El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

Orion apuntó con el dedo a todos los que aún no teníamos una herida en la cabeza.

—Para mí, todos y cada uno de ustedes son un par de orejas.

Orejas que me van a escuchar hablar a mí y a nadie más en esta aula.

Si quieren hablar con su amiguita de al lado, adelante.

Pero pasarán la noche castigados con mi amigo Puercoespín.

Y créanme cuando digo que los castigos conmigo no son precisamente divertidos.

—¿Castigado? —Tyler ahogó un grito cuando se frotó la frente.

Orion entrecerró los ojos con una mirada que decía: «¿En-serio-me-vas-a-replicar?», y Tyler agachó la cabeza y asintió rápidamente.

Yo solté una respiración larga. «¡Un profesor acaba de agredir físicamente a un alumno! ¿Qué clase de escuela es esta?».

Tory y yo nos miramos, sentí la rabia hervir en mi interior. Eso no estaba bien.

—El sitio este es increíble —le susurré a Tory.

—Ya te digo —acordó.

Mi Atlas empezó a sonar a todo volumen y Orion me miró con los ojos entrecerrados. Agité la mano a modo de disculpa antes de que se le fuera la olla y busqué el botón de silenciar. Reparé en la notificación que brillaba en la pantalla y fruncí el ceño.

¡Has recibido un mensaje privado en FaeBook, Darcy!

Abrumada por la curiosidad, pulsé en la pantalla y me dirigí a la aplicación. En mi buzón solo había un mensaje de alguien que se llamaba «Estrella Fugaz» y su foto de perfil era una luna creciente.

Estrella Fugaz: No os ha contado toda la historia...

Contemplé a Tory y me di cuenta de que ella también estaba mirando su Atlas. Me fijé en que también estaba metida en el chat y fruncí el ceño cuando me miró confundida. Escribió una respuesta y yo miré mi pantalla cuando apareció.

Roxanya Vega: ¿Quién?

Tenía que cambiarse el nombre del perfil urgentemente. Reprimí una risa, cogiéndole el Atlas y haciéndolo por ella. Ella vocalizó un «gracias» cuando se lo devolví. A mí siempre se me ha dado ligeramente mejor la tecnología.

Volvió a sonar una notificación en mi Atlas y me encogí al ver que Orion estaba mirándome. Si los ojos dispararan láseres, me habría convertido en un charco de tripas en ese momento.

—Señorita Vega, ¿es completamente estúpida? —gruñó.

—No —dije con toda la fuerza que pude.

—Entonces, ¿por qué tiene las notificaciones de su Atlas activadas en mi clase después de haberle advertido claramente que las apagara?

Se me cerró la garganta, pero no quería que me viera pasándolo mal. Puede que estuviera un poco (mucho) asustada por este tío, pero él no se iba a enterar si podía evitarlo.

—No me he dado cuenta... —empecé a decir, pero él me interrumpió con la boca retorcida en una sonrisa diabólica.

—Ni se le ocurra mentirme —rugió, y su tono me erizó los pelos de la nuca—. A ver, cuéntenos. ¿Qué le dicen en ese mensaje tan importante como para interrumpir mi clase?

Se me aceleró la respiración cuando miré los mensajes en la pantalla. Tracé las palabras con los ojos y mi día dio un giro bastante tenebroso. Fue como llegar a lo más alto de una montaña rusa y darte cuenta de que se te ha soltado el arnés.

—Lea en voz alta. ¡Vamos! —exigió Orion, y vi de reojo a Tory negando con la cabeza porque, evidentemente, ella también lo había leído.

«Pues nada, adiós, vida, ha sido un placer».

Carraspeé y se escucharon varias risillas a mi alrededor. Diego me miró con compasión cuando empecé a leerlo, enunciando cada sílaba, pensando que, al menos, iba a disfrutar de la caída.

—«A la bola de músculos que te enseña Magia Cardinal, Orion, solo para que lo sepas, lo reconocerás por el aliento apestando a bourbon...

—Toda la clase ahogó un grito—. El ceño fruncido de forma permanente y la sensación general de sueños fracasados, ya que perdió su oportunidad de jugar en la liga de Pitball de Solaria».

Levanté la vista con el corazón en la garganta al encontrarme con la mirada-que-podría-derretir-un-glaciar de Orion. Las risas eran cada vez más fuertes en la clase y Orion parecía un volcán a punto de estallar.

—¿Cuál de sus tantísimos amigos le ha enviado ese divertido mensaje? —preguntó con una calma letal.

—No lo sé. Es como... anónimo —añadí con un hilo de voz, enseñándole el Atlas.

Él lo miró durante un instante y luego miró a toda la clase.

—Vuelvan al trabajo.

Se volvió a sentar en la silla y me mordí el labio con una tensión en el pecho casi insoportable.

«No me creo que esto se vaya a quedar así».

Orion volvió a centrar su atención en su Atlas y yo me giré hacia Tory con miles de palabras en los labios.

