El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 9 #5
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Capítulo 9 #5

—¿Contarle el qué? Incluso aunque le relatara la historia completa de Solaria, ¿de verdad cree que sería suficiente?

—Soltó una risa irónica—. El mundo ya se ha desequilibrado; y ahora han aparecido usted y su hermana para inclinar aún más la balanza hacia el caos.

Están muriendo familias enteras. También las poderosas.

Sus padres fueron los primeros, pero no los últimos, y es solo cuestión de tiempo que...

—Se quedó callado en mitad de la frase, aparentemente para encontrar un final mejor para ese pensamiento.

—¿Está diciendo que a mis padres biológicos los asesinaron? —pregunté horrorizada, mientras la revelación se derramaba por mi cuerpo como hielo derritiéndose.

—Yo no digo nada. —Carraspeó, sirviéndose otro vaso de bourbon.

Puede que fuera lunes por la noche, pero si eso iba a ayudar a que se le soltara la lengua, desde luego no iba a ser yo quien se lo recordara.

—En fin —gruñó—. Su Orden emergerá tarde o temprano.

Su fuente de poder le dará una pista de lo que es, así que debe prestar atención.

La magia de las distintas Órdenes se reabastece de formas muy específicas.

Un licántropo adquiere su poder de la luna, una medusa de los espejos; por si aún no lo había averiguado, un vampiro obtiene su poder de los demás gracias a la sangre.

—Me enseñó los colmillos y me estremecí.

—Bueno, definitivamente no soy como usted —aseguré con frialdad, y él juntó las cejas durante un instante.

Miró su Atlas y escribió algo con los labios apretados.

—Si su magia se intensifica, intente concentrarse en algo que tenga cerca y de lo que pudiera estar obteniéndola.

Podría ser el sol, la sombra, un puñetero arcoíris incluso.

Simplemente mantenga la mente despierta.

Mientras tanto, la apuntaré en todas las clases de Potenciación de Orden.

Quienes se desarrollan tarde tienden a evolucionar bajo la influencia de los de su especie.

Sonó una notificación en mi Atlas. Lo saqué y vi que habían aparecido varias clases más en mi horario.

«Joder, mañana tendría que relacionarme con los licántropos».

Se me hundió el estómago al pensar en Seth y en sus formas tan invasivas.

Yo era todo lo contrario. Era imposible que fuera una de ellos.

Alcé la vista dispuesta a decírselo a Orion, pero la mirada glacial de sus ojos me lo impidió.

—Usted y su hermana no pasarán el Ajuste —expuso, como si manifestara una verdad absoluta—. Ahora mismo, el mundo no necesita en el poder a dos crías ignorantes. Y, por mucho que me saquen de quicio casi todos los Herederos Celestiales, ellos al menos saben lidiar con la población de ninfas.

—¿Ninfas? —me extrañé. Quise ignorar su tono insultante y me agarré al trocito de información.

Él maldijo entre dientes, apartando con la mano el vaso de bourbon.

—Son otra raza, no se preocupe. No llegarán a ser relevantes en su vida, puesto que no durará mucho aquí.

Me crucé de brazos. Empezaba a estar harta de ese tonito.

—Profesor, ya sé que piensa que soy una inútil porque no sé nada de magia ni de los Fae, pero no soy estúpida.

Puedo aprender. ¿No se supone que estas clases particulares eran para eso?

¿Para guiarme? ¿Para ponerme al día en todo lo que me he perdido?

Deme al menos la oportunidad de demostrar de lo que soy capaz.

—No estaba segura de dónde había salido esa determinación, pero que me diera por perdida con tanta facilidad me molestó bastante.

Tampoco es que yo pensara que era la persona más adecuada para gobernar un reino del que ni siquiera había oído hablar hasta hacía dos días, pero al menos quería que se me diera la oportunidad de aprender sobre mi supuesto derecho de nacimiento.

Arqueó las cejas y una leve sonrisa le tiró de las comisuras de los labios.

—Supongo que es lo justo, señorita Vega. Y, como libra que soy, tengo debilidad por la justicia —concluyó, y se me abrió la boca con sorpresa.

«Ah, o sea, que es él el libra al que se refería mi horóscopo esta mañana. Y, por lo visto, ser justo no significaba ser simpático».

Miró un reloj de latón gigante que colgaba de la pared.

—Ya casi ha pasado la hora y tengo que ir a un sitio.

—Se levantó del sillón—. Le enviaré lecturas sobre Extorsión a su Atlas.

Tendrá una clase conmigo todos los lunes por la noche.

Espero que tenga nociones básicas de protección para la próxima.

Le haré una prueba. —Sonrió y entonces sospeché que era la clase de profesor al que le encantaba hacer exámenes sorpresa a sus alumnos.

Me levanté con la barbilla bien alta, como si aceptara el reto con toda mi alma.

—Pretendo sacar un sobresaliente.

Fui hacia la puerta y él cruzó la habitación al doble de velocidad. Se me aceleró el corazón por la repentina demostración de poderes.

Abrió la puerta.

—Yo no pongo notas. Conmigo o se aprueba o se suspende. —Me quitó el Atlas de la mano, escribió algo y finalizó la lección con mi bolígrafo digital. Me lo devolvió y sujetó la puerta para mantenerla abierta, y yo pasé sorprendida por el caballeroso gesto.

En un ágil movimiento, pasó por mi lado y la puerta se me cerró en la cara.

«Oh».