El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

Alguien se rio por lo bajo y estaba bastante segura de que había sido Kylie.

Apreté los dientes. No soportaba sentirme tan vulnerable delante de todos.

Pero al menos los demás alumnos de primero estaban a mi lado.

Intenté alcanzar al que tuviera más cerca, pero no toqué a nadie y retiré la mano rápidamente.

Escuché movimiento a mi alrededor. Unos pies moviéndose y esa risilla extraña.

¿Cómo podían encontrar esto gracioso? ¡No sabía utilizar mis poderes! ¿El resto de los de primero habían tenido algún tipo de entrenamiento? A lo mejor yo era la única que no. Y, si eso era así, tenía que avisarles.

—¡Esperad! —grité con la voz estrangulada—. No sé lo que estoy haciendo.

—Lo averiguarás, nena —soltó Kylie.

Empecé a temblar, imaginándome la caída que había a mis pies.

—Cuando cuente tres, todos saltaréis y, si no evitáis golpearos contra el suelo, pues os estamparéis. Y si no saltáis, os empujaremos —explicó Seth con un tono alegre.

—¿Qué cojones? —dije perdiendo los nervios.

—¡Una! —anunció Seth, haciendo oídos sordos.

Yo sacudí la cabeza mientras el pánico me hacía trizas el corazón. No sabía qué estaba haciendo. ¿Cómo me iba a salvar con un poder que acababa de descubrir que tenía hacía tan solo unas horas? Me froté las manos, intentando atraer de nuevo ese cosquilleo, pero no me hacía caso.

—¡Dos!

Una voz tranquila y determinada en mi cabeza me dijo que tenía que hacerlo. No podía ser el eslabón débil de este desquiciado grupo de estudiantes. En el colegio siempre había jerarquías y, si me rendía ante el primer obstáculo, nunca me ganaría mi lugar aquí.

—¡Tres!

Respiré hondo, cerré los ojos y volqué toda la fe que tenía en mí.

Salté.

Caí al suelo. Alguien me quitó el saco de la cabeza y unas risas estridentes me llenaron los oídos. Tardé un rato en darme cuenta de que había saltado de un escalón en el centro de una sala abarrotada. Habían apartado al resto de los de primero para que todos me vieran hacerlo. A mí sola.

El calor me abrasaba las mejillas, el cuello, todo el cuerpo. Quería desaparecer, esconderme de esos ojos burlones y no volver a salir nunca más.

El frío que había sentido venía de las manos abiertas de varios de los alumnos más mayores. Ahora que ya habían terminado con la broma, el viento desapareció y ellos se reían histéricos. Los de primero se reían con las mismas ganas, con los sacos de lino en las manos.

Seth apareció de entre la multitud con la sonrisa lobuna.

—No ha tenido gracia —repliqué, intentando poner una sonrisa.

Él me agarró de la muñeca y me arrastró hacia delante, otra vez tocándome por todas partes. Su mirada crepitante me apagó la sonrisa como una llama entre las yemas de unos dedos.

—Lo que no tiene gracia es que tu hermana y tú os plantéis aquí como si nada para robarnos nuestro trono.

Nos hemos dejado el culo para ganarnos este derecho.

Nuestras cuatro familias llevan casi veinte años gobernando desde la caída del rey Vega, y Solaria ha sido mucho mejor desde entonces.

Nuestros padres se dividen el poder entre ellos y, como hijos del Consejo Celestial, pronto asumiremos esa responsabilidad.

Así que no tenemos ninguna intención de quedarnos de brazos cruzados y dejar que nos quitéis el trono y volváis a convertir Solaria en el saco de mierda que era cuando gobernaba tu padre —escupió con una inmensa crueldad en la mirada.

No quedaba ni rastro de amabilidad y su tacto ya no era curioso, sino posesivo y degradante.

Sus palabras metieron mi mente en una espiral desesperada al intentar entenderlas.

—No quiero vuestro trono. —Intenté soltarme la muñeca de su mano, pero no pude.

Me giró hacia los demás.

—¿Quién quiere que la tiremos de la torre de verdad?

—¿Qué? —Ahogué un grito cuando toda la casa Aer gritó entusiasmada—.

¡Suéltame! —Empujé a Seth con el hombro, pero apenas se dio cuenta, tirando de mí por un vestíbulo de piedra gris lleno de alfombras de lana y sillones color crema.

