Capítulo 12
Con las tareas del curso, no era SENCILLO encontrar tiempo para quedar y entrenar sus poderes.
¡Todas tenían agendas muy ocupadas entre semana!
—Yo tengo clases de baile martes y jueves —informó Uma cuando intentaron cuadrar sus agendas.
—Yo atletismo el miércoles —indicó Lena—. Suelo salir a correr tres días a la semana, pero me puedo adaptar. Y no me vuelvas a decir que correr es un peñazo. —Ignoró el resoplido incrédulo de su hermana.
Correr la había salvado en el pasado. No te hace falta buen equipamiento, ni clases regulares, ni asistir a un gimnasio concreto. Correr era algo que había podido hacer en cualquiera de los orfanatos en los que había vivido, sin depender de nadie, sin gastar dinero.
—Yo no hago extraescolares, pero mis padres son bastante estrictos con salir entre semana —informó Assia.
—¡No tienen por qué saberlo! —sugirió Uma.
—Prefiero no meterme en líos —respondió la chica—. En más líos. Además, no es que esté libre. Por las tardes echo una mano en la frutería de mi familia.
—¿No te gusta hacer deporte? —preguntó Uma.
—No se trata de gustar o no. Pero no podríamos pagarlo. —Assia se encogió de hombros—. Somos tres chicas estudiando y la frutería no daría para tanto.
—Ostras, perdona —se excusó Uma de inmediato.
—No pasa nada, no me avergüenza. Mis padres trabajan muy duro para que podamos estudiar lo que queramos. Ayesha, mi hermana mayor, está fuera estudiando en la facultad de Enfermería.
—¿Y cómo sabes tanto de ordenadores? Porque todo eso que apuntas en clase de Historia cuando te aburres es programación, ¿no? —se interesó Lena.
—Lo hago sola. Empecé con tutoriales, y muchas cosas simplemente a base de prueba y error —explicó su amiga.
Prueba y error. Esas palabras se quedaron clavadas en ella a lo largo de todo el día, y no la abandonaron ni siquiera cuando salió a correr esa tarde.
También para ella había sido así toda su vida. Sin manual de instrucciones, aprendiendo a valerse sola. Sonrió para sí tratando de mantener la respi ración constante en una cuesta especialmente pronunciada.
Quizá la vida la había estado preparando para ese momento. Para asumir su naturaleza.
Regresó a casa toda sudada y se fue directamente a la ducha. Uma todavía tardaría un buen rato en volver de la academia de danza y se enchufaría a toda prisa a ver su reality favorito, así que tenía un rato para sí misma.
Se duchó con calma y mientras se cepillaba el pelo mojado volvió a poner de nuevo la canción que más le gustaba últimamente, Strong , el nuevo tema de Introvert.
Desde que la había descubierto, estaba obsesionada con su música y con el misterio que la rodeaba.
Haciendo honor a su nombre, la cantante nunca se dejaba ver y solo se expresaba a través de sus lyrics videos .
Unos golpes llamaron a la puerta con suavidad.
—¿Podemos pasar?
Xiomara y Jaime entraron. Lena trató de reprimir la inquietud que aún experimentaba cada vez que alguno de ellos la buscaba. Examinó sus rostros a toda velocidad: era una experta en leer expresiones de adultos.
En ese caso, parecían dos niños antes de la noche de Reyes.
—¿Qué tal? —preguntó la mujer, sentándose al pie de la cama. Jaime se acercó a la ventana y en un gesto automático recolocó la planta. ¡Qué satisfecho parecía con lo frondosa que estaba! Lena reprimió una sonrisa.
—Queremos saber cómo estás —explicó entonces el hombre.
—Hemos sido padres de hija única durante quince años y no queremos cometer el error de meteros en el mismo paquete —dijo Xiomara.
—Y el inicio del curso siempre es un momento duro para las chicas activas como vosotras —añadió él.
«Si ellos supieran…».
Quizá era por haber convivido con tantos adultos, pero para Lena resultaba enternecedor ver algo que la mayoría de los adolescentes pasaba por alto: lo nerviosos que estaban sus padres. Las ganas que tenían de hacerlo bien.
¡Qué injusticia! Tener esa conciencia y no poder disfrutarla… porque no podía responder con la verdad.
—Todo bien —dijo contando con los dedos—. Parece que estoy al día en las materias, que era algo que me preocupaba bastante. He hecho una amiga nueva…
—Que no es poco si es buena —sonrió Xiomara.
—… y en general estoy más tranquila que nunca.
Eran palabras ciertas, se dio cuenta según las pronunció.
¿En qué momento? ¿Cuándo había comenzado a asumir quién era en realidad? ¿A creer que la luna estaba ahí para protegerla?
Los tres se sonrieron. ¿Quién se sentía más aliviado?
—¿Algún chico que te guste? —preguntó él.
—¡Jaime! O chica, no lo olvides. Y para esta pregunta no tienes por qué honrar nuestro compromiso de honestidad absoluta —le aclaró Xiomara entre carcajadas.
Lena se puso roja como la grana. Y más todavía cuando le vino un nombre a la mente. Sacudió la cabeza para sacarse la idea de allí.
—Nop, nadie especial.
—Ya, claro… —sonrió Xiomara—, haremos como que nos lo creemos.
La pareja se miró un momento. Estaba claro que tenían algo más pendiente.
—Venga, dáselo —dijo Jaime. Y ella le tendió una caja.
Lena abrió los ojos. Un regalo… ¿sin venir a cuento de nada? ¿Por qué? La vieja desconfianza volvió a surgir de repente. ¿Querrían algo de ella?
—Pero si mi cumple pasó hace más de dos meses… —dijo.
—Pues por eso mismo. ¡Ni siquiera estabas con nosotros todavía! Navidad también está lejísimos… —añadió Jaime.
—… y queríamos que lo tuvieras ya —se aceleró Xiomara—. Sabemos que te encanta hacer fotos con el móvil, pero los jóvenes os habéis perdido el encanto original de la fotografía, la presión de tener solo una oportunidad y de que la primera toma que saques tenga que ser la buena…
—¿Te gusta, Lena? —la cortó Jaime. Lena contemplaba la cámara instantánea que había aparecido bajo el papel de regalo, sin palabras—. Vale, tomaremos el silencio como un sí rotundo.
Para confirmarlo, como todavía no se sentía capaz de hablar, les echó los brazos al cuello y los abrazó con toda la fuerza que pudo.