Capítulo 5 #2
Cuando miré a las nuevas incorporaciones de Max para Aqua, me sentí muy aliviada por no estar en esa casa.
Les había hecho hacer el pino y les estaba vertiendo agua por encima.
Sacudí la cabeza incrédula al ver que los profesores continuaban con sus conversaciones como si eso fuera aceptable, incluso cuando uno de ellos empezó a atragantarse.
Vi a Tory en una conversación tensa con Darius, pero sabía que tenía la situación bajo control. Mi hermana era muy fuerte. Aunque iba a echarla mucho de menos.
Nos dirigimos al este de la Órbita y Kylie se separó de mí para irse con una chica de ojos muy grandes y pelo negro.
Pasamos frente a un edificio de piedra que parecía rodear la Órbita y una estructura gigantesca que parecía la luna creciente. Seth caminaba con un pavoneo emocionado mientras lo seguíamos por el sendero serpenteante hacia una densa arboleda en la distancia.
Tenía el corazón acelerado y miré a mi alrededor en busca de alguna cara amable entre todos los que pasaban por mi lado, pero nadie me prestaba atención.
Entramos en el bosque y el brillo ámbar de las antorchas iluminó el camino. Los árboles se agrupaban a cada lado del camino y se arqueaban sobre nuestras cabezas. Sentí un escalofrío por la piel seguido de un subidón de adrenalina.
Una parte de mí había estado esperando despertar mañana y descubrir que había sido todo un sueño.
A pesar del miedo que me habían metido los Herederos, este lugar me llamaba.
Era hermoso y una vibración en lo más profundo de mi alma me decía que este era mi sitio.
Como si las estrellas hubieran estado esperando a que llegara aquí.
Salimos de la arboleda para alcanzar la cima de un acantilado al que llegaba el sonido de las olas rompiendo a sus pies.
Una torre enorme se alzaba imponente sobre nosotros, con los ladrillos gris oscuro, antiguos y gastados.
Había unas ventanas verticales construidas en los muros y, en lo más alto, una enorme turbina de madera que se movía con un viento que yo no notaba.
Seth se giró para mirarnos, de pie delante de una puerta arqueada de hierro negro.
Encima, tallado en la piedra, había un símbolo: un triángulo con una línea horizontal cruzando la mitad superior.
Seth levantó una palma y el símbolo resplandeció con una luz blanca intensa, acelerándome el corazón por la emoción.
La puerta de hierro hizo un ruido metálico, abriéndose.
—Novatos, venid todos aquí porque solo voy a decir esto una vez —anunció Seth.
El grupo de unos cincuenta novatos y yo nos adelantamos. Me puse al lado de Kylie, entre ella y un chico que llevaba un gorro de lana y tenía la mirada tan ilusionada como yo.
Seth devoró nuestra atención, pasando la mirada por todos nosotros mientras algunos de los alumnos más mayores se agrupaban alrededor de él.
Muchos le rozaron los hombros o le dieron palmadas en la espalda y los brazos.
Era muy extraño, pero él les dejaba hacer como si fuera algo que ocurriera a menudo.
—No entraréis en Aer a no ser que uséis vuestro poder sobre ese símbolo. —Señaló el triángulo sobre la puerta—. Como es vuestro primer día, ya he abierto, pero si a partir de mañana no sois capaces de conjurar aire, no tendréis una cama en mi casa.
Me froté los dedos, esperando ser capaz de volver a utilizar mi poder, a pesar de que no estaba del todo segura de cómo lo había hecho antes. El poder se retorcía dentro de mí, pero no sabía cómo llevármelo a las manos.
El chico que estaba a mi lado se movió sobre los talones con una energía ansiosa; me miró con una de las sonrisas más amables que había recibido hasta ahora. Relajé los hombros y le devolví la sonrisa, aliviada por la idea de tener un amigo en mi nueva casa.
—Bien. —Seth sonrió y, durante un momento, pareció un lobo hambriento que llevaba días sin comer—. Vamos a ello. —Movió los ojos hacia mí y curvó un dedo para que me acercara.
Se me secó la boca y tardé un segundo en hacer que se movieran mis piernas.
Él me giró para que mirara al grupo de alumnos de primero, pasándome un brazo por los hombros.
Sus dedos me rozaron la piel desnuda y me tensé, sorprendida por su contacto.
Intenté agacharme, pero me agarró por la espalda de la camiseta y tiró de mí hacia su cuerpo, poniéndome de pronto la mano en el pelo.
«¿Me estaba acariciando?».
—¡Iniciación! —gritó Seth, y el enjambre de alumnos más mayores que estaban detrás de los de primero se abalanzaron sobre ellos, cubriéndoles la cabeza con sacos de lino negro.
Seth no apartó la atención de mí y el corazón se me estrelló contra las costillas cuando movió la nariz hacia mi pelo e inhaló profundamente.
Sentí un escalofrío e intenté apartarlo, pero era terroríficamente fuerte.
De pronto, arrastró la lengua húmeda y caliente por mi mejilla y sentí un golpe de repulsión.
—¡Puaj! —Levanté una mano para darle una bofetada, pero él me agarró por la muñeca, con los ojos brillantes como si estuviéramos jugando a algún juego.
Se rio efusivamente.
—Tranquila, nena. Es mi forma de saludar.
