Capítulo 5
Le di un codazo al Heredero musculoso que me sujetaba lejos de mi hermana, y miré a mi alrededor en busca de alguien que hiciera algo.
—¡Suéltame! —grité.
La bestia seguía succionando el cuello de Tory como un auténtico desquiciado y ella forcejeaba furiosa para quitárselo de encima.
Conseguí retorcer la muñeca y soltarme de la mano de Max, estampándole el puño en el pecho.
Un aluvión de poder destrozó las barreras de mi piel y una tormenta de aire lo lanzó sobre las cabezas del vestíbulo abarrotado, golpeándolo contra la pared del fondo.
El corazón se me convirtió en un bulto de hielo, sólido e impenetrable.
Caleb soltó a Tory y todos se quedaron mirando impresionados lo que acababa de hacer.
Yo me miré las manos, temblorosas al empezar a asumir por fin la realidad de nuestra situación actual.
Podía hacer magia. Magia de verdad. Y la acababa de usar para lanzar a un tío de noventa kilos al otro lado de la sala.
«Y para cabrearlo profundamente, sin ninguna duda».
«Mierda».
—Te arrepentirás de eso —sentenció Darius con frialdad, apretando los músculos. El del pelo largo, Seth, con una mandíbula como tallada en mármol, miró a su alrededor sonriendo.
Tory empujó a Caleb, llevándose las manos al cuello y tambaleándose hacia mí.
—¿Qué coño te pasa, imbécil? —le dijo, y Caleb empezó a reírse. Varias chicas a nuestro alrededor se rieron con él, como si esto fuera con ellas, mirando esperanzadas a Caleb por unas migajas de aprobación.
«¿Todos los Fae mordían? ¿De qué especie son ellos?».
—¿Estás bien? —le pregunté a Tory, que se miraba los dedos manchados de sangre. Ella asintió con rigidez, claramente con el orgullo más herido que su cuello.
Miré a los profesores en el fondo de la habitación buscando a Orion y descubriendo que él era el único que nos estaba prestando atención. Una intriga salvaje le iluminaba los ojos y la furia se derramó por mis venas como magma. «¿Va en serio? ¡Se supone que es un profesor!».
Max reapareció, subiéndose las mangas mientras empujaba a la multitud como un rinoceronte en estampida.
—¡No te acerques! —bramó Tory, colocándose a mi lado mientras el miedo me aplastaba el corazón.
—¿O qué? —preguntó Darius. Su amigo Seth seguía riéndose como si esto fuera lo más divertido que había presenciado en su vida.
El grupito de animadoras se acercó, liderado por la chica de pelo castaño con una complexión digna de una guerrera vikinga.
—O lucharemos por nuestras reinas —anunció, y yo compartí una mirada de sorpresa con Tory.
Max abrió la palma como si estuviera a punto de lanzar un hechizo y el miedo me atravesó el corazón.
—¡Novatos de múltiples Elementos, es el momento de que elijan su casa!
—exclamó la directora Nova, apartándose de varios miembros del claustro con los que había estado manteniendo una conversación profunda.
¿Tan profunda que no había visto lo que uno de sus alumnos le había hecho a Tory?
Lo dudaba. ¿Qué clase de colegio permitía que sus alumnos se atacaran entre ellos sin ni siquiera una reprimenda verbal?
Los otros Herederos rodearon a Max, haciéndole retroceder negando con la cabeza, y suspiré aliviada.
Agradecí la excusa para ponerle fin al altercado con ellos y Nova dio unas palmadas para que nos diéramos prisa.
Tory y yo nos acercamos hasta el pequeño grupo de alumnos de primero que se había colocado frente a los profesores.
Los demás alumnos volvieron a sentarse, pero los Herederos se quedaron de pie, con los brazos cruzados y observándonos atentamente.
—Capitanes de las casas. —Nova les hizo un gesto para que se acercaran.
Yo me giré y se me hundió el estómago más y más, hasta que estuve bastante segura de tenerlo atascado en mi calcetín izquierdo.
Los cuatro Herederos Celestiales eran los capitanes de las casas.
«Cómo no»—. Anuncien el nombre de su casa y por qué los alumnos de primero deberían unirse a ustedes.
Y, para darle un poco de suspense, dejaremos a las nuevas Herederas para el final —añadió emocionada.
—Fantástico —ironizó Tory en voz baja—. ¿A qué gilipollas vamos a elegir?
—Humm. —Contemplé nuestras opciones con el ceño fruncido y ellos me devolvieron la mirada como si fueran a comernos. Es más, uno de ellos ya lo había intentado con Tory, así que ese quedaba automáticamente descartado.
Max fue el primero en dar un paso adelante, pasándose una mano por la cresta con una sonrisa de superioridad y el bíceps marcado.
Era una torre de masculinidad pura y sus ojos no albergaban nada más que una tormenta marina.
Miró a Nova, aunque, no sé por qué, tuve la sensación de que sus palabras iban dirigidas a nosotras.
—Centrada en el agua, la casa Aqua. Mi casa es para aquellos que tienen lo que hay que tener para enfrentarse al sangriento mar de la vida en Zodiac sin estremecerse.
—Gracias por una descripción tan poética —dijo Nova. Carraspeó y señaló al mordaz chico rubio, Caleb. El corazón me latió con más fuerza por la cara angelical que escondía un demonio.
