El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

Seguí al grupo del Elemento Fuego fuera de la Órbita por un sendero serpenteante que rodeaba el ala sur del edificio antes de bajar por una colina empinada.

A cada lado del sendero, unos pilares de piedra se elevaban cada pocos metros, con unas llamas que ardían sobre ellos.

A medida que los alumnos más mayores pasaban por delante de ellos, las llamas adoptaban formas de diferentes criaturas y se me abrió la boca admirando los caballos, lobos, aves y hombres hechos únicamente de fuego.

Mi mente quería clasificarlo como una especie de ilusión, pero sabía que no lo era.

El poder que se agitaba en mi interior respondía al fuego y cada resplandor de magia que le daba forma deseaba poder soltar mi propia magia sobre las llamas pese a no tener ni idea de cómo hacerlo.

Sofia se abrió paso entre la multitud hasta que me alcanzó, ofreciéndome una sonrisa amable cuando la miré. «Menos mal que no soy una apestada total».

La mayoría de los alumnos me estaban evitando y tenía la impresión de que ofender a los Herederos Celestiales me había puesto en el punto de mira. Al menos no tendría que preocuparme de enviar felicitaciones navideñas, ya que probablemente yo no iba a recibir ninguna.

—Bueno, está claro que sabes hacer una entrada triunfal —comentó Sofia, curvando la esquina de los labios con una sonrisa.

Yo resoplé.

—No sé mantener la boca cerrada —admití—. En el sitio de donde vengo aprendí por las malas que la vida te va a dar muchos golpes, pero la única cosa que no tienes que aceptar son las tonterías de los demás.

Algunos de los alumnos de primero escucharon mi comentario y se apartaron incómodos de mí. Supuse que les preocupaba que mi estatus de persona non grata fuera contagioso. Y a lo mejor lo era, pero a Sofia no parecía importarle correr ese riesgo.

No paraba de pensar en Darcy, en si estaría bien con el Heredero de aire.

Seth parecía un poco menos gilipollas que los otros tres a simple vista, pero no podía estar segura.

«Dios los cría y ellos se juntan y tal».

Solo esperaba poder hablar con ella en el desayuno para asegurarme de que estaba bien.

Nuestras vidas nunca habían sido precisamente fáciles, pero ella no había desarrollado una piel tan gruesa como la mía y la idea de que esos cretinos le tocaran las narices sin que yo pudiera defenderla me provocó un escalofrío de ira por todo el cuerpo.

—La verdad es que a mí me gustaría tener los ovarios para oponerme a los Herederos como tú y salir ilesa —confesó Sofia—. Tampoco tengo ningún motivo para hacerlo, ni la intención de encontrar alguno.

—Yo no diría que he salido ilesa —murmuré, llevándome un dedo a la piel dolorida del cuello donde Caleb me había mordido.

Sofia siguió el movimiento de mi mano con la mirada y se acercó para inspeccionar la herida.

—Ya. Supongo que no sabías que Caleb era de la Orden vampírica cuando lo provocaste, ¿no?

Cuando dijo que era un vampiro, sentí un cosquilleo frío por la espalda.

Evidentemente, esa palabra se me había venido a la cabeza después de lo que me había hecho, pero la simple idea me parecía tan...

descabellada que mi cerebro no había querido reconocerla.

No estaba segura de si la idea de que existieran criaturas mágicas me resultaba más difícil de asimilar que la de la magia en sí, pero simplemente pensaba que iba en contra de todas las leyes de la naturaleza, al menos las que pensaba que conocía.

—No sabía que existía la posibilidad de que alguien fuera un vampiro antes de que me atacara —susurré—. Y, ahora que me ha mordido, ¿supongo que voy a empezar a sentir sed de sangre o apetito por sándwiches de dedos o algo así?

Sofia se rio, sorprendida.

—Es verdad que no tienes ni idea de cómo funciona nuestro mundo, ¿no? ¡Te crees que salimos de los cuentos de hadas!

—Entonces, ¿no me van a salir colmillos? —verifiqué, ignorando la sutil burla. Sabía que no lo había hecho con mala intención. Pero tampoco me hacía mucha gracia ser un experimento científico.

—No. Los vampiros son simplemente una Orden Fae.

Cada Orden alimenta su magia de formas diferentes.

Los vampiros no pueden producir la suya propia, así que tienen que dominar a los demás para quitársela.

Como estamos en primero, vamos a tener que soportar muchos golpes, todavía no nos podemos defender con nuestra magia y superarlos en fuerza es muy complicado.

Siendo tu magia tan fuerte, seguramente te darás cuenta de que llamas mucho la atención de los vampiros mientras sean capaces de dominarte, así que lo mejor es que te acostumbres.

—Perfecto. Siempre he querido ser una comida con patas —ironicé con sequedad, tomando nota mental para evitar a todos los vampiros hasta que tuviera la fuerza suficiente como para enfrentarme a ellos.

