El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

La adrenalina todavía me bombeaba la sangre cuando utilicé el poder del aire para entrar, iluminando el símbolo sobre la puerta y accediendo a una cámara circular en la base de la torre. Me vibraban los dedos con el cosquilleo de la magia y no podía contener la sonrisa que me tiraba de los labios.

«He saltado desde lo alto de una torre y he sobrevivido. Además, sin despeinarme».

Me pasé la mano por las ondas del pelo con una reacción emocional bastante intensa.

Había empezado a teñirme las puntas de azul hacía un año.

No era una especie de declaración ni un grito de ayuda.

Era una manera algo retorcida de recordar uno de los momentos más oscuros y esenciales de mi vida que estaba decidida a no olvidar jamás.

A un lado del atrio, el suelo de piedra gris se encontraba con una escalera de mármol blanco. Me dirigí al centro del espacio, mirando asombrada la impresionante escalera que subía en espiral.

Respiré despacio, con el miedo y las expectativas mezclándose en mi estómago mientras pisaba los escalones. El ruido de mis Converse contra la piedra era lo único que se oía y, al subir varios tramos, me encontré con el camino cortado.

Seth estaba solo, con los brazos cruzados y los ojos entrecerrados. Se palpaba la electricidad entre nosotros y tuve la sensación de que iba a estallar una tormenta en cualquier momento. Sin embargo, sacó una mano con un triángulo plateado en la palma con una llave larga colgando.

—Planta once, habitación tres.

Se me abrió un poco la boca, pero no salió ninguna palabra de mis labios cuando acorté la distancia entre nosotros y cogí la llave. Una sensación triunfal me envolvió igual que una brisa de verano.

«Le he ganado en su propio juego».

—Enhorabuena —me felicitó, sin ganas y con frialdad—. Has sobrevivido al primer día en el infierno. A partir de ahora, cada día será peor. ¿Estás segura de que no quieres abandonar Zodiac?

Agarré la llave, cerrando el puño alrededor del metal frío que se me clavó en la palma.

—¿Qué más te da que yo esté aquí o no? Es evidente que no nos vamos a llevar bien, así que mejor no interponernos en el camino del otro.

Intenté rodearlo, pero él me bloqueó el paso apoyando el hombro contra la pared.

Me estaba empezando a cabrear.

Estiró un brazo, rozándome el pelo con los dedos y enredándose un mechón.

—¿Por qué no dejas de tocarme así? —Me aparté hacia un lado.

Él hizo un ruido gutural.

—Porque soy un Alfa, nena. Y esta es mi forma de mostrarte quién manda aquí. Tienes que ir olvidándote de rebelarte contra mí porque no vas a ganar. —Apretó la mano en mi pelo y rechiné los dientes, negándome a soltar un quejido.

—No tengo ninguna intención de rebelarme contra ti, Seth —dije todo lo tranquila que pude—. Solo quiero irme a la cama.

Él sonrió, tirándome aún más fuerte del pelo y retirándose por fin, haciéndome un gesto para que pasara. Puse los hombros rectos y pasé a su lado. Noté su mirada sobre mí todo el camino y tuve que contenerme la necesidad de frotarme la nuca.

—¡Me debes tu pelo! —gritó.

La ira por mi cuerpo era rápida y ardiente. Aceleré el paso hasta un trote, queriendo poner toda la distancia posible entre Seth y yo.

Cuando llegué a mi planta, agradecí que no hubiera nadie por allí. Aunque escuché unos gritos de pánico de algún lugar más arriba y me pregunté si quizá algún otro novato no había superado el primer día con la misma facilidad.

Recorrí el pasillo de piedra; había diez puertas, cinco a cada lado. Metí la llave en la puerta de la habitación tres y entré con un suspiro de alivio.

Con mi movimiento, se encendió una luz sobre mi cabeza y una sonrisa me capturó los labios.

La habitación tenía el suelo de madera oscura y había una cama individual a un lado, con sábanas blancas y almohadas esponjosas.

Las paredes eran de la misma piedra gris que el resto de la torre y barrían hacia la ventana vertical al fondo de la habitación.

Era más alta que yo y tenía dos contraventanas pesadas.

A mi izquierda había un escritorio largo y sobre él, unas repisas con libros y cuadernos.

Una hilera de lápices blancos reposaba sobre el escritorio; mis dedos vibraron con la necesidad de tocarlos.

Habían pasado años desde la última vez que había sentido la inspiración de dibujar algo.

Siempre hacía que me sintiera mejor, que me olvidara del mundo.

Si no hubiera estado tan agotada, probablemente habría aprovechado la oportunidad, después de la noche que había tenido.

Junto a los lápices había un objeto delgado, brillante y blanco. Parecía un teléfono grande o un iPad pequeño, con unos cuantos botones rectangulares por la parte de abajo y un bolígrafo digital enganchado a un lado.

Pasé los dedos por la pantalla y sonó un ruido como el de un carrillón de viento cuando el símbolo de la casa Aer apareció en negro sobre un fondo blanco.

