la Muerte.

—Cierra los ojos y siéntelo —insistió Sofia—. A veces las cartas te dan una pista de a quién se refieren.

Cerré los ojos y escuché a Tory chasquear la lengua incrédula. Pero yo tenía que mantener la mente abierta. Con mi horóscopo aparentemente más acertado con el paso de los días, ¿cómo iba a negar que esto también era posible?

Me concentré en la carta, en su dorso frío contra la palma de mi mano.

Noté una luz en los bordes de mi visión y los ruidos de la habitación se desvanecieron de pronto. Unos extraños susurros sustituyeron a los sonidos de mis compañeros, pero no era capaz de entender nada de lo que decían.

Se me heló la sangre en cuanto tuve la sensación inquietante de que alguien me estaba observando.

Sentí lo mismo que el día anterior en el Bosque de los Lamentos.

Unos ojos sobre mí. La oscuridad intentando abrirse camino.

Luego, unas llamas me lamieron los pies y se cerraron a mi alrededor, ardiendo, ardiendo, ardiendo...

—¡Darcy! —Tory me sacudió y abrí los ojos. Me miró asustada y noté la boca desesperadamente seca y sudor en las cejas.

La habitación se había quedado en silencio y todos me miraban.

El profesor Astrum se acercó.

—¿Le ha mostrado algo la carta, señorita Vega? —Tenía una mirada esperanzada.

Yo asentí, luego sacudí la cabeza. Porque, en realidad, no me había mostrado nada.

—Ha sido más bien una sensación. —Me estremecí, frotándome los dedos conforme el aire cálido me hacía cosquillas en las palmas.

—¿Qué sensación? —preguntó Sofia con un tono dramático.

—La sensación de que... me observaban. Y luego fuego.

—No me gustaba ser el centro de atención y vi a Kylie acercarse a su amiga con el pelo oscuro, Jillian, que estaba a su lado, tapándose la boca con la mano mientras le susurraba algo.

Las dos se rieron disimuladamente y sentí un escalofrío en la nuca.

Astrum frunció el ceño e indicó a los demás que volvieran al trabajo. Sentí un gran alivio cuando todos volvieron a centrarse en lo suyo y Astrum se acercó a mí con los ojos en mi carta.

—¿Me permite que le sujete un momento la mano, señorita Vega? —Extendió la suya con dedos largos y delgados. Yo la acepté dudosa y, de pronto, se le pusieron los ojos blancos y se le hundieron los hombros.

Me agarró la mano tan fuerte que no creía que fuera capaz de soltarme por mucho que lo intentara.

Astrum ahogó un grito, dejándome ir mientras se tambaleaba hacia atrás con una mirada de terror en la cara.

—¿Qué pasa? —pregunté, para nada tranquila con lo pálido que se había puesto.

Carraspeó y se alisó la chaqueta. Bajó la voz hasta un susurro y se acercó a mí.

—Tenga cuidado con sus enemigos. Están hechos de fuego y sombras. —Se dio la vuelta y fue a ayudar a otra pareja mientras yo me quedé ahí asimilando lo que me acababa de decir.

—No hagas caso —articuló Tory, dándome un codazo—. No pongas esa cara de asustada, Darcy.

—¿Cómo puedes decir eso? —Suspiré—. Después de todo lo que hemos descubierto que es verdad.

Quería mucho a Tory, pero a veces era demasiado cínica.

Estábamos acudiendo a lecciones de magia en una academia del mundo Fae y ayer ella misma lanzó magia contra los amigotes de Darius.

Pero seguía dispuesta a negar la posibilidad de que el horóscopo, el tarot y la magia más allá de lo físico pudieran existir.

—Son cuentos de hadas —aseguró, aunque no parecía demasiado convencida esta vez—. Vale, puedo crear fuego con mis manos, pero esto no es más que una carta que se puede interpretar como cada uno quiera.

—¿Y qué pasa con la visión que acabo de tener? ¿También vas a negar que haya ocurrido? —Arqueé una ceja y ella frunció el ceño a modo de disculpa.

—Claro que no. ¿Estás bien? —se interesó, esta vez más amable, y asentí.

—Pero me ha dado mal rollo —murmuré, enterrando la sensación en lo más profundo de mi ser. Extendí la baraja entre las dos con una sonrisa en la cara—. Venga, te toca. A ver si esta carta hace que creas.

Ella me sonrió aceptando el reto y colocó las manos extendidas sobre las cartas como nos había enseñado Astrum. Al cabo de un momento, eligió una carta y le dio la vuelta.

La Sacerdotisa nos miró atentamente y me dio un vuelco el corazón.

—Voy a elegir otra. —Tory volvió a meter la carta en la baraja, barajó varias veces y volvió a colocarlas de nuevo. Se me estrechó la garganta cuando la vi pasar las manos por el montón y elegir la carta del extremo izquierdo.