El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 16
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Capítulo 16

—Oh, no —dijo Jess.

—Sí, ese es un buen resumen —sonrió Uma con ironía.

Habían pasado varios días desde el ataque, en los que las chicas no se habían podido acercar a la heladería.

¡Parecía que a todos los profesores les había entrado prisa porque se pusieran las pilas!

Incluso entonces, metidas en la trastienda de la heladería, Lena y Assia se habían llevado los apuntes para el speaking de inglés que estaban preparando.

Las ojeras que tenían les llegaban al suelo.

—Jess, necesitamos respuestas —dijo Lena, agotada.

—Sí, claro que sí —respondió la mujer—. Ojalá las tuviera todas.

—¿Qué narices fue aquel ataque? —preguntó Assia.

—Magia destinada a quitaros vuestros poderes.

—¿Cómo? ¿Es que eso es posible? —se sobresaltó.

—Por el momento y, por desgracia, lo es. ¿Recordáis que os dije que teníais que demostrar vuestra valía?

—Algo mencionaste, sí —respondió Lena, cortante.

—Pues hasta que no encajéis como un equipo, hasta que las cuatro no os sintáis a gusto con lo que sois, convencidas, seréis vulnerables.

—¿Y quién era ese tipo? —exigió Lena. Jess bajó la mirada.

—Eso no lo sé.

Estaba cada vez más enfadada. Quería confiar en la mujer, pero de repente le parecía como tantos otros adultos que habían jugado con su vida.

—¿Y tampoco sabías que íbamos a transformarnos? ¡Es delirante! —Levantó la voz.

—¡Pensé que tendría más tiempo! —exclamó Jess, frotándose la cara. Jugueteaba con uno de sus pendientes, como solía hacer cuando estaba nerviosa—. Yo también soy nueva en ser vuestra mentora, ¿de acuerdo?

—¡Pero no en ser una guardiana! —intervino Assia. La mujer sonrió.

—No, en eso no —reconoció.

Lena se mordió la lengua para no decir lo que pensaba.

—A todo esto… —comentó Uma, mucho más emocionada—. ¿Qué poder tenías?

—El cuarto creciente, como tú —sonrió Jess.

—Eso no viene a cuento ahora —cortó Lena. No quería saber la historia de Jess ni qué había sido de las anteriores guardianas.

Llevaba toda su vida intentando no mirar hacia atrás, vivir en el presente. En el pasado podía haber cosas que prefería no saber.

—Parece que el presente es más urgente —asintió Assia, apoyando a Lena. Jess suspiró.

—Chicas, me gustaría poder deciros que los villanos llevan una capa oscura, o que toman decisiones cuestionables, como ponerse el nombre de un planeta como apellido o seudónimo —la mirada de Jess se oscureció un momento al decir esto último—, pero por desgracia la mayor parte de las veces no es así y parecen personas totalmente corrientes.

Ahora mismo no sé quién pudo ser, pero me pondré a investigar de inmediato.

Lena miró a sus compañeras, a la espera. A ella no le bastaba, pero eran un equipo.

—Había bastante gente —comentó Assia—, sobre todo compañeros.

—Como no sea el maldito Luke, que no dejaba de mirarnos… —apostilló Uma.

—Hubo algo raro —dijo de pronto su amiga. Sacó la tablet de la mochila y tecleó un momento en ella, deslizando arriba y abajo con agilidad—. El director de nuestro instituto estaba allí. ¡Y no pintaba nada!

—Yo creo que es normal que se acerque por allí —intervino Lena.

—Y dijo que conocía al bibliotecario… —añadió Uma.

—Sí, pero luego desapareció, ¿recordáis? Fue todo muy rápido, y él era el único que estaba allí cuando llegamos, pero ya no cuando todo pasó… Y, además, fijaos en esto.

Volvió la tablet.

—¿Qué se supone que estamos mirando? —preguntó Uma—. Traduce para las no frikis, por favor.

—He probado a buscar información sobre él en Internet, primero en los buscadores convencionales y después en la deep web.

—¿Y has encontrado algo? —preguntó Lena ignorando la última parte de la frase. Necesitaban todos los recursos con los que pudieran contar, por irregulares que fueran.

—No. Absolutamente nada. Solo sus datos en las listas de las oposiciones del año pasado, y luego en la web de nuestro insti. Antes de eso, es como si no existiera.

Las chicas se miraron.

—¿Es posible que nos esté buscando? Parece demasiada casualidad que haya empezado a trabajar aquí justo cuando llegan Lena y Uma y nuestros poderes empiezan a manifestarse —preguntó Assia volviéndose hacia Jess.

—No podemos descartar nada —aceptó ella a regañadientes—. Si yo pude sentir vuestro despertar, otros también han podido hacerlo.

—¿Otros? ¿En plural? ¡Estupendo! —saltó Uma—. ¿Cuántos villanos malvados podemos llevar ya pegados a los talones?

—¡Espero que ninguno más, la verdad! —respondió Lena con amargura—. ¿Qué vamos a hacer si no?

Las cuatro guardaron silencio por un momento.

—Por el momento, deberíamos ocuparnos de buscar al cuarto menguante —sentenció Assia.

—Es cierto —suspiró Uma—. ¿Alguna idea?

—Pues acerca de eso… —empezó Lena.

—Te acaba de llegar un mensaje —la interrumpió su amiga—. Y parece importante.

—¿Y eso cómo lo sabes? —Se sobresaltó al sacar el móvil.

—No lo tengo claro —respondió Assia con una media sonrisa—. Pero lo sé. Lo siento.

Lena miró la notificación.

—Chicas —anunció—. No os vais a creer quién me ha escrito.