El corazón se me relajó un poco cuando lo miré. Inclinó la cabeza y me contempló con un gesto inocente, derritiendo lo que me quedaba de rabia. Quizá en Solaria esto fuera normal. No quería que se me acusara de despreciar su cultura...
—Ya —dije incómoda—. Todavía estoy intentando entender todo esto.
Él se rio como si hubiera dicho algo gracioso y volvió a mirar al grupo, agarrándome con fuerza.
Los nervios me revolvieron el estómago al mirar hacia los novatos con el saco en la cabeza. Me fijé en que Kylie estaba a su lado, con una mano en la cadera. Obviamente, la novia del capitán de la casa tenía carta blanca.
—¿Cuál es tu Orden, nena? —me dijo Seth al oído, y me tembló el cuerpo por la intimidad del gesto.
—Mi... ¿qué?
—Ya sabes: sirena, vampira, licántropa... —Lo preguntó con una cierta curiosidad.
Alguien detrás de mí empezó a tocarme el pelo y estaba bastante segura de que me estaba haciendo una trenza.
«¿Qué cojones está pasando?».
—No sé a qué te refieres —admití, intentando mantener la mente despejada mientras Seth me acercaba la cara al cuello y volvía a inhalar con fuerza.
Se rio por lo bajo y se apartó.
—Pues parece que sí que eres muy del mundo mortal. No te preocupes, nena, esos poderes aparecerán pronto. —Asintió a alguien detrás de mí y me colocaron una bolsa de lino negro en la cabeza, cegándome en un instante. Me agarré a Seth. Mi respiración calentó rápidamente el aire que rodeaba mi cara.
Seth me soltó e intenté mantener la compostura al quedarme sola de repente. Se me aceleró el pulso esperando que pasara algo.
—Si no pasáis mi iniciación, no podréis quedaros en Aer, ¿entendido? —ladró Seth con una voz tan potente que no pude evitar estremecerme.
Los de primer año murmuraban cada vez más fuerte.
—Responderéis con «Sí, Alfa». Vamos a intentarlo de nuevo —ordenó Seth—. ¿Lo habéis entendido?
—¡Sí, Alfa! —gritaron los novatos, pero yo no conseguí hacerlo. Era demasiado humillante.
De pronto me tiraron contra un cuerpo robusto y estaba segura de que era el de Seth.
—¡Respóndeme, novata!
«Bah».
—Sí, Alfa —me obligué a decir entre dientes.
Él me soltó y me tambaleé hacia delante cuando él se alejó.
—¡Muévete! —Seth gritó como un sargento y unas manos me agarraron por los brazos, empujándome para que acelerara el paso. Noté un aire frío y el ruido de cientos de pisadas invadieron mis oídos.
El aire se volvió notablemente más cálido y supuse que estaba en el interior de la torre, ya que me habían llevado por un suelo de piedra. La punta de mis Converse chocaron con un escalón y casi me caigo, pero las manos que me sujetaban lo impidieron.
Empezamos a subir una escalera de caracol, girando una y otra vez.
Estaba mareada y tenía calor; y el miedo se estaba esforzando bastante para acojonarme.
Pero esto no era más que un juego. En los colegios mortales también se hacían esas cosas.
Solo tenía que superar esta noche. Aprobar la estúpida iniciación de las narices.
Luego, con un poco de suerte, tendría una cama calentita y un rato a solas para procesar todo este día.
Ya debía de ser pasada la medianoche y empezaba a notar el agotamiento en los huesos.
Alguien me pinchó en la espalda y gruñí cuando me obligaron a seguir subiendo.
Por fin, se acabaron los escalones. Me ardían los músculos de las piernas y jadeaba intensamente. A quien fuera que me estuviera sujetando no parecía faltarle el aire. Es más, no escuchaba a mi alrededor a demasiada gente tan cansada como yo.
«¿En tan baja forma estoy?».
—Adelante —ordenó Seth, y me empujaron por el suelo, girando a la derecha y a la izquierda.
Me golpeó un viento frío y un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando me di cuenta de que debería estar otra vez fuera.
—Os encontráis en la cima de la Torre Aer —anunció Seth, y varios murmullos de miedo se escaparon de algunos de los novatos.
Se me aceleraba el corazón conforme aumentaba el viento, presionándome en la espalda.
—Colocadlos en fila en el borde —gruñó Seth.
«¿En el borde?».
El corazón me dio un vuelco cuando las dos personas que me sujetaban por los brazos me arrastraron hacia delante. Clavé los talones en el suelo cuando uno de los de primero gritó:
—¡Esperad! —Y luego—: ¡No estoy preparado!
Me empujaron y luego me soltaron. Me tambaleé al borde de un precipicio, con los pies colgando.
Di un salto hacia atrás muerta de miedo, pero unas manos fuertes volvieron a empujarme.
—¡Tenéis el Elemento Aire dentro de vosotros, novatos! —nos gritó Seth desde atrás—. ¡El viento es vuestro aliado! Si no podéis aprovecharlo, no os merecéis vivir aquí. O vivir, en general.
El terror me aplastó el corazón y sacudí la cabeza al darme cuenta de lo que estaba a punto de suceder. El viento volvió a golpearme la espalda y se me escapó un quejido de miedo.