El Despertar del Lobo Capítulo 73
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Capítulo 73

La estación del tren…

Las cuatro patas de Jevrem se batían veloces en el pavimento, rumbo al pueblo.

El aroma de Anna se percibía en el aire; lo guiaba a pesar de que él estaba al conocimiento de su paradero.

La increparía en cuanto la pusiera a salvo; ¿por qué no lo buscó para que la ayudara?

¿Seguía desconfiando después de todo lo que él le ha aclarado?

¿Y su tío Everett e Isabel…? ¿Tampoco confiaba en ellos, como para ella ponerse en riesgo al seguir las instrucciones de esos malditos?

«Anna, voy hacia la estación? ¿Estás bien? ¡Anna!», ella no le contestaba.

Jevrem había estado tratando de enlazar su mente con la de su amada, pero desde que emergieron de la gruta, no volvieron a comunicarse de ese modo; al parecer, Anna dejó de ser su receptora o él ya no era el emisor…

O tal vez, Noé Bummer o esa zona vacía en la que estuvieron les rompió el lazo telepático que los unía.

Aun así, no perdía la esperanza de avisarle de que iría en su rescate y que mataría a los que secuestraron al lobezno.

Derribó un extremo del cercado que mantiene aislada a la antigua estación del tren, olisqueando los pasos de Anna.

Luttrell y otros más que lo siguieron, cambiados a la forma de un lobo de casi dos metros de alto; deslizaban sus olfatos en el piso y por los pedruscos; todos notaron el punto en que dos aromas se encontraron y luego se dirigieron por una de las calles aledañas.

No hubo falta en hacerse dar a entender con el grupo; juntos se abocaron a seguir el rastro que iba hacia las Rocosas.

La persecución se desarrollaba hacia el otro extremo del pueblo y de la villa; los que le dieran por seguir el rastro de ellos, tendrían que hacer el mismo recorrido, la cadena montañosa se extendía de este a oeste.

Un Volkswagen de tono oscuro se divisó a lo lejos, y una figura tendida en el suelo les llamó la atención.

El polvo en el valle se levantó más cuando Jevrem apretó la velocidad en sus piernas, aprensivo de lo que enfocaban sus ojos. ¿Era un macho o una hembra? Apenas vislumbraba la figura boca arriba, sin moverse. Inerte.

El aroma de Anna e incluso, la del lobezno, se intensificó por esa área desértica; también percibieron el hedor de un macho y… sangre. Mucha sangre.

Jevrem no dio crédito a sus ojos.

El pesar, la rabia, el desconcierto, lo invadieron cuando descubrió al que yacía a poca distancia del auto. ¡No! ¡¿Cómo pasó esto?! ¿Por qué estaba allí si solo era un lobato recién crecido?

Los gimoteos de Lutrell, al olfatear el cadáver de Erik, le indicaban a Jevrem que no alucinaba. Su primo presentaba graves signos de haber luchado contra otro que lo superó en ferocidad. El hueco en su pecho y los zarpazos dejaron en su piel y en sus ropas desgarradas el aroma del asesino.

Jevrem alzó la mirada hacia el Volkswagen, allá no se hallaba ni Anna ni el lobezno ni los malditos que él pronto los mandaría al infierno. Pero olía a sangre.

Bowman se acercó a inspeccionar e indicó que adentro del vehículo se hallaba tendido sobre los asientos delanteros el cadáver de un lobato.

—¡Aquí! —Emmett, después de volver a su forma bípeda, exclamó desde una pendiente cercana al Volkswagen.

Ryder estaba con él, olisqueando algo que hallaron.

Jevrem corrió hacia ellos, ¿se trataba de Anna?

, ¿de su pequeño tocayo? ¿Eran los dos? Sin duda había otros cuerpos que dejaron abandonados en medio de la nada, para que los carroñeros los devoraran.

La sangre era fresca y derramada por cantidades; Jevrem oraba a los dioses para que no fuesen los que imaginaba; porque de serlo…

, nadie en el mundo podría detener su venganza.

Dos cadáveres más: femeninos y sin cabezas.

La primera impresión fue que ninguno de los cadáveres le pertenecía a Anna. Esto le causó alivio tanto a él como a sus lobos, que se habían preparado a sufrir otra dolorosa pérdida. Sin embargo, Jevrem reconoció que uno de los cuerpos pertenecía a Abby Rose.

No la lamentó; al parecer, fue traicionada por su secuaz. Si aquel no la hubiese decapitado, él lo habría hecho en su lugar. Quiso matar a Anna y fue a ella a la que mataron.

Más arriba, Wyatt alertó mediante un gruñido de otro hallazgo. Lucía alterado.

Qué no sean ellos, por favor, Licaón.

Fue inevitable para el Retornado, de mantener su mente fría, allí ocurrió una masacre y no deseaba descubrir que, los dos seres que deseaba se convirtieran en su esposa y su hijastro por el resto de su vida, estuviesen en iguales condiciones a los cuerpos hallados.

Al llegar allí, con el alma en vilo, el alivio le hizo que su corazón volviese a latir y sus pulmones a respirar.

Eran las cabezas pertenecientes a Abby Rose y al de una hembra que él no conocía, pero por la actitud de uno de los lobos de su tío Everett, debía ser alguna empleada de la villa, y la de un lobato que tal vez se halló en medio de una situación en la que este nada tenía que ver.

Maxwell y Tyson aullaron después del lamento de Luttrell, pero Jevrem no se unió a ellos para expresarle respeto al primo; la manera en que lo honraría sería vengar su muerte, al matar del mismo modo a su asesino.

Así que, continuó con el rastreo de su amada.

Anna seguía viva, las huellas de otro vehículo se dirigían hacia el sur.

Aún no se lamentaría, aún no lloraría ni pensaría ni se culparía ni señalaría a nadie…

Primero destrozaría al alfa extranjero.