El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

Siempre me habían atraído los hombres más mayores y a eso había que añadirle que Orion tenía ese tipo de cara que hacía que me olvidara de parpadear, es decir, que me distraía.

¿Cómo podía tener ese aspecto un profesor?

En el último instituto al que fui, el personal masculino era una combinación de bigotes retorcidos y calvas brillantes.

Orion soltó la taza de café sobre la mesa y cogió su marcador digital para escribir en la pizarra en mayúsculas:

«NO TENÉIS UNA PLAZA EN ZODIAC ACADEMY».

Tory y yo nos miramos mientras el profesor Orion deambulaba por el aula. Vi que se le había deshecho el nudo de la corbata cuando se tomó su tiempo para volver a hacérselo.

—¿Siempre se viste de camino a clase, profesor? —preguntó un chico en la primera fila con un tono evidente de burla.

Orion arrastró la mirada hacia él, apretándose el nudo de la corbata.

—¿Nombre? —le preguntó.

—Tyler Corbin.

—Pues, Corbin, le informo de que usted no está aquí para juzgar absolutamente nada de lo que yo hago. De hecho, es todo lo contrario. Por lo tanto, si quiero aparecer desnudo cinco minutos antes de que termine la clase, lo haré.

Algunas de las chicas se rieron por lo bajo, entre ellas Kylie, y sentí una bola de calor que aumentaba en mi barriga.

Orion señaló a Kylie.

—Siéntese en su sitio, ¿o se va a pasar toda la lección encima de la mesa, señorita...?

—Kylie Major. —Suspiró y se dejó caer en la silla, echándose el pelo hacia atrás por encima del hombro.

—Lea esto en voz alta, Major —dijo Orion, señalando la pizarra.

Ella carraspeó varias veces y la chica castaña que estaba sentada a su lado se volvió a reír disimuladamente.

—No tenéis una plaza en Zodiac Academy.

Todo el mundo volvió a murmurar y Orion se cruzó de brazos, exigiendo silencio con la mirada. Consiguió exactamente lo que quería con esa mirada gélida que desafiaba a cualquiera a desobedecerle.

Cuando el silencio era tan intenso que me resonaba en los oídos, Orion por fin volvió a hablar.

—Todos tendrán que hacer un trabajo para la mitad del trimestre que decidirá si continúan o no en Zodiac.

Lo llamamos el Ajuste porque decidirá el destino de toda su vida.

Zodiac Academy es la escuela más prestigiosa de Solaria y no vamos a perder el tiempo con nadie que no pueda demostrar que es digno de estar aquí.

Quien suspenda que­dará expulsado. De vuelta al agujero de este mundo o de cualquier otro...

—Nos miró a Tory y a mí— del que hayan salido. ¿Ha quedado claro?

—Sí —dijimos todos al unísono, y se me formó un nudo en el estómago.

—¿Sí qué? —preguntó.

—Sí, profesor —corregimos todos.

Orion apretó un botón en la base de la pizarra y las palabras se desvanecieron.

—Esto es Magia Cardinal, donde intentaré proporcionarles los conocimientos básicos de toda la magia funcional, adivinación simple y astrología.

Hoy hablaremos de las Órdenes Fae. Ninguno de ustedes lanzará ni un solo hechizo en mi clase hasta que tengan unos conocimientos básicos desde los que trabajar, así que presten atención.

Varios de mis compañeros gruñeron. A mí no me molestó mucho, estaba más que encantada de aprender lo más básico, teniendo en cuenta que no tenía ni idea de nada de este mundo.

—Todos tienen que estar al mismo nivel de conocimiento al final del trimestre. Da igual cuánto crean que saben, pronto se van a dar cuenta de que hay muchas más cosas que no saben.

Se quitó la chaqueta y se me secó la boca al ver los músculos apretados contra la camisa azul claro.

Dio un golpecito a la pizarra y apareció un diagrama, dándome la excusa perfecta para mirar a otro sitio.

Mi Atlas se iluminó y encontré la misma imagen en la pantalla, con bastante espacio alrededor para tomar notas.

ÓRDENES FAE

TAENIA

(Órdenes parásito)

Vampiro

Sirena y tritón

MUTATIO

(Órdenes mutantes)

Dragón

Mantícora

Grifo

Cerbero

Pegaso

Licántropo

León de Nemea

Hidra

Etón

Quimera

DIVISUS

(Órdenes divisorias)

Minotauro

Medusa

Centauro

Cíclope

Esfinge

Arpía

Me quedé mirando los nombres fascinada, todavía sin ser capaz de creerme que todas estas criaturas existieran de verdad.

Orion se giró para volver a mirarnos.

—Cada uno de ustedes pertenece a una Orden y para la mayoría habrá sido visible desde la infancia. A ver, levanten las manos: ¿quién no sabe aún cuál es su Orden?

Tory y yo levantamos las manos despacio, Diego también. Miré a mi alrededor y vi alguna que otra mano más levantada. Me alivió saber que no estábamos solas en esto también.

Orion asintió con firmeza.

—Escríbanme un e-mail después de clase. —Volvió a girarse hacia la pizarra sin dar más explicaciones—. Los Taenia tan solo tienen un puñado de divisiones; sin embargo, si tuviera que escribir todos los Mutatio en la pizarra, estaríamos aquí hasta la semana que viene.

Miré la lista, atónita ante «Licántropo», «Dragón», «Medusa», «Cíclope» y todos los demás.

Orion señaló la columna central.

