Capítulo 9
Me tumbé en la cama a repasar las notas del día en mi Atlas.
Mi clase de Aire Elemental había sido increíble; el profesor Perseus nos llevó hasta el acantilado al este del Territorio de Aire y habíamos proyectado viento en el mar de color turquesa.
Con el tiempo había logrado dirigirlo a algunas olas concretas y lanzar salpicaduras por el acantilado.
Era difícil emplear tanto poder de forma precisa, pero a él no pareció importarle dejarnos dar rienda suelta en el océano.
Todavía estaba vibrante por la emoción de todo el día; sin embargo, a medida que se acercaban las siete en punto, la emoción terminó dejando paso a los nervios.
Esta noche tenía mi primera sesión con el profesor Orion.
Y todavía estaba dándole vueltas a su imagen mordiendo a Diego en medio de la clase sin importarle nada.
«¿Y si intenta hacerme eso a mí?».
Me froté los dedos y una leve brisa bailó entre ellos.
Después de haber liberado mi poder con toda su fuerza en el mar, me sentía ligeramente más segura.
«Aun así, no creo que tenga muchas probabilidades contra un oponente.
Y menos con uno que tenga dientes afilados y un cuerpo que parece más una fortaleza».
Cogí el plátano que había guardado antes en la Órbita, deseando haber comido algo más sustancial. De todos modos, Tory y yo habíamos quedado cuando terminara mi tutoría, así que sobreviviría.
Cuando me terminé la fruta, me puse unas mallas y una camiseta blanca de la casa Aer para quitarme el uniforme con el que había pasado todo el día.
No tenía nada más que ponerme y me acordé del dinero que Orion dijo que recibiríamos.
Si hubiera sido más claro cuando vino a nuestro piso, me podría haber traído algo de ropa.
Me puse las Converse a las siete menos cuarto y me colgué el bolso del hombro. El corazón me daba brincos de ansiedad mientras salía de mi habitación. Cerré con llave y troté hasta la escalera.
La torre estaba tranquila, supuse que la mayoría de los alumnos de Aer estarían en la sala común arriba o comiendo en la Órbita.
Cuando llegué a la planta de abajo, sonó una notificación en mi Atlas. Lo saqué y la leí:
¡Te han mencionado en una publicación de FaeBook, Darcy!
Fruncí el ceño y abrí la aplicación, aunque imaginaba que estaba a punto de arrepentirme.
Kylie Major: ¡Menuda pasada de primer día!
Me siento superafortunada por estar en ZA.
Me imagino que será más complicado para chicas como @Darcy Vega y @Tory Vega, que no tienen ni la protección básica para la Extorsión.
Tened cuidado por el campus, chicas. #osquiero #idconcuidado #laschicascuidanalaschicas
Comentarios:
Louis Hardnuts: ¿No tienen ni un escudo básico? Jajajajajajajaja.#sosainassinescudo
Jillian Minor: Te lo juro, nena, eres un encanto #tambientequiero
Yolonde Rubbings: ¿Vas en serio con Seth Capella, Kylie? #remolinodelobos #salconellahastaaparearte
Milton Hubert: ¡SÍÍÍÍÍ! #hagamoslasmugir
Me mordí el interior de la mejilla tan fuerte que casi me hago sangre.
¡Toda la academia iba a ver esto y más de cien personas ya le habían dado a me gusta!
Era prácticamente como pintarnos una diana en color neón en la cabeza.
Y no me cabía ninguna duda de que Kylie sabía exactamente lo que estaba haciendo.
«Y una mierda la sororidad».
Miré por encima del hombro, extremando las precauciones para no encontrarme con nadie.
Estar en el despacho de Orion de pronto no me pareció lo peor del mundo. Comprobé el mapa, saliendo de la torre al campus. Unos apliques de hierro iluminaban el sendero conforme iba entrando la noche y aceleré el paso para tomar un atajo a través del Bosque de los Lamentos.
El sendero serpenteante me introdujo en la arboleda y sentí una ráfaga de aire frío al pisar un camino de tierra. Se me puso la piel de gallina. Cuanto más avanzaba, más silencioso parecía el bosque. Las hojas se movían sobre mí, algunas de ellas salpicadas con los primeros colores del otoño.
Cuanto más me adentraba en la espesura, más parecían juntarse los árboles, arqueándose sobre la cabeza para formar túneles infinitos delante de mí.
Los faroles aparecían cada vez más alejados y el resplandor ámbar del siguiente parecía encogerse y titilar en la distancia.
«Debería haber cogido el camino más largo. Este sitio me da muy mal rollo».
Se me enganchó el pie con una raíz y me tropecé, casi cayéndome y recomponiéndome en el último segundo.
Me insulté a mí misma y aceleré el paso con la intención de salir de ese lugar sin magullarme las rodillas.
Debería tener ya mejor equilibrio, la verdad.
Pero me caía mucho más frecuentemente de lo que debería una mujer adulta.
Saqué el Atlas de la bolsa para comprobar el camino y me encontré un mensaje de FaeBook.
Estrella Fugaz: ¡La Sombra se acerca cada vez más a ti, Darcy! ¡Mantente en la luz!
El corazón me empezó a dar golpes en el pecho cuando leí esas palabras. ¿Quién narices era esa Estrella Fugaz y qué se suponía que significaba eso?
