Capítulo 10 #4
Darcy apretó al profesor Washer a mi lado y yo sonreí, mirándole la cara manchada de lágrimas mientras ella me devolvía la mirada.
Una carcajada desagradable me trajo de vuelta a la realidad y el profesor Washer nos soltó con una sonrisa compungida.
Max Rigel nos estaba mirando con una expresión muy divertida y se me pusieron las mejillas muy rojas al caer en la cuenta de que nos acababa de ver abrazadas a un profesor casi desnudo.
«¿Qué narices nos ha pasado?».
Por si fuera poco, Darius Acrux apareció detrás de él, con una sonrisa cada vez más grande a medida que giraba la vista hacia nosotras.
—Muchas gracias, señoritas —agradeció el profesor Washer con la voz un poco burlona—. Cuando necesiten un hombro para llorar, ya saben dónde encontrarme.
Fruncí el ceño, confundida, y la sensación de seguridad y calor de su abrazo me abandonó. Me di cuenta de pronto de que había estado abrazando a un desconocido medio desnudo a la vista de todos.
—¿Qué ha sido eso? —pregunté, segura de que habíamos sido presas de algo, pero sin saber muy bien de qué.
El profesor simplemente se rio disimuladamente mientras separaba la cortina de agua con un movimiento mágico y pasaba por debajo, dejándonos solas con Max y Darius.
—No tenéis ni puñetera idea de nuestro mundo, ¿eh? —preguntó Darius con un asco evidente en la cara—. ¿Cómo esperáis gobernar a un pueblo del que no sabéis absolutamente nada?
Miré a Darius confundida. Toda esta charlita de Herederos, derechos de nacimiento y reclamaciones de poder estaba genial, pero nadie nos había preguntado realmente qué queríamos hacer nosotras.
—El profesor es un tritón, como yo —explicó Max como si estuviera hablando con dos niñas pequeñas—.
Absorbemos la energía de nuestros huéspedes alimentándonos de sus emociones.
Así que yo no me pondría muy sensiblero pensando que se preocupa por vosotras.
Simplemente os ha drenado un montón de poder mientras llorabais con él.
—¿Robáis la energía de los demás aprovechándoos de su dolor? —preguntó Darcy.
Me envolví el pecho con los brazos, sintiéndome un poco violentada por lo que acababa de pasarnos.
—Cualquier emoción sirve siempre que haya contacto físico.
—Dio un paso hacia delante de pronto y me tensé cuando fue a agarrarle el brazo a Darcy.
Ella intentó apartarse, pero él la sujetó con firmeza—.
A mí me gusta bastante cómo sabe el miedo —dijo Max con un tono sombrío, y a mi hermana le brillaron los ojos con inseguridad.
—Suéltala —exigí, pero me ignoró, moviendo la mano hasta que le rozó la mejilla durante un instante.
—La lujuria tampoco está mal —añadió con una sonrisa.
—Sigue soñando —espetó Darcy, soltándose de su mano.
Los dos Herederos empezaron a reírse y se alejaron de nosotras hacia el espacio bajo la cascada, separando la cortina de agua con su magia tal y como había hecho Washer.
—Qué movida —murmuró Darcy, frotándose las manos por los brazos como si todavía intentara deshacerse de la sensación del abrazo de nuestro profesor.
Caminamos hacia la catarata y levanté las manos esperanzada, tratando de que el agua me obedeciera. No pasó nada al principio, hasta que, de pronto, nos golpeó un chorro de agua. Yo chillé y di un salto hacia atrás mientras trataba de dejar de canalizar la magia.
La cascada retomó su curso normal y me giré hacia Darcy, riéndome al ver lo empapada que estaba.
—Parece que esto se está convirtiendo en costumbre. Quizá lo convierto en mi seña personal.
—En verdad, es original —acordé, quitándome el pelo de los ojos.
—¿La cruzamos corriendo, aprovechando que ya estamos mojadas? —sugirió.
—Por qué no —concordé, ofreciéndole una mano.
Ella la aceptó con una sonrisa y corrimos juntas bajo la cascada de agua, gritando cuando nos cayó el torrente helado encima. Salimos a una cueva al otro lado y solté la mano de Darcy para ir hacia la luz que había al fondo.
El profesor Washer nos observó llegar con los uniformes empapados.
—Cinco puntos menos para Ignis y Aer por no conseguir dominar la cascada. Ocurrirá siempre que no consigan llegar secas a mi clase. Aunque esas camisas transparentes proporcionarán una cosilla o dos a las que mirar...
Lo miré arqueando una ceja. Resultaba que las conexiones emocionales del profesor Don Sensiblero no eran reales.
Había cogido lo que le interesaba de nosotras y había vuelto directamente al modo gilipollas pervertido.
Me recordaba un poco a algunos tíos con los que había salido, que parecían encantadores cada vez que intentaban bajarme los pantalones y luego resultaban ser unos imbéciles de manual a la mañana siguiente.
