El despertar (Zodiac Academy 1) Capítulo 3 #3
9%

Capítulo 3 #3

—Bienvenidos a Zodiac Academy. Soy la profesora Zenith, del Departamento de Astrología, y para mí es un auténtico placer Despertar sus Elementos esta noche.

Por favor, levanten la cara hacia el cielo, alumnos.

Es el momento de que las estrellas estimulen su poder interior.

—Hablaba despacio, con un tono dramático, y, aunque todo esto me parecía ridículo, no pude evitar aferrarme a cada una de sus palabras.

Se quitó la capucha y unos mechones negros como la noche cayeron alrededor de su cara.

Era de mediana edad, tenía la piel pálida y brillante y los labios pintados de un color rojo oscuro.

Su mirada cayó en Tory y en mí, entonces apuntó con el dedo hacia el cielo para dar una orden.

Me di cuenta de que todo el mundo había levantado la mirada, así que nosotras hicimos lo mismo.

El manto azul oscuro sobre nuestras cabezas brillaba con las estrellas, mientras la Vía Láctea serpenteaba por el centro como una tela resplandeciente de polvo rosa y morado.

Se me abrió la boca al ver algo tan bonito.

En Chicago, tenías suerte si veías una estrella por la noche, imagínate este espectáculo.

Era como si las demás luces del mundo se hubieran extinguido para dejar que el cielo lo dominara todo.

No había ni rastro de la luna, pero, incluso sin ella, las estrellas destellaban lo suficiente como para proyectar un ligero brillo plateado sobre la pradera.

— Virtus aquae invocabo! —gritó Zenith en lo que parecía ser latín.

«Vale, esto está pasando rápidamente de raro a demencial».

Se hizo el silencio y casi bajo la cabeza para ver qué estaba pasando cuando una gota de lluvia me cayó en la mejilla. Varias personas más en el círculo ahogaron gritos sordos y miré a Tory, que también tenía las mejillas cubiertas de gotas. ¿Cómo podía ser? No había ni una sola nube en el cielo.

Dentro de mí, pareció abrirse un profundo remolino de energía que me cortó la respiración cuando sentí su fuerza enrollarse alrededor de mis venas.

«Esto no puede estar pasando».

«Pero está pasando. Y lo estoy notando de verdad».

—Si sienten la lluvia, por favor, levanten el brazo derecho —anunció Zenith.

Tory y yo levantamos los brazos. Vi a otras cincuenta personas en el círculo hacer lo mismo.

—¡Fantástico! —dijo Zenith emocionada—. Albergan el Elemento del agua en su interior, igual que yo.

Algunos de los que habían levantado la mano empezaron a murmurar con entusiasmo mientras que varios de los que no habían levantado la mano gruñeron y suspiraron.

—Silencio. —Zenith los mandó callar—. Los ojos al cielo una vez más. Harán la prueba para todos los Elementos, aunque es poco probable que tengan más de uno, queridos.

Levanté de nuevo la vista, con el corazón palpitándome con fuerza mientras pensaba en lo que acababa de decir. ¿El Elemento del agua? ¿En serio Tory y yo teníamos un don? Incluso al pensarlo, estaba segura de que era verdad. Como si una parte innata de mí se hubiera despertado y encarnara al agua.

«Hostia puta, que este sí que es nuestro sitio».

— Rogo vim aeris! —clamó la profesora Zenith, y una fuerte ráfaga de viento sopló entre mi pelo.

Miré a Tory. Su pelo también se movía con la misma fuerza.

Otras cincuenta personas del grupo parecían estar en las profundidades de la vorágine, pero a todos los demás del círculo era evidente que no les afectaba.

Se me retorció el vientre y una sensación palpitante me llenó el estómago y navegó por mis venas.

Me resultaba muy natural, como si mi cuerpo tuviera otro canal junto a las venas y ahora fluyera por él la magia de dos Elementos.

—¡Levanten la mano si sienten la fuerza del viento! —ordenó Zenith.

Tory y yo levantamos los brazos, junto con otra selección aleatoria del círculo. Un par de ellos también habían levantado la mano con el agua.

Todas las miradas recayeron en nosotras y se intercambiaron algunas palabras que no entendí. Zenith nos miró, levantando las cejas con deleite.

—Son chicas de aire y agua. Efectivamente, sus poderes serán inmensos, al igual que los de sus padres.

Yo asentí, pero Tory se miró las manos, dándoles la vuelta, como si esperara encontrar algo más tangible ahí.

—¿Esto está pasando de verdad? —me preguntó en voz baja.

—Creo que sí —susurré—. O eso o el dudoso profesor Orion nos coló algo en el polvo de hadas.

Tory se rio y Zenith nos lanzó una mirada.

—¡Silencio! Ojos al cielo. Puede que ustedes ya hayan terminado, pero los demás no.

Asentimos y volvimos a levantar la mirada.