Sonó una suave voz masculina mientras la imagen se disolvía y aparecieron varias hileras de aplicaciones.

«Bienvenida a Zodiac Academy. Este es tu Atlas.

Se ha añadido tu perfil a nuestra base de datos.

Ya puedes llamar o escribir a tus amigos.

Haz clic en las aplicaciones para ver tus horarios, eventos, partidos de Pitball y resultados; además de toda la programación didáctica del trimestre.

Si necesitas ayuda, solo tienes que enviar un mensaje directo al director de tu casa y te ayudará con cualquier problema que tengas».

—Sí, seguro —murmuré, cogiendo el Atlas y buscando la larga lista de contactos.

Escribí el nombre de Tory en el buscador, pero no apareció ningún resultado.

Cuando escribí «Vega», encontré mi nombre apuntado como Gwendalina y el de Tory como Roxanya.

Cambié el mío a Darcy y dejé el dedo flotando sobre el nombre original de Tory, pensando en las personas que se lo habían puesto.

¿En serio podían haber sido el rey y la reina de este mundo desconocido?

Siempre había creído que éramos huérfanas, pero ahora era casi peor saber que nuestros padres habían elegido deshacerse de nosotras.

Orion pensaba que estábamos en peligro, pero ¿de qué?

Y, en caso de que eso fuera verdad, ¿por qué intercambiarnos por unos niños humanos cualesquiera y ponerlos a ellos en peligro en nuestro lugar? Me parecía muy cruel.

Seth había mencionado que Solaria estaba mejor sin el reinado de mi padre, pero a juzgar por la maldad que había visto en él esta noche, no sabía si podía creerme nada de lo que decía.

Me rendí y dejé de intentar encontrar respuestas a las preguntas que no acababan nunca en mi cabeza. El cansancio me atrapó y comprobé la hora en mi Atlas. Eran casi las tres de la madrugada.

Bostecé, me quité los zapatos y me dejé caer en la cama mientras llamaba a Tory. Recé por que respondiera. Teníamos mucho de lo que hablar y medio esperaba que su noche en Ignis hubiera sido más fácil que la mía aquí. Sin embargo, no sé por qué, lo dudaba.

Los carrillones de viento me llamaban: tilín, tilín, tilín. El ruido era cada vez más fuerte y persistente. Rodé en la cama con un gruñido. Descubrí que me había quedado dormida completamente vestida y con la cara aplastada contra mi Atlas.

Lo que había pasado Tory sonaba incluso peor que lo que yo había sufrido.

Ella era fuerte de narices, pero yo siempre me daba cuenta de cuando estaba sufriendo en silencio.

Al teléfono solo me había parecido que estaba enfadada, pero no me habría extrañado que se le hubiera escapado alguna que otra lágrima después de lo que Darius le había hecho.

Al final, las dos estuvimos de acuerdo en que teníamos que intentar aprovechar al máximo esta oportunidad increíble.

Unos cuantos abusones no iban a fastidiarnos toda una vida de posibilidades.

Aun así, teníamos que empezar a aprender sobre este mundo lo más rápido posible si queríamos sobrevivir.

Reclamaciones de tronos, sangre real... era demasiado que asimilar sin tener ni puñetera idea de lo que significaba.

Y los Herederos no tardarían en darse cuenta de que no estábamos aquí para robarles nada.

Con todo eso en mente, tenía ganas de mi primera clase, de aprender todo lo que tenía que saber sobre mis poderes recién adquiridos. Estaba ansiosa por sentir su beso en las palmas de mis manos otra vez.

El carrillón seguía sonando y me di cuenta de que el sonido provenía de mi Atlas. Miré la pantalla iluminada con los ojos entrecerrados y leí la notificación.

¡Tu horóscopo diario te está esperando, Darcy!

Hice clic en el mensaje y apareció un cielo estrellado en la pantalla, resplandeciendo con intensidad a medida que las palabras se iban formando con letras plateadas.

¡Buenos días, géminis!

Las estrellas han hablado sobre tu día.

Has vivido recientemente un cambio transformador, pero ahora que el polvo se ha estabilizado, te sientes extrañamente cómoda en un paisaje nuevo.

Las nubes se están despejando y casi puedes volver a ver el sol brillar.

Pero no te apresures demasiado. Marte todavía está proyectando su sombra sobre tus movimientos este mes y parece que ha venido a quedarse un poco más.

Entre un libra y un acuario, puede que tu día se complique ligeramente, pero si recurres a tus instintos de géminis, encontrarás la manera de superar todas las pruebas que te encuentres.

Fruncí el ceño. ¿Mis instintos de géminis? Recordé que mi signo del zodiaco describía a los géminis como optimistas y hoy tenía la sensación de que encajaba con esa suposición.

Apareció otro mensaje en el Atlas.

Tu clase de Magia Cardinal empieza en treinta minutos, Darcy.

Haz clic aquí para ver el mapa.

Pulsé el botón y apareció una ruta que me sacaba de la Torre Aer hacia la Órbita, en el centro del campus. Había un grupo de edificios rodeándola, con nombres de los planetas. Mi clase era en el Edificio Júpiter.