Ignoré la sensación de terror en el estómago y miré el mapa.
Los caminos se habían bifurcado varias veces, pero, por suerte, no me había desviado.
Intentando ignorar el mensaje de Estrella Fugaz, continué andando.
Cuando llegué al resplandor circular que proyectaba el siguiente farol, incliné el mapa y parpadeó una estrellita, marcando mi ubicación en el denso bosque.
Sentí un inmenso alivio cuando vi que estaba cerca de la salida. Luego tenía que seguir recto hasta el Edificio Júpiter, donde se encontraba el despacho de Orion.
Crujió una ramita en algún lugar detrás de mí y me tensé. Me di la vuelta para mirar hacia la oscuridad, más allá del aro de luz a mi alrededor.
Entrecerré los ojos mirando las sombras entre los árboles y el corazón se me desbocó.
«No es nada. Tú sigue».
Por mucho que no quisiera abandonar la ilusión de seguridad que me proporcionaba la luz del farol, me obligué a moverme, acelerando el paso a un trote.
Un escalofrío me recorrió la espalda cuando tuve la sensación de que alguien me miraba. Escuché unos pasos detrás de mí, firmes y ligeros, como si alguien estuviera intentando no hacer ruido.
Me giré cuando el miedo me colocó un nudo en la garganta.
Probablemente solo fuera otro alumno, ¿por qué me daban tanto miedo unas simples sombras y algún que otro ruido? El mensaje de Estrella Fugaz me había puesto nerviosa. Pero seguramente solo quisiera tomarme el pelo. Tenía que superarlo.
Un destello de luz azul hizo que me quedara inmóvil, con todos los músculos de mi cuerpo completamente sólidos. Solo había sido un instante, pero, durante un segundo, me había parecido ver una forma descomunal entre los árboles. En la profundidad del bosque... una bestia.
«Todo el mundo en esta escuela es una bestia. Solo es un alumno. Alguien con la forma de la criatura de su Orden».
Intenté calmar mi corazón desbocado, diciéndome a mí misma que estaba exagerando. No obstante, algo en mi interior me decía que debía tener miedo.
Una fuerza de energía me golpeó por atrás y se me escapó un grito agudo mientras caía al suelo, rodando y levantando una mano para defenderme.
—¡Vete! —grité a medida que la silueta oscura se iba acercando.
Le apareció una llama en la mano y vi la cara de Darius con una sonrisa de superioridad en la cara.
—¡Ups! No te había visto, Vega. —Me ofreció una mano con una risilla grave. Yo la acepté, más bien reticente, todavía temblando.
—¿Eras tú intentando asustarme? —pregunté mientras él tiraba de mí para levantarme.
—¿Cuándo? —preguntó sin interés, soltándome la mano para pasarse los dedos por el pelo oscuro.
—Hace un momento —aclaré, y señalé hacia los árboles. Volví a mirar rápidamente a Darius, incapaz de evitar aferrarme a la tranquilidad de su compañía. Pero después de lo que le había hecho a Tory, ni de coña iba a confiar en él.
—No sé a qué te refieres —añadió como si nada—. Nos vemos. —Hizo el amago de moverse, pero le agarré por el brazo, un músculo firme bajo mis dedos, y vi cómo desaparecía mi dignidad ante mis ojos.
—¿Te importaría... acompañarme hasta la salida del bosque?
—La vergüenza me arrolló, pero no me gustaba nada este sitio y la idea de desorientarme aquí después de haber visto a una bestia enorme merodeando no me llamaba demasiado la atención.
Incluso si eso suponía darle una patada a mi empoderamiento femenino.
Darius resopló una risa.
—¿Tienes miedo, Vega?
—No —repuse indignada, mostrando que sí que lo tenía. Carraspeé—. Simplemente no quiero perderme. Tengo una cita con el profesor Orion en cinco minutos.
—Pff, él va a llegar tarde igualmente, no tengas tanta prisa. —Intentó soltarse, pero yo apreté más.
Me tragué el poco orgullo que me quedaba y dije:
—Por favor.
Él suspiró, se dio la vuelta y tiró de mí a paso acelerado.
Me dio igual. Solo quería que me dejara fuera de este bosque y seguir con mi vida.
Ahora mismo, tenía la sensación de que no iba a escapar jamás de la oscuridad y de la sensación de que alguien me seguía.
Y puede que Darius fuera un gilipollas, pero no tenía ningún problema en utilizarlo cuando lo necesitaba.
—¡Tío! —Sonó una voz y Seth emergió de la oscuridad con un chándal blanco manchado de barro.
Tenía el símbolo de Aer estampado en el pecho de su camiseta, que estaba medio rasgada—.
¿Estás en una cita? —Se acercó un poco más, luego frunció el ceño cuando se dio cuenta de que era yo—.
No jodas, ¿te estás liando con una Vega?
Yo apreté la mandíbula porque esto era lo último que necesitaba ahora mismo. Un círculo de luz dorada brillaba sobre Seth y flotaba para iluminarnos a todos.
—Tiene miedo —expuso Darius con un tono seco que volvió a provocarme un aluvión de vergüenza.
—No tengo miedo —insistí, pero soné más como una niña que como una persona adulta que sabe lo que hace. «Joder».