El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Un desesperante sonido, parecido a los cascabeles, me sacó de mi sueño.

Me incorporé de un salto, con el ceño fruncido mirando el entorno desconocido.

Me había vuelto a quedar hasta tarde hablando con Darcy sobre la perturbadora lección de historia familiar que Orion le había dado e intentando averiguar cómo narices debería sentirme al respecto.

Pataleé para quitarme de encima el edredón rojo mientras me frotaba el sueño de los ojos y miraba la habitación. Me iba a llevar un tiempo empezar a pensar en este lugar como mi casa. Y mucho más acostumbrarme a que la cara sonriente de Darcy no fuese lo primero que viera cada mañana.

«Al menos no tengo que soportar la alegría de una persona mañanera mientras salgo a rastras de mi coma inducido».

Sin embargo, conforme se me pasaba eso por la cabeza, me di cuenta de que, en realidad, echaba de menos sus chácharas incesantes y sus silbidos de buena mañana. Bueno, a lo mejor los silbidos no. Pero sí que echaba de menos la taza de café que me ofrecía siempre para sacarme del pozo.

Volvieron a sonar los cascabeles y encontré mi Atlas; moví la pantalla para apagar la alarma. Ni de coña me iba a quedar con eso. Necesitaba algo con un tono mucho más grave para espabilarme, sobre todo si me iba a tener que levantar a las —miré la hora— «¿seis y media?».

—Pero ¿qué cojones? —maldije. Solo veía esa hora del día si estaba despierta desde la noche anterior.

Nunca había salido de la cama antes de las ocho, e incluso eso era demasiado generoso.

Las nueve eran más mi estilo. Aunque prefería las diez.

Las once ya era un lujo que me permitía la mayoría de los fines de semana.

«Menuda mierda».

Anoche había estado muy cansada para mirar la hora cuando sonó la alarma; ahora entendía por qué.

Salí de mi cama individual, que no había tardado en darme cuenta de que era la cama más cómoda en la que había dormido jamás, y me pasé los dedos por el pelo para soltar un poco los peores enredos.

Mis pies desnudos tocaron las baldosas maravillosamente calentitas gracias a la calefacción radiante.

En la casa Ignis, todo mantenía el calor gracias al fuego que le daba el nombre y, desde luego, yo no tenía ninguna queja.

El piso que dejamos en uno de los peores barrios de Chicago no tenía calefacción, pero sí una ventana por la que entraba mucho más que una ligera brisa.

No había estado precisamente impaciente por sobrevivir a un invierno allí y, aunque lo único bueno de todo esto de la escuela mágica resultara ser esta habitación, me merecía la pena quedarme aquí.

El pijama de cuadros que llevaba no era para nada de mi gusto y me arranqué la tela de franela añadiendo un artículo más a mi lista de la compra mental cada vez más larga.

Bikini, pijama, botas, ropa interior que no se pareciera a la de Bridget Jones como la que me habían dado junto con los tops aplastatetas que supuestamente hacían las veces de sujetadores.

Y, por si el diseño de la ropa interior no fuera lo suficientemente asqueroso, la habían hecho de color «carne».

No, en serio, ¿había alguna mujer viva con la piel de ese tono melocotón anémico?

Porque, desde luego, no tenía nada que ver con mi piel bronceada y el efecto que provocaba en contraste era bastante repugnante.

Tenía que hablar con alguien sobre ese dinero mensual y hacer un viaje al centro comercial lo antes posible.

No es que tuviera ninguna intención de enseñarle la ropa interior a nadie, pero nunca sabes cuándo se te puede presentar un tío bueno.

Y, siempre y cuando no perteneciera a la variedad de Herederos superprivilegiados, autocomplacientes, sádicos y devastadoramente atractivos, se me podía tentar con facilidad.

Afortunadamente, quienquiera que me preparara los artículos de aseo no había tenido un gusto tan pésimo como quien preparó la ropa interior, que solo me entraba en la cabeza que hubiera sido una monja virgen de setenta años.

Incluso me habían dado un neceser de maquillaje con muchos más cosméticos de los que me podía permitir antes de venir aquí.

No quiero decir que mi colección personal no hubiera sido impresionante, el maquillaje era una de las cosas más fáciles en las que conseguir un descuento del cien por cien.

Pero para mí era una novedad que me dieran una colección por la que sí que habían pagado.

Me apliqué mi pintura de guerra, dispuesta a enfrentarme a lo que fuera que el día de hoy tuviera en la recámara para mí bajo la seguridad de un eyeliner generoso y una pasada de pintalabios color ciruela.

Sonó una notificación en el Atlas y miré justo cuando apareció un mensaje:

¡Tu horóscopo diario te está esperando, Tory!

«Justo lo que quería: unas cuantas frases ambiguas con las que quizá pueda relacionar mi día si distorsiono su significado para que encaje en cualquier cosa aleatoria que ocurra en realidad».

¡Buenos días, géminis!

