Capítulo 14
El encapuchado no estaba dispuesto a darles tiempo de ventaja hablando.
Alzó las manos y al instante el espacio delante de las chicas palpitó. Lena vio cómo la realidad se ondulaba a la vez que sentía un tirón en el pecho.
Hilos de oscuridad surgieron de la nada y comenzaron a trazar espirales en el aire.
—¡Cuidado! —gritó Uma. La chica se apartó justo a tiempo: los libros de las estanterías cayeron hacia ellas, atraídas por la fuerza del remolino de negrura.
Lena cuadró los hombros, dispuesta a pelear. A su izquierda, Uma alzó los puños y Assia levantó el libro por encima de su cabeza, preparada para defenderse.
La oscuridad giraba ante ellas cubriendo todo el pasillo.
No las tocaba. No hacía falta.
Lena soltó un jadeo. Podía… sentirlo. El miedo en su interior, invadiéndola, ahogaba el poder que le habían dicho que tenía. ¿De qué le servía entonces ese poder? No era capaz de controlarlo… El terror era lo único real.
Miró el centro de aquel agujero negro y supo que podía deshacerse de aquella sensación.
El miedo y el poder de la luna llena estaban entrelazados en ella. Se libraría de los dos. Los lanzaría a la oscuridad y se olvidaría. Volvería a ser una chica normal.
«¿No era eso lo que querías?», oyó que le decía una voz en su cabeza.
Lo había querido, sí.
Antes de conocer a Assia y a Uma. Sus amigas. Parte de su vida. Cerró los ojos con fuerza.
La energía de la luna llena era una parte de ella. Y ya estaba harta de que el universo le arrebatara cosas.
—¡No! —chilló de golpe. Sus amigas se sobresaltaron y supo que ambas eran presas del mismo hechizo—. ¡Nos quiere arrebatar nuestro poder!
La espiral de oscuridad palpitó de nuevo y comenzó a acelerar su giro. En ese momento el tirón en su pecho estaba claro: si no se lo daban por propia voluntad, iba a tratar de arrancárselo por la fuerza.
—Lena, ¿qué hacemos? —gritó Uma a su lado.
—Acoged el miedo… —Lena repitió las palabras de Jess—. ¡Y DOMADLO!
Apretó los puños y cerró los ojos, reclamando el poder de la luna llena para sí. ¡Era suyo y nadie se lo iba a arrebatar!
Y la luz la envolvió en un centelleo cegador.
Cuando volvió a abrir los ojos las vio: Uma emergía de un torbellino de agua, fuerte y con seguridad. Assia surgió a su vez de un remolino de chispas, asustada pero decidida.
—¡Qué pasada! —chilló su hermana.
—¡Vamos! —las avisó Lena—. ¡No hay tiempo que perder!
Siguiendo su instinto, juntó las manos y dio rienda suelta a su poder.
Un fogonazo de luz salió disparado hacia la oscuridad, haciéndola temblar.
Imitando su ejemplo, Uma lanzó un disparo de agua.
—¡Assia! ¡Tú también! —le gritó Lena.
Vio el miedo en el rostro de su amiga.
—¡Te necesitamos!
Podía sentir el poder oscuro cediendo, pero no lo lograrían sin Assia. Al fin, reaccionó. Sus ojos se abrieron como platos cuando de sus manos emergió un rayo, que se unió al de Lena y Uma.
Las tinieblas se deshicieron con un trueno ensordecedor.
Las tres chicas emergieron entre las volutas. La figura encapuchada dudó un instante… y decidió que no merecía la pena volver a intentarlo. Hizo un floreo con la capa.
Y la ilusión se desvaneció. Las chicas recuperaron su forma original y el pasillo de la biblioteca volvió a ser solo eso. Un pasillo normal y corriente.
Y con todos los libros por el suelo.
—¿Un empujón? —preguntó Mike, el bibliotecario, incrédulo—. ¿Eso es lo que ha pasado?
Las chicas pusieron su mejor cara de póker mientras recogían a toda prisa los montones de libros caídos.
—Sí, estábamos jugando y me he chocado con la estantería —dijo Uma fingiendo avergonzarse.
—Lo que no vea en los adolescentes de hoy… —murmuró el hombre comenzando a reorganizar aquel desastre.
Lena lo miró con desconfianza. ¿De verdad no había notado nada? Y entonces recordó que había alguien más en la biblioteca.
—¿El director sigue aquí? —preguntó.
Mike la miró con extrañeza.
—Se acaba de ir, ¿por qué lo preguntas?
—Nada, nada, por asegurarnos de que no nos pilla —respondió a toda prisa mientras lo recogían.
—Venga, marchaos, que aquí ya no podéis hacer nada más —las despidió Mike mirando la pila de libros que le quedaba por clasificar. Las chicas recogieron sus cosas y se dirigieron a la salida.