El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

—¿Tú sabes qué es lo que nos está sucediendo? —preguntó Assia.

La mujer asintió con gravedad. Atrás quedaron las risas de inmediato. Las tres se echaron hacia delante sobre la mesita, atentas.

—Tengo una historia que contaros. Escuchad con la mente y el corazón abiertos —les pidió Jess—. ¿Listas?

»Al principio de los tiempos, cuando los planetas se formaron, las fuerzas superiores del cosmos colocaron a su alrededor satélites que los vigilaran y, sobre todo, que los protegieran.

Durante mucho tiempo eso fue suficiente, pero un planeta comenzó a desarrollarse de forma excepcional, albergando tantas formas de vida en su interior que se volvió un tesoro inconmensurable, uno que había que proteger a toda costa.

—La Tierra —murmuró Lena.

—En efecto. Y la Luna, nuestro único y hermoso satélite, sintió que necesitaba ampliar su protección, extenderla de forma directa sobre la superficie de la Tierra.

Entonces, hace generaciones, decidió elegir a cuatro jóvenes humanas para transmitirles sus poderes.

Ellas serían las guardianas del equilibrio. Las protectoras de la vida.

—¿Y esas somos nosotras? —intervino Lena, con más alivio que miedo.

—Sí y no. Sois cuatro, como las cuatro fases de la luna.

»Lena, tú has recibido la luz de la luna llena, la que guía a los humanos desde antes de que fueran capaces de controlar el fuego. La naturaleza te es especialmente próxima. Tu empatía es una fuerza y no una debilidad, no lo olvides nunca.

»Uma, tu ímpetu es el del cuarto creciente. Implacable, imparable. Manejas el agua como la luna levanta las mareas. No olvides que a veces las aguas mansas son tan peligrosas como las bravas.

»Assia, has recibido el misterio de la luna nueva. Discreta, pero no por ello invisible. Imprescindible para el equilibrio, capaz de quebrar la oscuridad con una sola chispa de tu energía.

Las tres chicas contemplaron atónitas a la heladera. Las preguntas salieron sin parar:

—¿Esto es en serio? —espetó Assia—. ¿Lena controla la luz, Uma el agua y yo soy aquí la chispas?

—¿Cómo lo sabes? ¿Eres una antigua guardiana también? —quiso saber Lena.

—¿Y ahora nos va a dar una misión o algo así? —preguntó Uma con la boca llena de helado.

Jess soltó una carcajada.

—¡No es una película! ¿Cómo os voy a mandar a una misión si no tenéis ni idea de hasta dónde pueden llegar vuestros poderes, y mucho menos de cómo controlarlos? Y sí, sí. Yo también era una guardiana y hacía muchas preguntas. Pero me retiré hace mucho…

Lena escondió sus manos sudorosas bajo la me­sa. Estaba de los nervios.

—¿Nos vas a enseñar a controlarlos?

—¡Que sea guardiana no significa que lo sepa todo! Los poderes se manifiestan de forma distinta en cada guardiana según su personalidad. Son únicos, como lo sois vosotras. Debéis encontraros y apoyaros las unas en las otras porque vuestra unión es vuestra fuerza.

—Entonces, si somos cuatro… ¿tenemos que encontrar a la cuarta guardiana? —preguntó Lena.

—Exacto. Y tened algo en cuenta: hasta que no demostréis que sois capaces de trabajar como un equipo, como la Luna es una sola, no habréis probado que merecéis estos dones. Los poderes se tienen que ganar, tenéis que demostrar que sois las indicadas para ellos.

Las chicas hablaron atropelladamente.