Capítulo 8 #5
—Su tutor la ayudará en cosas más prácticas, le enseñará cosas de nuestro mundo y cómo cumplir con las expectativas puestas en usted.
Por muy extraño que pueda parecerle después de haberse pasado toda la vida en el mundo de los mortales, la cantidad de poder que albergamos cada uno es algo con lo que nacemos.
Aquí no hay profesores lo bastante fuertes como para guiar su magia de esta forma.
Solo los demás Herederos pueden competir con su poder.
E, incluso así, como gemelas géminis con los cuatro Elementos cada una, apostaría a que van a tener bastante trabajo.
—Torció los labios durante un momento y me dio la sensación de que esa idea le divertía.
La cabeza no paraba de darme vueltas con mi único argumento y pensé en otra excusa.
—Es que... me da cosa pedirle que pierda su tiempo trabajando conmigo cuando mi nivel de conocimiento dista tanto del suyo.
—Tonterías. —La profesora Pyro hizo un gesto despreocupado con la mano antes de indicarme que la acompañara con los dos Herederos que seguían peleándose en el suelo, cada vez con más violencia—.
Esto le vendrá bien también a él, combinar el poder con el de otra Fae es una habilidad que hay que dominar, por lo que será la oportunidad perfecta para que mueva esos músculos.
Hace falta mucha concentración y puede ser bastante íntimo, ya que tendrán que tratar de llegar a un nivel de confianza en el que sus magias puedan trabajar en armonía con el otro.
«¿Íntimo? Qué asco». Aunque, siendo honesta, no tanto como del que trataba de convencerme. ¿Y confianza? Se le iba la olla si pensaba que iba a llegar a confiar en él alguna vez. Me fiaría antes de un mono con un montón de plátanos que creerlo capaz de algo bueno a él.
Llegamos hasta los Herederos justo cuando Darius sujetó a Caleb en el suelo, apretándole las manos con fuerza en el cuello. Caleb se resistía e intentaba levantarse, pero no parecía tener mucho éxito.
Darius gruñó y el sonido fue tan animal que casi me estremezco.
Era un depredador acabando con su presa y me lo podía imaginar desgarrándole la carne a Caleb en cualquier momento.
La profesora Pyro se contentó con mirar la interacción con un leve nivel de interés cuando a Caleb se le empezaron a poner los labios azules.
Abrí la boca, queriendo intervenir. Caleb era un auténtico capullo, pero empezaba a darme la impresión de que Darius podría matarlo y a lo mejor eso era pasarse un poquito.
Antes de que me diera tiempo a decir nada, Caleb golpeó la mano contra el suelo tres veces y Darius lo soltó con una sonrisa engreída.
Caleb se empezó a reír y Darius se puso de pie, ofreciéndole la mano al otro Heredero para ayudarlo a levantarse.
—La próxima vez te vas a enterar —anunció Caleb dándole una palmada en la espalda a su amigo.
—Eso dijiste la última vez —bromeó Darius, y durante un momento parecieron... Bueno, majos no, pero tampoco despreciables del todo. O al menos hasta que centraron su atención en mí.
Darius hundió el gesto frunciendo el ceño en cuanto me vio y Caleb se echó el pelo hacia atrás mientras me miraba el cuello hambriento sin ningún tipo de vergüenza.
—Tengo una tarea para usted, señor Acrux —anunció la profesora Pyro, y se me encogió el estómago como una piedra al darme cuenta de que no había forma de escapar de esto.
—¿Sí, profesora? —se interesó Darius, con una mirada que sugería que no se le ocurría nada mejor que hacer que lo que fuera que estaba a punto de pedirle.
—Me gustaría que le diera unas clases particulares a Tory para que aprenda a canalizar la tempestad que hay en su interior. Yo he intentado guiarla, pero necesita alguien más poderoso que yo y, como el tejedor de fuego más dotado en la academia, usted es la opción más evidente.
Darius me observó y sentí que me acababa de clavar un puñal en el pecho de lo penetrantes que eran sus ojos.
—Cómo no, profesora Pyro —aceptó sin rechistar—. Aunque ahora mismo tengo el horario bastante completo, así que puede que sea mejor para ella hacerlo con otra persona.
—Me parece bien —concordé con una sonrisa que le decía que no había sido idea mía—. No pasa nada. —Empecé a alejarme de ellos, pero la profesora Pyro me detuvo.
—Eso no es un problema —dijo con firmeza—. Puede entrenarla los jueves por la noche después de cenar, y se podría añadir el lunes en caso de que fuera necesario.
La mirada de Darius se ensombreció cuando ella le robó las noches, yo tuve que esforzarme por mantener la barbilla alta.
—Sí, profesora —aceptó al final, y la profesora Pyro sonrió con satisfacción mientras me llevaba de nuevo con los demás.
Yo no había dicho nada, pero tampoco pensaba que mi opinión fuera a servir para algo más que empeorar una situación ya de por sí mala.
Al tiempo que volvía con el resto de mi curso, no pude evitar girar la cabeza para mirar a los Herederos. Los dos me estaban estudiando y casi me da un escalofrío por la mirada de ira en sus ojos.
«Perfecto». Este día no hacía más que empeorar.