Capítulo 10
La tierra vibró. Lena pudo sentir cómo el poder de Uma se abría camino, localizando una tubería enterrada varios metros bajo la superficie…
¡Bang!
El surtidor de agua afloró justo por el punto donde se encontraba Assia, barriéndola con fuerza. Uma estalló en risas.
—¡Tía! —chilló la chica, empapada.
—¿Qué?
—¡Oye, no te rías! —bufó su amiga poniéndose en pie.
—¡No es por ti! —respondió Uma a duras penas—. Es que estaba pensando que… al menos era una tubería de agua potable… ¡y no una de fecales!
Assia emitió un gruñido y la electricidad crepitó a su alrededor, encontrando buena conducción en el agua que la cubría.
La tarde estaba siendo un desastre…
Parque desierto después de comer. Mucha energía contenida.
Uma bailó con los brazos abiertos y el agua creó una espiral a su alrededor. A un gesto suyo, la hélice cayó al suelo y el surtidor se selló de golpe. Uma soltó una carcajada triunfal y Jess, que las observaba un poco apartada, aplaudió.
—Genial —farfulló Assia—. Ahora todo el suelo es un barrizal.
Ella era la que peor lo estaba pasando. Al fin y al cabo, Uma y Lena podían tirar de cosas tangibles: agua, tierra… Pero ¿energía eléctrica? Assia sentía que no tenía ningún tipo de control sobre su poder.
—Podría sacar el agua de la tierra de nuevo —comentó Uma chapoteando en el barro—. Pero eso tampoco te gustaría, ¿no?
Assia resopló.
—Es que te lo estás tomando a guasa.
—¿Pues qué quieres que haga? —replicó Uma, molesta—. ¡Le pongo buen humor, al menos!
El pelo de Assia chisporroteó de estática.
—¡No tienes ningún tipo de empatía! —gritó. ¿Por qué gritaba? No era propio de ella. Y a Uma no le hizo ninguna gracia.
—¡Yo no tengo la culpa de que no sepas gobernar tu poder! —le chilló.
Fue visto y no visto. Esta lanzó un chorro de agua hacia ella y Assia levantó de forma instintiva un muro de rayos. Las dos salieron despedidas hacia atrás.
—¡Basta!—chilló Lena poniéndose en medio—. ¡Hemos venido a convertirnos en un equipo y nos estamos machacando!
Assia abrió la boca…, pero, cuando encontró la mirada de Lena y vio a Jess preocupada más atrás, toda su furia se diluyó en lágrimas que se le desbordaron.
—¡No lo puedo controlar! —sollozó. Uma, arrepentida, se sentó a un lado, y Lena, al otro—. Y no me gusta nada sentir que algo está fuera de mi control. Me genera muchísima ansiedad…
—¿Tú cómo lo haces? —preguntó Lena. Ella había logrado hacer florecer una planta sin provocar una explosión de brotes, pero, aun con todo, le costaba mantener el control. Uma era la que más fácil parecía tenerlo, y la única que se divertía. La chica se lo pensó un momento.
—Para mí no es una cuestión de control. Es más como un juego. Es… divertido.
Assia se secó las lágrimas.
—Esto es absurdo —dijo—. Soy una científica. Mi mente está preparada para recibir información racional, ¡y esto de tener poderes no lo es en absoluto!
—Creo que no deberíamos buscarle una explicación científica —comentó Lena.