—¿Crees que podemos confiar en Estrella Fugaz? —susurró.

—No lo sé —dije—. Es complicado saber en quién se puede confiar aquí.

De pronto, Orion agitó la mano como si quisiera que me levantara de mi asiento. Fruncí el ceño, buscando a mi alrededor algún tipo de confirmación, pero todos estaban pendientes de su Atlas con una gran determinación.

—Señorita Vega, si no se levanta en los próximos tres segundos, se arrepentirá —aseguró Orion.

—¿Cuál de las dos? —preguntó Tory, sin molestarse en ocultar el tono burlón.

«Hostia puta, Tor».

Orion la miró.

—La que ha intentado tener más personalidad tiñéndose las puntas del pelo de azul. No le ha salido bien, por cierto.

Apreté los labios y decidí que no me iba a mover.

«No sabes nada de mí, imbécil».

—Levántese —ordenó.

—Si digo que no, ¿me va a estampar la cabeza contra la mesa? —repliqué con los dientes apretados.

Puede que estuviera acojonada por desafiarle, pero tampoco quería ser su siguiente objetivo.

Y parecía que aquí todo el mundo tenía que luchar por ganarse un lugar en esta sociedad.

No iba a permitir que se me tachara de eslabón débil el primer día.

Y, mientras decidía todo eso, algo innato cobró vida en mi interior, como si, de pronto, surgiera un brote de una semilla.

«Hostias, sí que soy una Fae».

—Ya me levanto yo. —Tory se puso de pie, pero Orion levantó una mano.

—No se lo he pedido a usted —gruñó.

Tory hizo un puchero y se dejó caer en la silla, poniendo los ojos en blanco. No me gustaba que Tory siempre se llevara broncas por mí; no hacía falta que me protegiera constantemente.

Me puse de pie y arqueé las cejas mientras esperaba mi sentencia.

Orion levantó la comisura de los labios y en sus ojos apareció un brillo depredador.

El miedo me provocó un escalofrío, pero le sostuve la mirada, negándome a mostrar mi temor, aunque algo me decía que él era capaz de saborearlo en el ambiente.

—Dígame cuáles son las habilidades de un León de Nemea.

—Volvió a poner esa sonrisa espeluznante.

Como si estuviera encantado de conocerse.

Pero ahora entendía cuál era su táctica.

Era su forma de intimidar a los demás. Fingir ser el coleguita, dejarte creer que estaba de tu parte durante un segundo, para luego, ¡BAM! , estamparte la cara contra la mesa.

Sabía perfectamente que yo no tenía ni idea de lo que era un León de Nemea, pero quería humillarme. Como todos los demás capullos de esta escuela, por lo visto.

Me encogí de hombros.

—No lo sé.

—Eso me temía —dijo tranquilamente—. Pero mientras todos los demás estaban trabajando, a usted le ha parecido una buena idea ponerse a charlar con la igualmente inútil de su hermana.

Sentí una ira intensa y Tory se levantó repentinamente de su asiento.

—¿A quién ha llamado inútil?

—¿Acaso no se me entiende cuando hablo?

Ella arrugó los labios y no contestó.

Se nos quedó un rato mirando, hasta que le brillaron los ojos con una idea.

— Súbanse las dos a su mesa .

Su tono afilado me arrolló y me sentí incapaz de hacer otra cosa que no fuera obedecer. El corazón me palpitaba con fuerza mientras me subía a la mesa junto a Tory y toda la clase empezó a cuchichear emocionada.

Orion se puso delante de su escritorio y se apoyó en el borde con las manos en los bolsillos. Asintió a Diego.

—Polaris, por favor, explíqueles en voz alta a las gemelas ignorantes que tiene a la izquierda qué es la Extorsión.

Diego se levantó y las patas de su silla chirriaron contra el suelo. Se ajustó el gorro y nos lanzó una mirada compungida antes de responder.

—La Extorsión es una de las magias cardinales con las que cuentan todos los seres Fae sin excepción. Es la capacidad de controlar a los débiles de mente y es particularmente efectiva en los mortales.

—Cuénteles por qué —insistió Orion, con los ojos brincando de alegría mientras los mantenía fijos en nosotras.

El corazón me palpitaba cada vez más fuerte a medida que iba absorbiendo la información. Cualquiera podía utilizar la Extorsión para controlarnos.

Diego carraspeó.

—Porque la mayoría de los Fae aprenden a invocar un escudo sencillo en la mente para bloquear la Extorsión básica desde que son pequeños.

—Gracias, puede sentarse —le pidió Orion a Diego, y aumentó el calor en mis mejillas.

—Nunca nos han enseñado nada... —empezó a decir Tory, pero Orion la interrumpió.

— Silencio —ordenó, y miró al resto de la clase—. Las gemelas Vega tienen que aprender a invocar un escudo sencillo. Para animarlas a ello, les asignaré la tarea de Extorsionarlas en cualquier oportunidad que se les presente de aquí en adelante.