Capítulo 4 #2
—¡Por supuesto! —dijo Nova haciendo aspavientos—.
¡Cuando Orion me ha informado de que las chicas a las que ha estado siguiendo eran, efectivamente, las perdidas gemelas Vega, no he podido contenerme para venir a darles la bienvenida de vuelta al redil con su gente!
Pero, además, descubrir que las dos albergan los cuatro Elementos...
es algo insólito. Su regreso será la comidilla de toda la población Fae, no solo del colegio.
Se observarán y analizarán todos sus movimientos, pues todos ansiamos descubrir si realmente pueden reclamar el trono y...
—¿Trono? —interrumpió Darcy con voz de pito.
—Sí. ¿El profesor Orion no les ha explicado en qué consiste su herencia? —cuestionó la directora Nova, mirando a su alrededor, esperando encontrar al hombre en cuestión.
Yo miré hacia atrás por encima del hombro y lo vi escabulléndose entre la multitud, como si hubiera estado escuchando y no quisiera que lo pillaran.
—Simplemente se coló en nuestra casa y nos obligó a venir aquí —expuse.
—Nos dijo que nuestros padres no eran quienes creíamos —añadió Darcy—, y que teníamos que venir aquí a reclamar nuestra herencia.
—Eso es... un resumen muy breve —reflexionó Nova, apretando los labios en una línea fina que daba a entender que no estaba contenta con Orion—. Sus padres fueron los últimos reyes de Solaria. Ustedes han vuelto como Herederas conjuntas al trono.
Se me abrió la boca, pero no fui capaz de articular ninguna palabra. Miré a Darcy, casi suelto una carcajada, y volví a mirar a Nova, entonces me di cuenta de que no se me ocurría realmente nada que decir.
—¿Quiere decir que somos... princesas? —se entusiasmó Darcy, y la incredulidad en su tono quedó opacada cuando resoplé con una risa.
—Bueno, sí. Por eso han causado tanto revuelo.
Desde el fallecimiento de su madre y padre, las cuatro familias Celestiales se han repartido el poder del trono de forma equitativa.
La intención era mantener ese poder con sus propios Herederos al enterarse de que la línea real había caído.
Pero con ustedes aquí, todo podría estar a punto de cambiar una vez más.
Nova parecía ilusionada por la idea mientras alternaba la mirada entre Darcy y yo, pero lo único en lo que mi cabeza podía pensar era en «ni de coña».
No sabíamos absolutamente nada de este lugar, mucho menos de la familia en la que se suponía que habíamos nacido.
¿Cómo podía plantarse aquí como si fuera el Príncipe Azul con un zapato de cristal con la esperanza de que metiéramos el pie?
—No creo que... —empecé a decir, pero Nova me interrumpió.
—Por supuesto, no se les va a hacer entrega del trono en bandeja de plata.
Tendrán que graduarse en la academia y demostrar su valía antes de todo eso.
Además, pronto descubrirán que los Fae, si quieren su poder, tienen que reclamarlo.
Tienen mucho que aprender si quieren reclamar el trono a los Herederos Celestiales.
Me quedé mirándola perpleja durante demasiado tiempo, hasta que mi mente se enganchó en la única parte de su anuncio que mi cerebro fue capaz de procesar con facilidad.
—Entonces, si nuestros padres eran de la realeza, ¿significa que nos dejaron un montón de joyas de la corona y un castillo en el testamento? —quise saber.
A Darcy le brillaron los ojos ante esa idea y una sonrisa me tiró de la comisura de los labios.
Nova se rio nerviosa.
—A ver, su herencia es bastante cuantiosa, siempre que se gradúen y obtengan el derecho a reclamarla.
Mientras tanto, se pueden poner al corriente de todo lo que necesitarán saber para vivir a la altura de su derecho de nacimiento.
Por supuesto, habrá entrevistas y exclusivas.
Incluso he oído rumores de un documental para contar los detalles de su regreso y...
—No queremos ese tipo de atención —interrumpí con firmeza, sin tener ni idea de qué narices estaba hablando, y sin querer saberlo, tampoco—.
Estamos aquí porque el tal Orion ese nos dijo que teníamos que venir a reclamar nuestra herencia.
Ya está. —No mencioné que, desde que se había despertado mi magia, había empezado a pensar que venir a este colegio podía darme mucho más que dinero, porque tampoco era importante.
Lo mirara como lo mirase, sabía que ni mi hermana ni yo queríamos el tipo de atención que estaba sugiriendo.
La directora abrió mucho los ojos, sorprendida, pero lo disimuló con una especie de sonrisa falsa que ocultaba algo mucho más calculado.
—Estoy segura de que es mucho para asimilar —admitió con amabilidad—.
Por descontado, pueden tomarse su tiempo para instalarse antes de tomar una decisión sobre cómo quieren llevar la reclamación o cualquier otra cosa.
Quizá sea mejor que mantengamos a la prensa fuera de esto de momento para que puedan orientarse.