Las estrellas han hablado sobre tu día.

Hoy, quizá, te veas en una trayectoria de choque con un sagitario. Aunque este altercado pueda proporcionarte tranquilidad mental durante un tiempo, intenta no olvidar cuáles son los auténticos obstáculos en tu camino.

El día de hoy podría llevarte en espiral y sin frenos por varios senderos, por lo que es mejor que te asegures de querer de verdad ceñirte a cada decisión que tomes. La posición que quieras adoptar hoy hará rodar el dado y te arrebatará el control de las manos.

Puse los ojos en blanco mientras apartaba el Atlas desinteresadamente, pero empezó de nuevo con sus cascabeles.

Lo cogí y le di un pequeño golpe para que se callara del todo de una vez.

«Me niego rotundamente a tus malditos cascabeles mañaneros».

Mis esfuerzos se vieron recompensados porque no volvió a sonar; pero, no sé cómo, también abrí la aplicación de FaeBook.

Aún no le había echado un ojo en condiciones, excepto por el vistazo rápido cuando Diego nos habló de ella.

La participación en una red social daba a entender que el usuario tenía vida social y, de momento, yo no podía afirmar tenerla en Zodiac Academy.

Además de Darcy, solo había tenido interacciones medio decentes con unos pocos alumnos y, desde luego, no habíamos llegado al punto de posar ante la cámara ni de hacernos un selfie .

Aunque tampoco yo era muy de hacer esas cosas, la verdad.

Deslicé rápido el tablón de noticias y me dio un vuelco el corazón al ver una foto de mi culo desnudo en mitad de la sala común después de la novatada de Darius.

Supuse que habría sido demasiado pedir que a nadie se le pasara por la cabeza hacer una foto mientras yo estaba expuesta de esa manera, pero me había pasado cada segundo desde ese momento intentando hacer como si no hubiera ocurrido jamás y encontrarme de nuevo con eso me puso de los nervios.

Había trescientas catorce reacciones y noventa y cinco comentarios, en apenas una hora desde su publicación.

Miré el nombre de la persona que la había subido.

Milton Hubert. Ese nombre no me sonaba de nada.

Moví el dedo sobre el panel de comentarios.

Sabía que no tenía que abrirlo. Era mucho mejor no saber nada.

«Cierra la aplicación y olvídate de que existe».

Lo abrí.

«Idiota».

Milton Hubert: ¡Cómo se calentó la cosa durante la novatada de Ignis! #nomehabríanegado

Comentarios:

Marguerite Helebor: Parece que las Herederas no deseadas ya están asumiendo su lugar en lo más bajo de la jerarquía.

#laszorrasnotienenpelo

Damian Evergile: ¿Estás diciendo que eres una zorra sin pelo o en realidad tienes todo un matojo escondido bajo la falda de tablas, Marguerite?

Marguerite Helebor: Nunca te meterás debajo de mi falda para averiguarlo, gilipollas.

Damian Evergile: No eres una zorra, entonces. Solo llevas un jersey vaginal. #Pelitorrizadonegro

Marguerite Helebor: ¡Cállate ya, Damian! #Québásico

Terrance Bonnerville: Si las dos Vega están así de bien en bolas, ya tengo nueva fantasía de trío. #amímedabandos

Barry Gurra: ¡Buena, Damian!

Tyler Corbin: La próxima vez hará que se arrodille también. #sinohayarcadanohaymamada

Se me abrió la boca con una mezcla de repugnancia y cabreo conforme leía más comentarios hablando de mí como si fuera un trozo de carne.

Había muchas respuestas hirientes y de burla de las típicas chicas malas, además de los muchos, muchos comentarios obscenos en su mayoría de estudiantes masculinos.

Había más de una referencia a un trío con Darcy y conmigo que me pusieron bastante triste.

¿Por qué a los tíos les pone tanto eso? Si yo les dijera que se enrollaran con su hermano, les resultaría asqueroso, pero, como nosotras éramos gemelas, ¿esa fantasía retorcida estaba bien?

Me sorprendió ver que no había comentado ninguno de los Herederos, aunque sí vi que Darius había reaccionado con una carcajada al comentario que decía lo de ponerme de rodillas. Supuse que pensaban que estaban por encima de dejar comentarios en las publicaciones de otras personas.

Tenía los dedos suspendidos sobre la barra de comentarios mientras intentaba averiguar si debía o no responder. En el fondo, sabía que cualquier cosa que dijera solo avivaría las llamas, pero quedarme de brazos cruzados soportando esta mierda no era típico de mí...

Antes de poder tomar una decisión, la publicación y todos los comentarios que la acompañaban desaparecieron. En su lugar, apareció un mensaje que me hizo sentir un alivio inmenso.

Administración de FaeBook: Se recuerda a los alumnos que en esta red social no se permite compartir pornografía.

Milton Hubert, se han restado diez puntos a la casa Ignis. En el futuro, por favor, comparta las fotografías de desnudos de forma privada y no en una página pública.