El despertar de las guardianas (Luna 1) Capítulo 3
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Capítulo 3

Una vez en casa, Uma, sin embargo, no estaba para nada convencida. De hecho, no había salido del cuarto en toda la tarde.

—¿De verdad no vas a salir? —preguntó Lena a la puerta cerrada.

—¡Nunca! —gritó Uma desde dentro—. ¡Mi vida social está a-ca-ba-da!

Llevaba así desde la salida de las clases y no tenía pinta de que fuera a mejorar.

—No ha sido tan grave, Uma…

—¡¿Cómo que no?! Por lo visto, Naia es la reina de la clase. Es casi perfecta. Y ahora nadie, ¡nadie!, se atreve a hablar con el patito feo que la puso perdida. Soy una apestada. ¡Me quedaré aquí dentro viendo Somos tentación hasta que acabe el curso en junio!

Somos tentación. Uma y los realities. Su pasión por la vida televisada era proporcional a su dramatismo.

Sonó el interfono.

—Será tu amiga, ve tú a abrir —dijo Xiomara, que apareció en el pasillo con una sonrisa apaciguadora y con su largo pelo liso moviéndose en una coleta de un lado a otro—. Yo me ocupo.

Lena fue hasta la puerta, la abrió y al cabo de un momento del ascensor salieron Assia y otra chica, que se parecía un montón a ella, con los mismos rizos voluminosos y que lucía el mismo piercing en la nariz.

—¡Hola! —la saludó su compañera—. Esta es mi hermana Salma. Está en 1.º de Bach y también viene a la fiesta.

—¡Genial, encantada! —dijo Lena.

—¿Ya estáis listas para irnos? —preguntó Salma, que claramente se moría de ganas de marcharse.

Lena miró atrás, dentro del piso, pero no se atrevió a llamar a voces a Uma. Hasta entonces se habían llevado bien, pero la asaltó un pensamiento: ¿y si se molestaba? ¿Y si le parecía una entrometida por insistirle tanto?

—Falta Uma… —dudó.

En ese momento, Xiomara apareció por el pasillo.

—Ya se le pasará —la tranquilizó—. Uma acabará yendo, pero dadle un rato. Y, sobre todo, mandadle fotos de lo bien que os lo estáis pasando. ¡Montones de fotos! Eso la acabará de convencer —les indicó con un guiño.

Cuando ya estaban en la calle, Salma fue la primera en hacer La Pregunta:

—¿Eres adoptada o algo? —preguntó.

—¡Salma, no te metas! —Assia se puso como un tomate—. Lena, ignórala.

No. No podría evitarlo siempre. Tenía que responder.

—¡No pasa nada! Está claro que no me parezco nada a Xiomara y a Jaime, así que es mejor que me acostumbre a ir aclarándolo —respondió Lena, fingiendo que no le importaba—.

Uma y sus padres son de México. Viajan mucho por el trabajo de Xiomara, que es arquitecta, pero ahora quieren que Uma pueda acabar la secundaria con más estabilidad.

Tienen planes de quedarse aquí unos cuantos años, hasta que sea mayor de edad.

Y a mí me acogieron hace un par de meses.

Había estado a punto de decir: «Adoptaron». Pero no. Todavía no habían firmado los papeles que la harían oficialmente su hija.

Lo llamaban acogida temporal. Deberían llamarlo período de prueba. Si no lo pasas, a la calle.

Se quedó esperando la avalancha de preguntas sobre los detalles de su vida pasada, pero esta no llegó. En su lugar, Assia le pasó torpemente un brazo por los hombros. Estaba claro que no era un gesto al que estuviera acostumbrada, pero se estaba esforzando.

Salma no preguntó más; caminaron mientras Lena les hablaba de series y de música. Les compartió las creaciones de una artista musical, Introvert, que había descubierto hacía poco y que la tenía entusiasmada.

—Esta es la que más escucho cuando salgo a correr. Se llama Strong .

Las chicas no la conocían, pero enseguida se encandilaron por el ritmo fácil de la base musical y tararearon con ella el estribillo.

But now I can feel the force.

I should start to believe I’m strong…

¡La tímida Assia tenía mucho ritmo! Lena y ella bailaron espalda con espalda y luego giraron juntas perfectamente compenetradas. Las tres corearon desafinadamente el estribillo hasta que llegaron a…

—¡Guau!

¿De verdad ese era el mismo instituto al que habían ido por la mañana?

El edificio estaba precioso: habían decorado los árboles con guirnaldas de colores, en varios rincones con cortinas de luces ya se estaba formando cola para hacerse selfis, y delante de la puerta habían montado un puesto de perritos calientes, y otro de gofres y helados.

—¡Poneos ahí, que os saco unas fotos! —exclamó Salma, claramente encantada de ver a su hermana contenta y con una amiga. Cogió el móvil de Lena y disparó varias veces—. ¡Yo me voy ya! Assia, te recojo luego, después de los fuegos artificiales.