«Aire y agua... ¿en serio podíamos usar magia relacionada con esos Elementos? Me moría de ganas de intentarlo».

— Rogo vim terrae! —aulló Zenith, y bajé la mirada a los demás alumnos, preguntándome qué les pasaría a aquellos que albergaran el siguiente poder. Las puntas de la hierba me hicieron cosquillas en las rodillas y busqué en el resto del círculo alguna señal del efecto del próximo Elemento.

En mi interior pareció abrirse un pozo profundo lleno de una energía vibrante. Me hacía cosquillas y se enrollaba y ondeaba como un ser en constante cambio que vivía dentro de mí.

Algo me rozó el brazo y se enredó en él. Bajé la vista y fruncí el ceño al ver que me salía hierba de la muñeca y se me enroscaba alrededor de la mano, delicada como una caricia. Otros brotes me envolvieron los brazos y vi que le estaba pasando lo mismo a Tory.

Ella me miró con las cejas arqueadas.

—¿No era raro tener dos?

Me encogí de hombros, confusa, observando al resto de los alumnos en el círculo, mientras la hierba también los envolvía. Tardé un rato en darme cuenta de que todo el mundo nos estaba mirando, incluso Zenith.

—Yo... Ay, mi... —dijo en voz baja, llevándose una mano a la boca. Cuando la apartó, tenía una sonrisa de oreja a oreja—. Queridas mías, ¡qué maravilla! También tienen la tierra. Tres Elementos es algo muy inusual. Deben de estar entre las alumnas más poderosas de Zodiac.

Se me formó un bulto en la garganta al oír la noticia. Supuse que eso era algo bueno, pero me resultaba demasiado surrealista para ser verdad. Los demás alumnos murmuraban y escuché palabras un poco raras como «Herederas Celestiales» o «las gemelas Vega».

—¡Ojos al cielo! —ordenó una vez más Zenith, y volví a mirar hacia arriba con el corazón latiéndome a un ritmo incómodo. ¿Por qué nos miraban todos así? ¿En serio era tan raro tener tres Elementos?

— Invoco virtutem ignis! —gritó Zenith.

El calor se desató de inmediato a mis pies y un círculo de fuego quemaba la tierra a mi alrededor. El fuego se extinguió, dejando unas brasas con un resplandor rojo en el césped alrededor de mis Converse. Exactamente lo mismo le pasó a Tory.

Se me paró el corazón cuando miré aquello con confusión.

«¿Cuatro Elementos? Pero Zenith había dicho...».

—¡Por las estrellas! —bramó Zenith, y levanté de golpe la cabeza.

Todos nos estaban mirando. Intensamente. Y no de una forma agradable. Casi un cuarto del círculo tenía el mismo anillo alrededor de sus pies, pero a ellos nadie los miraba.

—Albergan todos los Elementos. —Zenith ahogó un grito, sacudiendo la cabeza como si no pudiera creerse que fuera cierto.

—¿Y eso es... malo? —pregunté.

—Eso parece —susurró Tory para que solo yo pudiera oírla.

Zenith se recompuso y carraspeó mientras los demás empezaban a murmurar a nuestro alrededor, en un murmullo fuerte e ineludible.

—Por supuesto que no —me respondió por fin Zenith.

—Parece que mi novio tiene competencia —comentó una chica, lanzando una mirada punzante en nuestra dirección. Tenía el pelo de un color dorado intenso y perfectamente liso, además de una cara bonita, de las típicas que te encuentras en un anuncio de maquillaje.

La chica a su lado entrecerró los ojos.

—¿En serio estás saliendo con uno de los Herederos, Kylie?

—Sí, llevamos toda la vida juntos. Me escribe de vez en cuando. —Kylie se apartó el pelo por encima del hombro con una expresión que dejaba claro que eso era algo de lo que enorgullecerse.

Los murmullos fueron aumentando y la profesora Zenith por fin pareció darse cuenta.

—¡Ya está bien! ¡Silencio! Su Despertar ha terminado. Si tienen dos o más poderes, tendrán que elegir entre ellos y decidir a la casa de qué Elemento se quieren unir. Ahora, su delegado les llevará a la Órbita, donde se reunirán con el resto de los alumnos para tomar esa decisión.

En ese momento, vi a Orion emerger de las sombras, haciéndonos un gesto para que fuéramos con él.

Los alumnos se movieron como una marea hacia él, que no apartaba la vista de mí.

Me absorbió con la mirada durante un segundo eterno, hasta que se giró y miró la oscura línea de árboles al final de la pradera.

Tory se acercó a mí y di un paso hacia ella, mordiéndome el labio.

—¿Por qué parece que todos están cabreados con nosotras?

Ella se encogió de hombros, como si no le afectara lo más mínimo, aunque sus ojos decían otra cosa.

—Supongo que no tardaremos en averiguarlo.