Capítulo 4
El Despertar me había dejado temblorosa, atrapada en mi cuerpo mientras intentaba ajustarme al ataque repentino de poder que había llenado un vacío que nunca había sabido que tenía.
Por primera vez en mi vida, me había quedado sin palabras.
Este poder había trepado hasta mí, susurrándome palabras bonitas al oído para luego darme una bofetada tan fuerte que me dejó una marca rosa y dolorosa a la vista de todo el mundo.
Sentía las venas vivas con la fuerza de lo que era ahora. Y ya no podía negar la verdad de todo lo que Orion nos había dicho desde que apareció en nuestra puerta.
¿Cómo podía haber ocurrido algo así? ¿Cómo podía estar ocurriendo? Todo lo que creía saber sobre el mundo había dado un giro de ciento ochenta grados y a mí debían de haberme dejado revolviéndome en su estela cuando todavía no estaba lista.
Sí, mis poderes recién descubiertos me habían abrumado, pero no podía negar lo bien que me sentaba sentir cómo se retorcían bajo mi piel.
Me hacía sentir valiente, poderosa, imparable.
Todos los sueños que había tenido alguna vez de pronto me resultaban irrelevantes.
El mundo guardaba mucho más de lo que nunca había hecho.
Y estaba dispuesto a que Darcy y yo tomáramos nuestras posiciones.
Embriagada por el poder, no me había dado cuenta de que todo el mundo se estaba yendo de la pradera hasta que una tos punzante llamó mi atención.
Orion me miró enarcando una ceja, señalando al grupo de novatos que ya se habían puesto en marcha.
Solo quedaba Darcy, que dio unos pasos dudosos antes de esperarme con los ojos iluminados desde el interior, con el mismo poder retorcido que yo sentía aferrándose a mi alma.
Troté hacia ella y corrimos juntas para alcanzar a nuestros compañeros.
El sendero serpenteaba bajo el cielo oscuro de la noche, y estaba segura de que, en cualquier otra circunstancia, me habría tropezado. Sin embargo, con el milagro de la magia fluyendo dentro de mí, conseguí mantenerme firme sin incidentes más allá de pisar alguna piedrecita solitaria.
El sendero llevaba a un bosque denso y nos adentramos bajo sus ramas, donde de repente cobraron vida unas antorchas para guiarnos por el camino.
Alcanzamos a algunos de los alumnos, que nos miraron con interés.
Una chica bajita con el pelo rubio y un corte pixie con pecas esparcidas por la nariz nos dedicó una sonrisa amable.
—Soy Sofia —murmuró, mirando de reojo detrás de nosotras a los profesores para comprobar que no les importaba que hablásemos—. Nunca había conocido a un Intercambio —añadió con efusividad, alternando la mirada entre mi hermana y yo.
—Hola —respondió Darcy con una sonrisa.
—Yo soy Tory, ella es Darcy —aclaré.
—Supongo que todo esto os tendrá muy confundidas, ¿no? —preguntó con compasión—. Si queréis, puedo ser vuestra guía y fuente de información.
—Oh. —Me sorprendí. No estaba hecha para esperar que alguien que no conozco me ofreciera su ayuda.
Bueno, ni alguien que conozco, tampoco. De donde veníamos, la gente nunca hacía algo a cambio de nada, pero al mirar la expresión sincera de Sofia, no pude evitar pensar que su oferta era precisamente eso—.
Sería... Estaría muy bien. Gracias —dije, intentando poner una sonrisa cariñosa y preguntándome si lo estaba consiguiendo.
Seguramente pareciera una hiena puesta de crack , aun así Sofia parecía satisfecha por mi intento.
El camino bajo mis pies pasó de tierra a gravilla y luego a un dorado brillante. Dejé de pensar en la caricia de mi energía y levanté la vista hacia el edificio al que nos estábamos acercando.
Era una cúpula dorada enorme, tan grande que no dejaba ver nada más.
Por toda la superficie había decoraciones talladas que casi parecían llamas reales, sobre todo a medida que se movían las nubes sobre la luna y las sombras bailaban junto a las espirales en el metal.
Las marcas doradas por las que estábamos andando también brillaban y entonces entendí lo que el diseño de aquel edificio estaba intentando imitar.
Era una maqueta gigante del sol; y el suelo a nuestros pies estaba decorado para que parecieran los rayos de luz alejándose de él.
—La Órbita es donde recogeremos todas nuestras medallas y donde nos reuniremos para anuncios como este, para marcar el inicio del trimestre —informó Sofia al ver mis ojos como platos—.
Está diseñada así porque el zodiaco está regido por el Sol.
Sin él, no tendríamos nada. Todo empieza y termina con él.
—Qué poético —murmuré, todavía sin terminar de creerme del todo esa idea del horóscopo, aunque tenía que admitir que el descubrimiento de mi magia estaba lanzando todas mis conjeturas a un estado frenético de confusión.
—Es... flipante —dijo Darcy, abriendo la boca asombrada.
