Capítulo 16
A las seis de la tarde, el cielo parecía haber caído sobre Bibury como un denso y oscuro manto dejado a su paso por la lluvia, y parecía casi de noche. Alice había regresado a la casa principal escoltada por Arthur, y se encontraba en la habitación con Ruth.
—¿En qué pensabas para salir corriendo como loca bajo la lluvia? —le preguntó Ruth con burla, mientras le ayudaba a arreglar el cabello que se ondulaba con la humedad.
Alice se volvió, mirándola con el ceño fruncido.
—En nada, solo quería estar sola.
—Ya veo —adujo Ruth—, algunas cosas solo se pueden hacer en soledad.
—¡Eso no es cierto! —exclamó Alice, recordando que no iba a seguir escuchando sus insinuaciones.
Después de la tontería que había hecho frente a Arthur, sentía que la cara se le sonrojaba de vergüenza, y todo era consecuencia de dejar que la influenciara.
Desde ese momento, decidió que hablaría con Gunter.
Tal vez él no tuviera que hacer lo que le dijera, pero debía escucharla.
Llegó el anuncio de la cena y ambas bajaron al comedor. Arthur y Gunter ya se encontraban allí, charlando animadamente, mientras el servicio comenzaba a preparar la mesa. Los dos hombres no interrumpieron su conversación, pero Alice sentía de vez en cuando la mirada furtiva de Arthur.
Extendió la mano, dándose cuenta de que seguía perturbada por su extraño comportamiento. Quizá, si hubiera estado sola, habría terminado por quitarse la ropa. El vergonzoso pensamiento la hizo abrir los ojos, consternada.
—¿Te encuentras bien, Alice? —le preguntó Arthur, sobresaltándola.
Ella lo miró; y aunque para esta ocasión eligió usar un vestido cubierto hasta el cuello para la cena, seguía sintiendo que llevaba todo el pecho al descubierto.
—Estoy bien —respondió, tomando una copa de agua y bebiendo un sorbo, sintiéndose sedienta.
—Espero que no vayas a resfriarte, mañana será un gran día para nuestro amigo —mencionó Gunter, palmeándole el hombro.
—Vaya, por fin la noble y grandiosa señorita Williams se ha dignado a pisar estas tierras. Estoy segura de que estás feliz por ello, hermanito —comentó Ruth con un matiz de sarcasmo.
—Más de lo que crees —repuso él haciéndole una graciosa mueca, levantando su copa y brindando por todos, hasta que su mirada se detuvo en ella. Alice, que aún tenía la copa en la mano, se bebió el resto de un tirón, apartando la mirada—. Me alegra que no te hayas resfriado.
Alice asintió sellando los labios y siguió comiendo despacio, hasta que Ruth manifestó que estaba satisfecha y quería ir a descansar.
Ella también expresó lo mismo y juntas volvieron a la habitación.
Ambas se metieron en sus respectivas camas, después de que dos doncellas las ayudaran a prepararse para la noche.
Estaba cansada, pero no quería dormirse hasta tener la certeza de que Ruth no saldría de la habitación para tener algún encuentro secreto con Gunter. Imaginaba que no lo haría, ya que se había mostrado agotada por el largo recorrido hasta allí.
—¿Te molesta la prometida de tu hermano? —le preguntó, mientras se tapaba hasta el cuello.
—Un poco.
—¿Puedo saber por qué?
—¿Te interesa saberlo, Alice?
—Solo es curiosidad. Tal vez yo sienta lo mismo cuando Gunter se comprometa en matrimonio —respondió a propósito.
Ruth hizo silencio.
—Eso es inevitable, pero me molesta que lo haga solo por protegerme.
—¿Por qué dices eso?
—Ya te he dado razones de sobra —contestó Ruth, volviéndose hacia ella.
—Eres... muy hermosa, seguro que alguien, aparte de Gunter, también lo notará —comentó, fijando la mirada en las gruesas vigas del techo.
—Gracias, Alice, pero eso ya no pasará —añadió Ruth, dándole la espalda para acomodarse en la almohada.
—¿Por qué te das por vencida?
—Porque no hay nada que hacer —replicó, tapándose de pies a cabeza con la cobija.
Alice la observó por un momento y luego desistió de seguir preguntándole.
Esperó un rato, aguardando algún movimiento de su compañera, pero Ruth no volvió a hacerlo y permaneció completamente quieta.
Después de comprobar que se había quedado dormida, sus párpados comenzaron a pesarle y, aunque luchaba contra el sueño, se fue adormeciendo poco a poco...
***
Alice se removió en la cama y despertó en medio de la habitación en penumbras. Iba a dejarse caer de nuevo en la almohada cuando miró a su lado y se dio cuenta de que la cama de Ruth estaba vacía.