El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

La heladería era un sitio precioso: estaba decorada por completo con temática del universo. Un sistema solar adornaba el techo, y la pared detrás del mostrador estaba cubierta por un mural que mostraba el cielo nocturno cubierto de constelaciones plateadas. La lámpara tenía forma de luna.

Quizá en otro momento las chicas se habrían detenido a admirarlo. Si no hubieran estado asustadas y empapadas.

Jess les señaló una mesa vacía al fondo de la sala y echó el cartel de cerrado.

De la trastienda sacó varias toallas para que se secaran y después se metió tras el mostrador.

Estaba… ¿preparando helados? ¿En aquel momento?

Las chicas se sentaron en una mesa, extrañadas, y, de repente, Assia estornudó.

—¿Estás bien? —le preguntó Lena, tendiéndole una servilleta—. ¿Qué ha pasado ahí fuera?

—No es… la primera vez que me pasa algo… raro —confesó—. ¿Recordáis el otro día, en el despacho de Alberto?

Uma y Lena asintieron.

—Pues creo que fui yo quien hizo que se fuera la luz allí…

—¿En serio? —preguntó Uma.

Lena se mordió la mejilla por dentro. ¿Notarían sus amigas lo fuerte que le latía el corazón? ¿No era entonces ella… la única a la que le sucedían cosas increíbles?

—¿Qué te hace pensar eso?

Las siguientes palabras de Assia se lo confirmaron.

—Desde hace un tiempo tengo muchísimas pesadillas. Todos los días sueño que estoy en medio de una tormenta, atrapada entre rayos que me atraviesan el cuerpo… Me despierto chillando y siempre ha pasado algo fuera del sueño.

—¿Cómo qué? —preguntó Lena con el corazón en un puño. Jess se acercó en ese momento y puso una copa de helado delante de cada una de ellas. Miró a Assia.

—¿Tu móvil se carga solo? —preguntó. Ella la miró con ojos desorbitados.

—¿Cómo lo sabes? Todas las noches. ¡Lo dejo en mi mesilla, y al día siguiente aparece con la batería llena!

Y no solo me pasa por las noches: pongo el microondas y funciona solo, aunque estoy casi segura de que aún no he apretado al botón.

Y hace una semana —Assia ya no podía parar de hablar—, cuando Luke encendió el cohete y estaba segura de que nos iba a explotar en la cara, me sentí… No sé…, me sentí…

—… como si fueras un túnel por el que circula una bola de energía —terminó la frase Lena cuando su amiga se quedó sin palabras.

—¡Exacto! ¿Cómo lo sabes?

Ella se mordió el labio. ¿Podía contárselo? ¿Confesar el secreto de toda su vida a dos chicas a las que conocía desde hacía tan poco?

Se metió una cucharada de helado en la boca. El dulzor del chocolate la reconfortó.

—Porque yo noté lo mismo —musitó.

Assia y ella se miraron, sintiendo una conexión especial…

—¡Y yo! —exclamó entonces Uma con la boca llena. A Jess se le escapó una carcajada ante la mirada estupefacta de las otras dos chicas.

—¿Cómo? ¿Y lo dices tan tranquila? —chilló Lena.

Uma se encogió de hombros.

—En la temporada pasada de Somos tentación había una tía que hablaba con los espíritus. No me parece tan raro.

—¡Es un reality! ¡Aquí estamos hablando de nuestras vidas, no de la tele! —se desesperó Assia—. ¡Mira la que he liado!

—Bueno… —comentó Jess, con una sonrisa traviesa—. Yo creo que tampoco ha sido para tanto.

—¿Cómo que no?

—Comparado con todo lo que puedes llegar a hacer, no.

Se hizo el silencio en la mesa.

—¡Y lo dice tan tranquila! —saltó Uma.

—¿A qué te refieres, Jess? —preguntó Lena.

—Ay, creo que será mejor que os lo cuente desde el principio… —dijo la mujer, sentándose con ellas en la mesa.

—Espera, espera —la interrumpió ella—, ¿qué clase de cosas te pasan a ti, Uma?

Por toda respuesta, señaló sus helados. Al igual que pasó en la fiesta de bienvenida, los de Lena y Assia estaban ya medio derretidos, mientras que lo que quedaba del suyo permanecía perfectamente sólido.

Y entonces, en un santiamén, los helados fundidos recuperaron su forma en dos bolas.

—¡No puede ser! ¿¡Lo controlas!?

—¡Qué va! Si lo hiciera, el desastre del bubble tea no habría sucedido. Pero, desde hace un tiempo, la temperatura del agua de la ducha se ajusta a mi gusto sin que toque el grifo. Y decidí intentar aplicarlo a cosas realmente importantes, ¡ñam!

—¡Y lo dices tan pancha! ¡Que tienes poderes, tía! —sonrió Lena… Y esa sonrisa fue el detonante.

Un momento más tarde, hasta Assia no pudo reprimir la risa.

—Una cosa, Lena —intervino Uma—. ¿Tiene esto algo que ver con que últimamente dejas un reguero de hojitas por la casa?

—La planta que puso Jaime en mi habitación crece descontrolada cuando tengo pesadillas, sí —admitió ella.

—Vale, y yo que pensaba que querías hacerla desaparecer a base de podarla a diario… —se guaseó Uma.

La mirada de Jess iba de una a otra, esperando a que estuvieran preparadas para hacer la pregunta. Al final, fue Assia la que volvió a quedarse seria. Jugueteó un poco con el helado que le quedaba y por fin se decidió:

—Bueno, pues… ¿qué nos está pasando?