Atravesamos la puerta doble alineada con unos símbolos que representaban cada signo del zodiaco. Nos encontramos rodeadas por tantos alumnos que apenas podía distinguir una cara de otra. Solo sabía que había cientos de ellos. Y todos nos miraban a nosotras.
En el centro de la sala, junto a la hoguera, rodeada por un círculo de agua, un sofá rojo curvado destacaba entre todos los demás.
Sus cuatro ocupantes parecían profundamente aburridos, apenas lanzando vistazos a las nuevas incorporaciones a sus filas mientras el resto de los novatos iban llenando la gigantesca sala, sentándose en las sillas que encontraban libres en el espacio circular.
No creía haber visto nunca a un grupo de tíos tan fascinantes como ellos.
Era como si pudiera sentir un intenso murmullo de poder emanando de sus cuerpos y, como consecuencia, se me erizaron los pelos de la nuca.
Todavía no habían mirado hacia donde estábamos y me alegró tener la oportunidad de observarlos sin que lo notaran.
Cada uno de ellos albergaba un aura profunda que los diferenciaba del resto de las personas de la sala. Habría jurado que eran hermanos, pero eran todos tan distintos que no sabía si ese podía ser el caso. Pero algo los unía, algo tan claro que casi podía verlo.
Eran todos altos y fuertes, musculados de una forma que hizo que mi mirada vagara sobre ellos de un modo un poco inapropiado. Rezumaban poder y lo lucían igual de cómodos que la ropa con la que iban ataviados.
A la izquierda había un chico con la piel y la cresta oscuras; una cresta que le debería hacer parecer un auténtico gilipollas, pero, no sé por qué, hacía que quisiera pasarle la mano por encima.
Le dijo algo al chico que tenía a su lado, que echó la cabeza hacia atrás con una carcajada tan fuerte que me habría encantado escuchar el chiste a mí también. La sonrisa que acompañaba esa risa atrajo mi mirada el tiempo suficiente como para llamar la atención de su propietario.
Cuando sus ojos oscuros recayeron sobre mí, se me aceleró el corazón como si fuera una niña a la que acabaran de pillar robando caramelos.
Se pasó una mano por el pelo dorado rizado, mi mirada viajó hacia sus hombros anchos durante un momento y aparté rápidamente la vista sin observar tan detenidamente a los otros dos.
Recorrí con los ojos el techo curvado sobre nuestras cabezas y me fijé en un conjunto de intrincadas tallas grabadas en el cielo dorado que representaban las constelaciones y los planetas.
Había demasiadas como para siquiera empezar a contarlas, pero mi mirada se movía hambrienta sobre ellas y supe que me vería obligada a mirarlas cada vez que entrara en esta sala.
Darcy se acercó a mí cuando seguimos a los demás y la miré arqueando una ceja, intentando evaluar su reacción a todo esto.
No habíamos tenido tiempo de comentar esta nueva realidad en la que nos habíamos visto sumergidas.
Realidad que nos había cambiado la vida y nos había hecho explotar el cerebro.
Sin embargo, en la sonrisa que estaba intentando ocultar vi que estaba tan entusiasmada con este sitio como yo.
No sabía exactamente qué era, pero había algo en Zodiac Academy que me hacía sentir bien.
Era como volver a casa después de meses en el extranjero.
Salvo por el hecho de que yo nunca había estado en el extranjero y nunca en mi vida había sentido que tenía un hogar, así que eso no podía ser.
Hogar era donde apoyaba el culo. Y me alegraba saber que, de momento, era aquí.
Me miré los pies y me detuve al darme cuenta de que el suelo que pensaba que estaba decorado con baldosas era en realidad de piedra tallada.
Como si alguien se hubiera pasado años grabando espirales e imágenes en un gigantesco bloque de piedra; la cantidad de tiempo que debió costar hacer algo así me dejó completamente alucinada.
Antes de dar otro paso, una mano me agarró por el codo y me di la vuelta para mirar a su propietaria con el ceño fruncido.
La mujer era alta, con el pelo largo y negro recogido en un moño en la nuca; tenía la piel pálida y brillante como las estrellas.
Nos contempló a mi hermana y a mí ansiosa, absorbiendo todos nuestros detalles.
En ese momento, deseé haberme cambiado la camiseta corta roja.
Después de ver a los demás alumnos, era bastante evidente que esto era un lugar elegante y que mis intentos de ser una chica motera no estaban a la altura.
De todos modos, yo había empezado la noche de hoy con la única intención de robar una moto, no de unirme a una especie mística en un reino que ni siquiera sabía que existía...
Solo de pensarlo, mi cerebro volvió a luchar contra la realidad de esta situación.
—Soy la directora Nova, su estrella guía en Zodiac Academy —anunció con dulzura—. Me han dicho que tenemos dos cosas que celebrar con ustedes esta noche.
—¿Sí? —preguntó Darcy, que me miró y encogió ligeramente los hombros.