El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

Assia pasó toda la semana sin dirigirles la palabra. Si no le quedaba más remedio, comentaba con Lena los ejercicios de Matemáticas, pero las evitaba durante los recreos.

A ella le daba rabia dejarla sola, pero lo respetaba. Sabía que a veces las preocupaciones se disfrazan de enfado y confiaba en que Assia volvería con ellas. Sin embargo, Uma cada vez estaba más indignada.

Hasta el viernes, que amaneció nublado y acabó de rematar su mal humor.

—¿El primer fin de semana en un nuevo instituto y sin nuestra única amiga? —gruñó en el camino de ida a clase.

—Igual no llegó a ser nuestra amiga, ¿no crees? —comentó Lena. No quería aceptarlo, pero cabía la posibilidad de que Assia decidiera pasar de ellas definitivamente.

—¡Solo porque no quiere contarnos algo!

Ay, Lena entendía bien que Assia tuviera sus secretos. Pero Uma no estaba dispuesta a dejarlo estar. A la salida de las clases, agarró a Lena de un brazo y esperaron resguardadas bajo un árbol a que su compañera saliera del instituto.

—¡Assia! —gritó Uma al verla, yendo hacia ella.

Cuando parecía que esta iba a escabullirse, Uma le cortó el paso.

Assia se cruzó de brazos. Daba la impresión de que había esperado todo lo posible para salir sola, sin que la molestaran, y su estrategia no había funcionado.

En ese momento las miraba ceñudas, pero Uma no le hizo ni caso. Típico de ella.

—Bueno, creo que ya está bien. Nosotras solo queremos ayudarte.

Assia se revolvió. El viento cada vez azotaba más fuerte y comenzaron a caer unas gotas de lluvia.

—Déjame irme —pidió tratando de sacudirse a Uma de encima.

—¡No! Responde a la pregunta. ¿Quieres de verdad que te dejemos sola?

—No… —murmuró Assia. Uma la agarró suavemente del brazo.

—Pues cuéntanos qué te pasa —le pidió.

—¡Que me sueltes!

Lena podía sentir la energía vibrando en el ambiente. El viento le enredó el pelo.

—¡No pienso soltarte hasta que…! —gritó Uma.

No pudo acabar la frase.

Vaya que si la soltó.

Assia se apartó con un chillido al mismo tiempo que del cielo se precipitó un rayo.

Directo hacia ellas.

¡CRAC!

El chasquido lanzó a Lena al suelo.

Y, cuando abrió los ojos, no podía creer lo que estaba viendo.

Assia echaba chispas y estas le rodeaban el cuerpo como una capa.

—¿Qué…, qué está pasando? —tartamudeó Uma, retrocediendo un paso.

Su amiga volvió a gritar, aterrada, se giró y apoyó las manos en el tronco de un árbol, como si quisiera quitarse de encima las chispas. Su cuerpo se estremeció y el árbol tembló… y estalló en llamas por la copa.

Oyeron gritos que venían de la calle, gente que debía de pasar por delante del instituto y había visto las llamaradas.

—¡Cuidado! ¡Aparta! —gritó Lena tirando de Uma.

—¿Y Assia qué? —Tenía la mirada clavada en su amiga, que seguía con las manos en el tronco del árbol, bloqueada, rodeada de chispas.

Lena sintió algo dentro al ver todo aquello. Algo que tomaba forma, sentido. Corrió hacia Assia y la agarró de la mano, sacándola del trance, y la despegó de ahí. Estaba temblando.