El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

Me siento mal por haber usado la regla como excusa para no ir al entrenamiento.

Pero ¿cómo iba a ir?

Con la cara que tengo hoy, paso de

tener que dar explicaciones.

Necesito pensar, procesar. encontrarle un sentido a todo esto.

¿Qué ha sido lo que he sentido hoy en

la biblioteca? ¿Por qué nadie más parecía notarlo?

Y dormir. Necesito descansar una

noche entera sin pesadillas. Solo una.

No pido más.

¿Por qué cuanto más falta te hace la

ayuda, más difícil es pedirla?

Sonó la puerta. Era Sara, su madre.

—Naia, cielo, te he hecho un té. ¿Estás mejor?

—Un poco.

Aceptó la taza humeante, agradecida. Y se permitió un momento de vulnerabilidad.

—Ojalá no tuvierais que iros esta noche otra vez —murmuró.

Su madre suspiró y se sentó en el borde de la cama. Llevaba ropa de estar por casa, pero ya se había maquillado para salir. «Pinturas de guerra», las llamaba.

—Ya lo sé, cielo, pero es un contrato enorme —respondió.

Como si no lo fueran todos.

—Ya sabes que mamá y yo estamos siempre pendientes de Leo y de ti.

Suerte la de Leo, que no recordaba un tiempo en que sus madres estaban en casa y hasta tenían tiempo para jugar, antes de que la productora musical que dirigían se hubiera pasado a las grandes giras.

Naia sonrió a su madre y miró el cuaderno abierto sobre la cama. Por suerte, Sara pilló la indirecta y la dejó de nuevo a solas con su diario.

Tengo que mirarlo por el lado bueno. Si mis madres pasaran más tiempo en casa, sería imposible que no se hubieran dado cuenta de que está ocurriendo algo rarísimo. Que no soy normal.

Se quedó contemplando esa palabra. «La normalidad está sobrevalorada». Ella nunca había querido ser como los demás.

Quería ser diferente. Pero no así.

Su madre Miranda siempre lo decía: «Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad».

En ese momento, vibró su móvil. Era Luke. Desbloqueó la pantalla con una sonrisa, esa que le salía siempre cuando él le prestaba atención.

¿Qué tal estás?

Ay, qué diferentes se sienten las palabras según quién te las diga.

Mejor

Antes parecías de los nervios

Son las hormonas, se me pasará en unos días

Sabes que puedes hablar conmigo. De lo que sea

La calidez de sus palabras la reconfortó más que la tisana abandonada sobre la mesilla.

Luke tenía la capacidad de hacerle olvidar lo sola que estaba. Quizá por ser un chico resultaba inmune a las rivalidades que destrozan las amistades femeninas. «Si quieres ser una reina, tienes que aceptar no tener amigas de verdad. Nadie ama lo que teme. La envidia y los celos te impiden intimar».

Antes, a Naia le gustaba esa sensación.

Hasta que ella misma empezó a necesitar una amiga. Alguien en quien apoyarse.

Recordó a Lena, al otro lado de la puerta del lavabo.

Ella y sus amigas se acababan de conocer, pero parecían tan unidas… Había visto cómo se reían, cómo disfrutaban de la compañía de las otras, pese a ser tan distintas. En cambio, sus amigas siempre se habían parecido a ella. Débiles intentos de imitarla.

El móvil volvió a vibrar. Un emoji de abrazo y una foto de una sola visualización de Luke haciendo un gesto tonto, de los que ponía solo para hacerla reír. Se portaba tan bien con ella…

Aunque no le gustaran otras de las cosas que hacía, como meterse en líos porque sí. O lo que había pasado con los petardos. Algún día tendría que decírselo. Pero nunca parecía el momento. Además, ¿y si se molestaba? En ese momento, no podía arriesgarse a que eso pasara.

Cuenta conmigo, Naietta

Uf, también tendría que decirle que no le gustaba que la llamara así. Pero no por el momento.

Gracias

Sí, al menos tenía a Luke.