Seth me lanzó contra unas puertas de cristal enormes que daban a un balcón y el miedo se extendió por mi cuerpo como un incendio forestal.

Los alumnos más mayores se amontonaron detrás de nosotros mientras Seth me empujaba hasta el borde, donde un muro de piedra nos separaba de un mar de nada.

—¡¿Se te va la olla?! —grité desesperada mientras seguía intentando soltarme de sus manos.

El grupo que antes no paraba de tocarlo levantó la cabeza hacia el cielo y empezó a aullar. El ruido penetrante me atravesó el corazón.

Me agarré a las manos de Seth cuando me levantó, colocándome en lo alto del muro.

Me negué a bajar la vista, mirando a través de los cristales hacia el vestíbulo donde todos los miembros de la casa Aer se estaban peleando por un sitio con vistas privilegiadas.

Seth me lanzó una mirada, el rey de este grupo de enfermos mentales. No quería rogarle, pero la muerte parecía estar a un empujón y no sabía hasta dónde estaba dispuesto a llegar con todo esto.

—Por favor, déjame bajar —supliqué, solo a él, con la voz traicionando mi miedo al temblar con la última palabra.

Seth inclinó la cabeza con una sonrisa de suficiencia y vi a Kylie abriéndose paso entre la multitud para llegar hasta él. La miré, con la esperanza de que quizá le dijera que me bajara, pero, en realidad, solo venía a entrelazar las manos con él y a mirarme con una sonrisa despiadada.

—Salta —dijo Kylie con los ojos brillantes.

Se me cerró la garganta cuando busqué una sola cara amable entre los allí presentes y no la encontré. Estaba sola. Y la única persona con la que podía contar era yo misma. Me la habían jugado.

Apreté los puños.

—Dejadme bajar.

Seth soltó la mano de Kylie y se acercó hasta el muro para agarrarme por los tobillos. El miedo me golpeó como un rayo. Mi vida estaba en sus manos, podía soltarme en cualquier momento.

—Está bien —afirmó Seth tras una pausa larga—. Pero solo podrás bajar cuando te cortes todo el pelo.

En ese momento, Kylie se sacó unas tijeras del bolsillo y se las pasó a Seth con veneno en la mirada.

—¡¿Qué?! —grité.

—O eso, o saltas. —Seth se encogió de hombros y las risas emergieron de todas direcciones.

Quería hacerme una bola, pero me negaba a que me vieran romperme. Estaba claro que este había sido su plan todo el rato. Quería ridiculizarme. Quería que toda la casa se riera de mí, humillarme sin remedio. No solo quería arrebatarme el pelo, también la dignidad.

El viento me empujaba por la espalda y un cosquilleo de energía cobró vida en mis dedos. El aire se movía entre mis manos, bailando, flotando, completamente bajo mis órdenes.

Se me cerró la garganta y miré hacia atrás por encima del hombro. El corazón me gritaba que no lo hiciera, pero esta era la única manera de que Seth Capella no me destruyera en mi primer día en Zodiac Academy.

Juntó las cejas cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de hacer.

Cogí aire y sentí cómo se movía por mi cuerpo con una promesa. Solo debía tener una fe ciega en esa sensación. Era lo único a lo que podía aferrarme cuando me tiré al vacío.

Escuché gritos mientras atravesaba el aire. Mi corazón intentaba liberarse de mi pecho. Caí y lo perdí de vista todo con un pánico que me invadía y se aferraba a cada célula de mi cuerpo.

Extendí los brazos desesperada, consciente de que el tiempo pasaba. Que solo estaba a unos metros de estrellarme contra el suelo.

El pozo de mi interior se derramó y sentí que algo cambiaba. Un subidón de energía como un huracán se desencadenó dentro de mi cuerpo. En cuanto alcanzó la punta de los dedos, el poder explotó en una ráfaga gigantesca. En el último segundo, le rogué que frenara la caída y me detuve de golpe.

Me quedé suspendida en el aire, sin gracia, pero completamente viva. Miré hacia abajo, al suelo, a tan solo unos metros.

Había estado a punto de fallar. De morir. Cuando escuché los vítores que llegaban desde arriba, una sonrisa me tiró de los labios. El cojín de aire reventó y me desplomé en el suelo.

Sentí un subidón de adrenalina. Me temblaba el cuerpo entero. Sin embargo, estaba viva. Y, de momento, me había ganado mi lugar con creces en Aer. Y, por los gritos, parecía que el resto de la casa era consciente de ello.