«Nota mental: se acabaron las donaciones emocionales al Sireno Pajero».
—¿Me están mirando así por algún motivo? —preguntó—. Porque, si quieren más arrumacos, por mí no hay problema.
—No, gracias —sentencié, sin molestarme en ocultar la repulsión mientras Darcy se escondía un poco a mi lado.
Washer puso un gesto serio.
—Entonces, si no están cambiadas y dentro del agua en tres minutos, serán otros cinco puntos menos para cada una.
Pasamos por su lado y entramos en una puerta a su izquierda que llevaba a los vestuarios femeninos. Un par de chicas salieron cuando nosotras entramos y aceleré el paso cuando me di cuenta de que éramos las últimas.
Una vez más, había unas bolsas colgadas con nuestra ropa de entrenamiento y me quité rápidamente el uniforme empapado para ponerme un bañador azul oscuro con el símbolo de Aqua estampado en el abdomen.
Tenía un escote pronunciado que mostraba más de lo que me parecía apropiado para una clase.
También tenía la cadera muy alta, dejando el culo bastante a la vista.
—¿Crees que los uniformes los ha elegido el profesor? —preguntó Darcy, arrugando la nariz con repugnancia mientras intentaba cubrirse el pecho con el pelo.
—Creo que he tenido bikinis con más tela —concordé.
—¡Treinta segundos! —La voz de Washer llegó desde fuera y salimos corriendo del vestuario para que no nos quitara más puntos.
Yo frené al salir. La «piscina» era una zona enorme llena de agua cristalina azul con cuevas, islas, puentes e incluso toboganes. Parecía sacada de un folleto de vacaciones de lujo y, al mismo tiempo, muy natural, con las orillas cubiertas de plantas verdes y árboles meciéndose en los alrededores.
El profesor Washer estaba de pie en el agua, le brillaban las escamas azules húmedas que le envolvían las pantorrillas. Los alumnos de primero estaban en fila en la arena de una orilla delante de él y corrimos para ponernos con ellos justo cuando empezó a hablar.
En el otro extremo de la piscina, los alumnos más mayores practicaban la canalización de su magia y observé cómo se lanzaban chorros de líquido los unos a los otros, creando figuras que bailaban por la superficie.
Geraldine nos vio e hizo una reverencia tan profunda que metió la cara en el agua. No sabía si reírme o espantarme, así que volví a focalizarme rápidamente en el profesor.
—Hoy nos centraremos en que comprendan nuestro Elemento —explicó Washer—.
El agua es, de muchas formas, el Elemento más impredecible y cambiante de todos.
Cuando se somete a diferentes temperaturas, puede pasar de sólido a líquido y a gas, y cada una de estas formas se puede utilizar de múltiples maneras.
—Empezó a enumerar todas las maneras en las que se podían canalizar estas formas, pero me desconcentré al ver dos figuras que escalaban un acantilado al fondo de la piscina.
El acantilado era muy escarpado y rocoso, no conseguía entender cómo lo estaban escalando.
Le di un codazo a Darcy para que ella también las mirara y frunció el ceño mientras observábamos a Max y a Darius llegar a la cima.
Incluso desde lejos, vi que sus bañadores dejaban tanto a la imaginación como los nuestros; los pantalones cortos ajustados se aferraban a sus músculos de una forma tan indecente que le daba muchísimas ideas a mi imaginación.
«Ideas basadas en la fantasía de que tuvieran personalidades decentes y no fueran completamente abominables».
Se pusieron de pie en lo alto del acantilado y empezaron a pelear. Me puse muy nerviosa al verlos combatir tan cerca del borde, aun así, no podía apartar la mirada esperando a ver qué pasaba.
—Se van a caer —comentó Darcy en voz baja.
—Igual nos hacen un favor y se hacen tanto daño que tienen que abandonar la academia —bromeé.
Mientras mirábamos, Max consiguió ventaja y le golpeó con el hombro a Darius en el vientre, haciendo que se tambaleara hacia atrás.
Perdió el equilibrio en el borde y cayó, girando los brazos mientras una risa resonante se le escapaba de entre los labios.
No sé cómo consiguió darse la vuelta y caer de pie en el agua, desapareciendo bajo la superficie con una enorme salpicadura.
Un segundo más tarde, Max cogió carrerilla y saltó también desde el acantilado. Entró en el agua como un saltador olímpico, apenas salpicando, y no pude evitar sentirme increíblemente impresionada.
Volví a centrarme en mis compañeros de primero cuando empezaron a meterse en el agua. Mi hermana y yo los seguimos.
Para mi sorpresa, estaba bastante templada y sonreí mientras caminaba, moviendo la punta de los dedos sobre la superficie mientras mi poder llamaba al líquido que me rodeaba.
No estaba segura de qué se supone que teníamos que hacer porque no había prestado mucha atención, pero estaba más que dispuesta a empezar.