—Centrada en la tierra, la casa Terra. Y terror es exactamente lo que experimentaréis si no encajáis. —Miró con firmeza a Tory y se me retorció el estómago en una bola apretada.
—Él no —susurró Tory, escupiendo veneno con la mirada.
—Estoy de acuerdo —asentí.
El chico del pelo largo fue el siguiente. No pude evitar la forma en la que mi mirada le arañó el cuerpo musculoso. Todo en él era tentador y notablemente predador
—Centrada en el aire, la casa Aer. La vida con nosotros es una brisa.
—Deslizó la mirada hacia nosotras y sonrió.
Parecía bastante sincera y se me relajaron un poco los hombros.
Sí, parecía el elegido. Sobre todo, porque el último, Darius, parecía una fortaleza y tenía unos ojos afilados como cuchillos.
—Centrada en el fuego, la casa Ignis. No somos aptos para los cobardes.
Y, sinceramente, no creo que ninguno de los aquí presentes esté a nuestra altura.
—Nos lanzó una mirada como si quisiera retarnos a unirnos a su casa.
Casi podía ver los engranajes de su mente funcionando mientras pensaba en todas las formas de hacernos la vida imposible si lo hacíamos.
Nova se movió a lo largo de la fila de los doce alumnos a nuestro lado y, uno a uno, fueron eligiendo entre los dos Elementos con los que habían sido agraciados y se colocaron junto a los capitanes de sus casas.
La chica mona, Kylie, que nos miró mal durante el Despertar, eligió a Seth, corriendo hacia él y envolviéndolo en un abrazo.
—¡Amor! —chilló, pasándose un mechón de pelo rubio hacia atrás.
Seth la apretó contra su cuerpo atlético y, durante un segundo, me pregunté qué se sentiría cuando te abrazaban esos brazos.
—Qué guay que tengas Aire, Kylie —comentó, aunque sus ojos no decían lo mismo—. ¿Cuál es tu otro Elemento?
Ella le dio una palmada en el pecho.
—Ya sabes que es Tierra, Sethy. Soy capricornio. —Se puso de puntillas para un beso y él le metió la lengua hasta la campanilla en una muestra exagerada que duró casi un minuto entero.
«Genial».
La fila por fin se redujo y solo quedábamos Tory y yo.
—¿Aire? —Verifiqué con ella en voz baja. Ella asintió, abriendo la boca para anunciarlo justo cuando habló Nova.
—Me temo que tienen que elegir casas diferentes, queridas. Son todas muy competitivas y animamos a todo el mundo a que participe activamente en la rivalidad. Al albergar tanto poder, no sería justo que una sola casa tuviera semejante ventaja.
Sentí un horror profundo en el pecho. ¿Separarme de Tory? ¿De mi gemela? A ver, éramos personas independientes, pero también éramos una constante en la vida de la otra. Era como mi brazo izquierdo. Podía vivir sin él la mayor parte del tiempo, pero si me lo cortaran, me faltaría algo.
Tory me miró con un gesto oscuro.
—Ah, pues perfecto.
—¿Vamos a ir cada una a una casa? —verifiqué con Nova.
—¡Oh, ¿vas a llorar?! —me gritó Max, y me dieron ganas de arrancarle la cara mientras las risillas llenaban la sala.
Tragué, sacudiendo la cabeza, intentando lidiar de frente con mis emociones.
—Elijo fuego —anunció Tory en voz alta, acariciándome la espalda durante el más breve de los instantes. Se acercó para hablarme al oído y sentí una despedida entre nosotras—. Elige aire, pero no aguantes tonterías.
Se alejó y se colocó al lado de Darius, quien la observó calculador, lo que me hizo pensar que iba a tener problemas con él.
Se me retorció el estómago al pensar que había elegido al Heredero más diabólico de todos.
Nunca había elegido el camino fácil en la vida, pero esta vez me gustaría que lo hubiera hecho.
—Aire —dije, intentando mantener el buen humor mientras caminaba con cautela hacia Seth.
Él se movió para recibirme y me dio un abrazo que no me esperaba.
Esos mismos brazos con los que acababa de fantasear durante dos segundos.
«Joder», era como comerse una galleta recién horneada que todavía estaba demasiado caliente.
Lo quemaba todo a su paso, pero estaba deliciosa.
—Bienvenida a la tribu, nena. —Olía a almizcle y a otra cosa casi animal.
Intenté apartarme, pero él siguió sujetándome en lo que empezaba a convertirse en un abrazo inapropiado durante varios segundos más. Cuando me soltó, su novia se acercó a él con una sonrisa brillante.
—Guapa, solo para que lo sepas: mi nene es el que manda. Mientras tengas eso claro, no tendremos ningún problema.
Me encogí de hombros. No tenía ningún interés en arrebatarle el poder a su «nene».
Enlazó el brazo en el mío cuando Nova se despidió y se unieron a nosotros los demás alumnos de primero del Elemento Aire.
«Esto tiene que ser mejor que estar en la casa de Caleb».
—Vamos a enseñarles a los novatos cómo funciona la casa Aer —anunció Seth, guiñándome un ojo y liderando la salida de la Órbita. Se nos unieron muchos más alumnos más mayores y salimos todos juntos.