Capítulo 17
Pasaba ya mucho rato de la hora a la que habían quedado y Naia se estaba poniendo nerviosa. La parada del bus en que tenía que llegar Luke se había llenado y vaciado ya dos veces, sin que él se apeara de ninguno.
No era propio de Luke llegar tan tarde.
Y menos a una primera cita.
Habían quedado en otras ocasiones, claro, pero en grupos más grandes.
Pero todo había cambiado un par de días antes de empezar las clases, cuando él le había escrito preguntando por su verano y, desde entonces, no habían dejado de hablar. Estaba tan pendiente de ella que hasta se sabía qué asignaturas tenía cada día.
Por eso resultaba increíble que ya llegara con más de un cuarto de hora de retraso. El bubble tea que había pedido para él como sorpresa se estaba quedando frío.
«Tranquila. Estate tranquila», se repitió dando un trago de su propia bebida.
Pero la desazón se apoderaba de su estómago, expulsando las mariposas que llevaban allí alojadas los últimos días.
Una leve brisa sacudió las ramas de los árboles.
«No. Calma».
¿Te falta mucho para llegar?
El mensaje se acumuló detrás de los dos anteriores. Todos sin el doble tic. Ni siquiera le estaban llegando.
El viento le apartó el pelo de la cara, y los ojos se le anegaron de lágrimas que no supo decir si era por el plantón o por el descontrol que se desataba en su interior.
No, se dijo que las lágrimas eran porque el viento le molestaba en la cara. Y ella podía pararlo.
Respiró hondo y se concentró en intentar reducir la fuerza de la brisa.
Una súbita bocanada la azotó de nuevo, arrastrando consigo polvo, hojas secas…
Y un sobre.
Naia fue a sacudirse la carta de encima cuando lo vio: tenía su nombre escrito.
Con las manos temblorosas, deslizó un dedo por debajo del lacre. ¿Quién usaba lacre todavía? El sello mostraba un círculo rayado con relieve. Un planeta. Dentro había una tarjeta con unos dibujos del sistema solar.
¿Quieres recuperar a Lucas?
Deja tu miedo atrás.
Y trae tu poder contigo.
El viento se convirtió en un remolino a su alrededor. ¿La habían descubierto? ¿Habían… secuestrado a Luke?
Sacudió la cabeza. No podía perderlo. No, era la única persona que la entendía.
Necesitaba ayuda, y supo a quién pedírsela.
Con las manos temblando, Naia sacó su teléfono y buscó el número que había guardado para las emergencias. Estaba claro que esa era una.