—La forma más sencilla de distinguir a alguien de una Orden Mutatio es que pueden transformarse por completo en una criatura sin ningún rasgo humano.

Es fácil confundir las Órdenes Divisus con las Mutatio, pero la mejor forma de diferenciarlas es que las Divisus mantienen algunos rasgos humanos cuando mutan a su forma mágica.

Los Taenia más comunes se distinguen de los otros dos tipos de Órdenes porque no pierden su forma Fae en ningún momento, excepto una sola característica.

¿Alguien sabe qué característica de las sirenas y tritones cambia cuando asumen sus poderes?

—Miró a toda la clase y yo miré a mi alrededor.

Muchos de los alumnos habían levantado la mano.

Orion eligió a una chica del fondo con el pelo trenzado.

—Les salen escamas. —Movió la mano para reflejar la luz y un brillo azul resplandeció por su piel—. Son muy resistentes y perfectas para nadar.

—Correcto —la felicitó Orion, y yo lo apunté en mi Atlas, debajo de «Sirenas y tritones»—. ¿Y qué rasgos cambian en los vampiros?

—Los dientes —intervino Tory con un tono mordaz.

Algunos de los compañeros de clase se rieron disimuladamente y se me erizaron los pelos de la nuca.

—Correcto, señorita Vega. —Orion apoyó las dos manos abiertas sobre la mesa y estiró hacia atrás el labio de arriba.

Se me encogió el estómago cuando sus caninos adoptaron una forma puntiaguda. Puso una sonrisa oscura y luego se pasó la lengua por los dientes mientras se volvían a retraer.

Me latía el corazón con pesar en el pecho. «¿Un vampiro? ¿Como Caleb?».

Arrugué la nariz mirando a Orion, viéndolo de una forma completamente diferente. Y no buena, precisamente.

—¿Y cuál es el propósito de los colmillos de un vampiro? —preguntó.

—¡Succionar la magia de las otras Órdenes! —gritó Ky­lie, aparentemente emocionada.

—Correcto —dijo Orion con un brillo hambriento en la mirada—. ¿Algún voluntario?

Una risa nerviosa recorrió el aula y a mí se me retorció el estómago.

—¿No? —insistió Orion, paseándose despreocupado por los pasillos entre las mesas—. Porque en Solaria, los Fae no pedimos lo que queremos, ¿verdad?

Se paró junto a la mesa de Diego y el muchacho abrió mucho los ojos.

—¿Nombre? —preguntó Orion.

—Diego Polaris —contestó—. Y, como profesor, señor, no creo que tenga ningún derecho a pedir sangre.

Como respuesta, Orion agarró el brazo de Diego y se lo llevó a la boca, clavándole los colmillos.

Se me puso el corazón en la garganta cuando Diego soltó un grito de dolor y, sin darme cuenta, me puse de pie de un salto.

—¡Déjelo! —exigí, y Orion dejó de morderlo, secándose la sangre de las comisuras de los labios.

Diego parecía un poco debilitado, y parpadeaba perplejo mientras se sujetaba la muñeca sangrienta lo más alejada posible de Orion.

—¿Algún problema, señorita Vega? —replicó Orion, arqueando las cejas mientras me contemplaba.

Yo miré por encima del hombro a Tory y ella sacudió la cabeza para advertirme. Me hundí en mi asiento, con el corazón palpitándome en los oídos. No le respondí, pero sí aparté los ojos, asqueada.

«Cerdo».

Orion volvió a su escritorio y se dejó caer en la silla de cuero.

—Tienen diez minutos para describir las formas cambiadas de cada Mutatio en la tabla. Vamos. —Cogió la taza de café, la vació de un trago y se reclinó sobre el respaldo de la silla, deslizando con el pulgar la pantalla de su Atlas.

—Genial, pues nos quedamos diez minutos sin hacer nada —comentó Tory en voz baja, cruzándose de brazos.

Yo asentí, apretando los labios.

Tras unos minutos con una actividad que no podíamos completar, miré a Diego.

—¿Estás bien?

Él asintió, aparentemente en paz con el horrible ataque de Orion. Volvió la vista a su Atlas y continuó escribiendo las respuestas.

Deslicé la mirada hacia Orion, que sonreía con algo que estaba leyendo en su Atlas. Le brillaban los ojos con un deseo profundo, y me tuve que recordar con insistencia que tan solo era una bestia con una cara bonita. Igual que Caleb.

—Qué bueno está Orion —susurró Kylie, pero su voz llegó hasta mis oídos.

—Sí. Y lo sabe. —La chica a su lado tuvo que taparse la boca para amortiguar la risa.

—Claro que lo sabe, porque tiene oído de vampiro. —Orion levantó la vista del escritorio, clavándoles una mirada afilada—. Y, si no quieren pasar la semana que viene castigadas, les sugiero que se guarden para ustedes lo que piensan de mí o de cualquier otro miembro del claustro.

Las chicas se quedaron boquiabiertas y a mí se me escapó una risa.

—¡Venga ya, profesor, como si no le encantara que un grupito de niñas babee por usted! —gritó Tyler desde la primera fila, metiéndose una mano en el pelo de punta rubio para despeinárselo.

Orion se levantó de la silla y se acercó hacia el chico con una sonrisa que decía que le había hecho muchísima gracia.

El chico sonrió de oreja a oreja cuando Orion llegó hasta su mesa.

Con un movimiento rápido y repentino, golpeó la cabeza de Tyler contra el pupitre; toda la clase ahogó un grito, y a él se le desvaneció la sonrisa.