CAPÍTULO 17. Es más fuerte de lo que crees #2
Al salir montaron en una embarcación que emprendió la marcha rápidamente. Iba a una gran velocidad. Soplaba un viento fuerte y fresco, y la espuma del mar los salpicaba constantemente, de forma que en pocos minutos estuvieron completamente mojados a pesar de estar cubiertos con las capas.
Al alba aún no habían alcanzado su destino y el viento seguía azotándolos, pero el sol calentaba la nave y la espera se hizo más llevadera. Durmieron algo apoyados el uno en el otro. Ninguno de su grupo se encontraba allí, lo que hizo alarmarse un poco a los dos del primer nivel.
Debía ser ya mediodía cuando el barco aminoró la marcha y decenas de botes recorrieron el agua hacia tierra firme.
El espectáculo que encontraron al pisar tierra hizo que Beril clavara los pies firmemente en la arena.
Las casas estaban derruidas. La gente gritaba y lloraba buscando entre los cascotes a sus seres queridos.
La escena le resultaba familiar y aterradora, como si sus peores pesadillas se hubieran hecho realidad.
Un déjà-vu que se presentaba en sus sueños cada noche.
Argentis se volvió hacia él mordiéndose el labio, dándose cuenta de la situación.
—Mierda. Probablemente por esto no nos han llamado a nosotros —susurró—. ¿Estás bien?
—Sí, sí... —consiguió articular.
Vieron cómo se reunían en círculos y se unieron a uno de ellos, donde un responsable daba instrucciones. Argentis le explicó que el responsable que daba indicaciones era el Maestro Axon.
De repente se fijó en ellos y los llamó aparte.
—¡Argentis! ¿Dónde está Auris? ¡Maldición, vosotros no deberíais estar aquí! —exclamó mirando evidentemente malhumorado a Beril.
—Auris no estaba bien, así que he ocupado yo su lugar —respondió tranquilamente.
En el Maestro Axon parecieron desatarse todas las furias.
—¿Que no estaba bien? ¿No has pensado que hay siempre una razón por la cual se llama a un elemental y no a otro cualquiera?
No tienes las habilidades de tu hermana.
Esta no es una misión para vosotros. Si lo fuera, ¡¡os habrían llamado!
! ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Ya me ha quedado claro por qué será ella la futura…
—Demasiado tarde, Maestro —interrumpió el momento alguien a su lado—. Por aquí necesitamos dos personas más y han decidido ellos mismos. Pueden venir conmigo. —Se giró hacia otra chica que tenía al lado—. Buscad a Platio y decidle que Auris se ha quedado en casa… la estará buscando.
—Lo dudo —le respondió Argentis—. Me dijeron que era ella misma quien tenía que avisarlo.
Miraron al recién llegado. Reconoció al hombre con el que había visto a Argentis durante el brindis de Eilean en la fiesta de aniversario. Era un hombre rubio, alto y corpulento, poco mayor que él mismo, sobre los 27 años aproximadamente. Debía estar en el último nivel.
—Soy Ruten. Encantado —dijo.
—Beril —dijo estrechándole la mano que le había ofrecido—. Soy el compañero de Argentis.
—Lo sé.
Miró seriamente a Argentis.
—Sabes que no deberíais estar aquí ¿verdad? Podría ser muy peligroso…
—Sí... —respondió Argentis tímidamente—. Lo sé, Ruten, pero Auris…
—Tu hermana es más fuerte de lo que crees. Fortísima. ¡¡Espero que estés a su altura, porque hoy nos espera un día duro!! Venid por aquí.
Fueron con un pequeño grupo de gente hasta las ruinas de un edificio que estaba solo parcialmente en pie.
—Bien —dijo con voz bien audible Ruten—.
Acercaos. El edificio que tenemos detrás es un hospital.
Hay aún gente dentro, personas que no han podido escapar por su propio pie y necesitan ayuda para salir.
La estructura está bastante frágil y no aguantará mucho peso por lo que entraréis por parejas, turnándoos e intentando no debilitar más el edificio, pero liberando el paso en la medida de lo posible.
Empezaron a entrar por parejas sin perder un segundo. Ruten se acercó a Argentis.
—Argentis, a veces Auris me ha ayudado en la colocación de una estructura, de tal forma que pueda albergar a la gente que consiga salir. Como un hospital provisional. ¿Puedes ayudarme tú en eso?
—Sí, claro...
Argentis estaba un poco indecisa.
—Beril, puedes empezar tú allanando la superficie... Creo que tu elemento iría a la perfección...
Beril intentó crear placas que se adaptaran a la superficie irregular del terreno, en muchas ocasiones no conseguía que se cohesionaran entre sí las partículas.
Tardó bastante en realizar una parte de la superficie que Ruten le había sugerido, bajo su supervisión y su ayuda paciente finalmente lo consiguió.
Ruten alzó unos postes en forma de tienda de campaña en torno a la superficie que Beril había creado.
Entre tanto Argentis había formado unos camastros y sillas de plata mate.
Encontraron unas grandes telas que engancharon a cada estructura con cuerdas.
Ruten hizo una pequeña red, parecida a una tela de araña, que colocó a media altura a modo de muros abiertos.
A Beril le asombró la rapidez con la que aquella estructura había tomado forma.
Al mirar hacia el viejo hospital vio que los que habían entrado habían reforzado muchos muros, paredes y escaleras por donde habían pasado, y tenía un aspecto coloreado y pintoresco.
Mucha gente de la que había en el hospital eran personas mayores y niños. Lloraban en estado de gran nerviosismo. Algunos elementales les socorrían, curaban heridas con vendas, ungüentos, cremas y tónicos que habían llevado.
Reapareció Ruten.
—Han encontrado a una mujer que me ha indicado dónde vive uno de los médicos del hospital. Argentis y Beril. Venid aquí.
Les explicó cómo llegar hasta donde vivía el médico.
—Valorad cómo está la situación. Si notáis algo extraño o hay algún atisbo de peligro, volved enseguida a avisarme. Hoy estáis bajo mi responsabilidad y no quiero que suceda nada desagradable. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —dijo Argentis.
—¿Seguro? —interrogó achicando los ojos.
—Sí, he dicho de acuerdo —lo tranquilizó ella de nuevo.