El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 9 #4
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Capítulo 9 #4

—La mayoría de los Fae tienen líneas más cortas aquí.

—Giró la mano para enseñarme su palma y me fijé en que tenía tatuado en la muñeca el símbolo triangular del aire—.

La mía alcanza dos tercios. Pero la suya es una línea completa.

—Echó un vistazo rápido y tuve la impresión de que estaba enfadado por eso, aunque no entendía por qué—.

La fuerza particular de cada Elemento se define por estas líneas que se cruzan.

—Sacó una regla pequeña del cajón del escritorio y me la colocó en la palma de la mano.

Cogió ritmo cuando se fijó en la longitud de cada línea mientras me pasaba los dedos por la palma. El roce de sus yemas ásperas y los movimientos repetitivos me estaban embriagando, así que intenté concentrarme en cualquier otra cosa que no fuera su roce.

Cuando Orion por fin me soltó, se me escapó un suspiro de alivio de entre los labios. Empezó a apuntar números en su cuaderno, sumándolos y haciendo unos cálculos complejos. Al terminar, tenía cuatro números subrayados al final de la hoja: siete, ocho, nueve y diez.

—Esta es la clasificación de sus poderes. —Tenía la mirada oscura al colocar los números frente a mí—. El diez es su fuerza máxima en cualquier Elemento. Para que lo entienda, señorita Vega, un siete ya se considera alto.

Me quedé mirando los números paralizada, incapaz de creerme lo que me estaba diciendo: que fuera tan poderosa en un mundo que representaba un misterio para mí.

—Su Elemento más débil es el fuego, aunque yo uso el término débil muy libremente. Es un ocho en tierra, un nueve en agua y un diez en aire.

Cuando alcé la vista para mirarlo, se me entrecortó la respiración al intentar comprender todo esto.

—Y somos tan poderosas porque... ¿nuestros padres eran de la realeza? ¿El rey y la reina? —Me resultaba rarísimo estar pronunciando algo tan loco. Pero eso era lo que nos estaba diciendo todo el mundo. Que, básicamente, éramos princesas.

—Sí. Su padre era el Fae más poderoso en Solaria.

Él albergaba tres Elementos: fuego, agua y aire.

Su madre solo uno: aire. Era géminis, como ustedes, y la nombraron la mujer más hermosa de Solaria.

Todo esto ocurrió cuando él volvió con ella de una tierra lejana que su ejército había invadido.

El rey Vega se casó con ella, ignorando la tradición.

Las familias poderosas tienden a aparearse con los de su misma especie; así se mantiene el linaje puro y a menudo ofrece descendencia de las mismas Órdenes.

Cuanto más puro sea el linaje, más poderosa es su magia.

—Y no hacer eso... ¿es malo? —pregunté para entenderlo mejor.

—No, simplemente es una estupidez. Hay más probabilidades de que los hijos nazcan más débiles, pero...

, evidentemente, ese no es su caso. Su madre y su padre tuvieron a dos de las Fae más poderosas que hayan caminado nunca entre nosotros.

—Se reclinó hacia atrás en su sillón, removiendo el líquido ámbar en el vaso.

—¿Qué eran? —pronuncié en voz baja; aunque me habría gustado hablar de esto con una persona más tranquilizadora, no obstante, él era todo lo que tenía—. ¿Cuáles eran sus Órdenes?

Durante un instante, estuve casi segura de percibir la más mínima cantidad de compasión en su mirada, pero se desvaneció igual de rápido que la vi.

—Su madre era una arpía; su padre, una hidra.

Se me puso la piel de gallina al escuchar la palabra hidra . Mis conocimientos de mitología griega provenían básicamente del Hércules de Disney, pero esa bestia serpentina se me había quedado grabada.

—¿Hidra? —susurré con la sangre helada—. ¿Como el monstruo con varias cabezas?

«Por favor, que yo no sea uno de esos».

—Sí —afirmó él muy tranquilo—. Es una de las Órdenes más raras del mundo.

Respiré despacio mientras trataba de procesar toda la información.

—Entonces, ¿qué cree usted que somos Tory y yo? —cuestioné, nerviosa por la posible respuesta.

Él tamborileó con los dedos en el escritorio, luego se bebió el último sorbo de su bebida.

—Problemáticas —murmuró, y yo me puse tensa.

—No es justo. Nosotras no hemos pedido nada de esto.

—Lo que no es justo, señorita Vega, es que usted y su hermana tengan más derecho al trono de Solaria que los cuatro Herederos Celestiales que llevan toda su vida formándose para gobernar.

—Golpeó el vaso vacío contra la mesa y sentí una descarga eléctrica por todo el cuerpo—.

Cuando sus padres murieron, el Consejo Celestial reclamó ese derecho.

Pero ahora que ustedes han vuelto, la ley dicta que debemos colocarlas en el trono si demuestran ser lo suficientemente fuertes para reclamarlo.

Y eso no es más que pura suerte. —Me dejó clavada en el sitio con una mirada penetrante y el corazón empezó a latirme con fuerza por sus palabras—.

¿Se hace una idea de los tiempos tan peligrosos que estamos viviendo, Azul?

—insistió, y el calor me abrasó el cuello cuando me miró el pelo con desdén.

—No, igual si me lo contara...