Lo que sería mucho más fácil si supiera cómo distinguirlos.

Eché un vistazo a los dientes de Sofia, preguntándome si vería algún colmillo.

Ella sonrió ante mi broma y confirmé que no tenía colmillos.

—A veces, los vampiros más fuertes reclaman como suya una fuente de poder...

—En esa situación, ¿yo soy la fuente de poder? —pregunté.

—Eh... sí. —Sofia se encogió de hombros, compungida—. Pero si Caleb decide que le gusta el sabor de tu poder, quizá quiera tenerte solo para él y, como es uno de los vampiros más poderosos del colegio, los demás tendrán que rendirse ante su dominación.

—¿Y eso significa que solo podría morderme él? —confirmé, empezando a entender lo que quería decir con todo esto, sin estar muy segura de que me gustara un pelo.

—Bueno, sí. Pero míralo de esta forma: si es así, solo tendrás que preocuparte por un vampiro en lugar de por toda la Orden.

Además, los vampiros ni siquiera son la Orden más peligrosa del colegio; algunas de las criaturas podrían matarte sin piedad si las pillas en el momento equivocado.

Al menos los vampiros te necesitan con vida.

Y si tuviera que elegir a un vampiro para que me sujetara contra una pared y me baboseara por todas partes, Caleb Altair estaría el primero en mi lista.

Se me escapó una risa, sorprendida de ser capaz de algo así después del calvario que había vivido, aunque tenía que admitir que Sofia tenía algo de razón.

No me entusiasmaba la idea de que un vampiro me mordiera, pero si tuviera que elegir uno, Caleb, con sus despeinados rizos rubios, sus ojos azules tan profundos como el océano y su cuerpo de anuncio de ropa interior, probablemente sería el primero de la lista.

O lo sería, al menos, si no fuera tan gilipollas.

Antes de que pudiera expresar mi opinión sobre la ausencia de límites personales de Caleb Altair y su aura general de imbécil engreído, el grupo de alumnos se detuvo y presté atención al motivo.

A los pies de la colina vi el edificio al que nos dirigíamos, aunque el término «edificio» no parecía ser el más apropiado.

Una puerta arqueada atravesaba lo que parecía una roca descomunal, pero las nubes habían cubierto las estrellas y no conseguía ver nada más que una hoguera enorme ardiendo sobre la abertura.

La mayoría de los alumnos más mayores ya se había puesto en camino y solo los de primero y otros diez de los mayores nos habíamos quedado allí.

Darius se colocó delante de la puerta y las llamas de la plataforma situada sobre ella adoptaron la forma de un dragón gigante.

Los detalles de la bestia eran alucinantes: el cuerpo era de un rojo oscuro con destellos dorados delineando cada una de las escamas y los dientes, que parecían lo suficientemente afilados como para morder.

La bestia de fuego desplegó unas alas inmensas expandiéndose a cada lado al tiempo que abría la boca.

El corazón me palpitaba ante semejante demostración de magia. Entonces, el dragón se giró directamente hacia mí. Sabía que la criatura no era real, pero había algo que me daba la sensación de que era más que un espejismo.

Con un rugido creado con el estruendo de las brasas, el dragón sopló un torrente de fuego sobre nuestras cabezas, provocando el chillido de muchos de los de primero, que se agacharon hacia un lado.

Yo me mantuve firme, simplemente echando la cabeza hacia atrás cuando el calor del fuego me calentó la piel y el poder en mi interior vibró agradecido.

Empezaba a notar que parte de lo que Caleb me había robado estaba volviendo a mí y mi magia parecía elevarse con las llamas del dragón como si estuviera saludando a un viejo amigo.

—El fuego es el Elemento más potente de todos —anunció Darius—.

Trae luz a la oscuridad, calienta el frío y puede destruir todo lo que se interponga en su camino.

Solo quienes hayan nacido con las venas repletas del calor del sol y los corazones ardientes con el auténtico poder de las llamas pueden entrar en nuestra casa y reclamar su puesto entre nosotros.

Miré a Sofia. Quería preguntarle de qué iba todo esto, pero el silencio que había caído sobre el grupo de novatos me silenció.

—Bien. ¡¿Quién quiere ser el primero en intentar ganarse el acceso a la mejor casa de Zodiac Academy?! —gritó Darius, abriendo los brazos delante de la puerta como un monstruo protegiendo su fortaleza.

Los demás alumnos se miraban los unos a los otros. Ninguno parecía estar dispuesto a ser el primero. Bastantes pares de ojos se giraron hacia mí y me pregunté si mi título de la desaparecida Heredera Vega significaba que yo debía ser la primera.

Mientras me lo pensaba, Darius me miró a los ojos entre la multitud y el desafío en su mirada era más que evidente. Me hervía la sangre con la necesidad de aceptar el reto y mis pies empezaron a moverse antes incluso de que yo terminara de tomar la decisión de enfrentarme a él.