—Genial —asentí con resentimiento, sin molestarme en ocultar que, por lo que a mí respectaba, no había ninguna decisión que tomar. Intenté escabullirme, pero la directora Nova nos tenía a mi hermana y a mí bajo sus garras y no parecía dispuesta a soltarnos en un futuro cercano.
Se me formó un nudo en la boca del estómago al darme cuenta de que ella había decidido convertirnos en un espectáculo para todo el colegio en nuestro primer día. Y no pude impedir que se girara para hablar a la multitud de alumnos que llenaban la inmensa sala.
—¡Un momento de atención, por favor! —gritó Nova. En ese momento todas las miradas de la Órbita se giraron hacia nosotras mientras la sala se iba quedando en silencio.
Me fijé en varios hombres y mujeres más mayores que se encontraban en los extremos de la habitación; vi a Orion con ellos, por lo que supuse que debían de ser el claustro. Ellos también nos miraban. Aparté la vista.
—No quisiera causar revuelo —murmuró Darcy, pero la directora continuó como si no hubiera dicho nada.
Recorrí a los presentes con la mirada y me volví a detener en el grupo de chicos sentados alrededor del fuego.
Nos miraban con curiosidad y yo intenté que mi vista no permaneciera mucho tiempo sobre ellos, aunque me resultaba muy difícil.
No sé por qué, pero dominaban la sala a pesar de que estaba abarrotada con más personas de las que era capaz de contar.
El chico sentado a la derecha inclinó la cabeza a un lado, dejando caer la melena larga y castaña sobre su puño cuando apoyó la barbilla sobre los nudillos.
Había algo profundamente salvaje en la forma en la que nos miraba.
Me di cuenta entonces de que yo estaba levantando la barbilla, negándome a acobardarme ante el desafío que mostraban sus ojos marrones.
—Entre los nuevos alumnos de este curso se encuentran dos chicas particularmente importantes —anunció la directora Nova con una amplia sonrisa que le estiraba los labios, mientras yo intentaba ignorar cómo todo el alumnado de la academia nos miraba—.
Es para mí un honor anunciar que hemos recuperado a las desaparecidas Herederas Vega y las hemos traído de vuelta a la protección de nuestra gran nación.
Las gemelas Vega han pasado diecisiete años perdidas fuera de nuestro mundo y las dábamos por muertas.
Pero, para nuestra gran sorpresa, con el afloramiento de sus poderes en su dieciocho cumpleaños, hemos podido seguir su rastro en el reino mortal y traerlas de nuevo a su lugar legítimo entre nosotros.
No hubo ningún aplauso después del discurso, aunque la pausa larga que hizo sugería que esperaba uno. Sin embargo, un silencio significativo recayó en la sala y aguanté la respiración esperando que alguien lo rompiera.
Un chillido agudo de emoción rompió el silencio cuando una chica alta y de complexión ancha, con el pelo largo y castaño, se puso en pie de un salto. Empezó a aplaudir con tanto entusiasmo que casi no se le distinguían las manos; tenía una sonrisa bastante inquietante.
Su movimiento desencadenó una pequeña marea de aplausos entusiastas esparcidos por la sala, aunque seguía habiendo mucha gente inmóvil y aparentemente poco impresionada por mi hermana y por mí. No sabía qué respuesta era peor.
Un movimiento lento me llamó la atención y miré otra vez al sofá dominado por los cuatro rompecorazones cuando el último de los tipos se inclinó hacia delante para mirarnos mejor.
Apoyó los codos sobre las rodillas, recorriéndome el cuerpo con sus ojos negros de tal forma que empecé a notar un gran calor por la espalda.
Era más ancho que los demás, con los músculos apretados debajo de una camiseta burdeos que se aferraba a las curvas de su potente estructura.
Tenía el pelo negro azabache y con el largo suficiente para cubrirle ligeramente los ojos al caerle sobre la frente.
La tinta le perfilaba los bíceps, desapareciendo bajo las mangas cortas de la camiseta, con un diseño complejo pero poderoso de una forma que no sabía cómo expresar.
Tenía una cara sacada de mi fantasía personal, como si alguien se hubiera sumergido en mis deseos más profundos y los hubiera convertido en los ángulos marcados y la tentación perfecta únicamente para mí.
No podía apartar los ojos de su cuerpo musculado, de su boca, de la barba incipiente que le adornaba la barbilla, de su boca otra vez...
Se me aceleró un poco más el corazón cuando me miró a los ojos durante un instante y me sentí como un corderito atrapado ante la mirada de un león. Era peligroso de todas las formas adecuadas, y supe, sin ninguna duda, que el fuego de su mirada me quemaría si me acercaba demasiado.
El aplauso duró demasiado y nuestra fan número uno fue la última en parar. Volvió a sentarse, pero no apartó la mirada de adoración de nosotras ni un segundo. Nos quedamos ahí de pie mientras miles de ojos nos despedazaban, con una curiosidad dispuesta a sacarnos cualquier secreto.
Aparté la vista de la multitud hambrienta y miré los ojos verdes de mi hermana.