El Desenlace (DC Jake Tanner 15) Capítulo 24
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Capítulo 24

O mar estaba cerca de la cabecera de la cola —quizá con veinte personas entre él y las puertas del recinto— y avanzaban rápido.

En las puertas, los miembros de seguridad escaneaban las entradas y registraban las pertenencias de la gente: mochilas, bolsos, riñoneras.

Omar apretaba la suya con fuerza contra el pecho, rezando, esperando que solo echaran un vistazo rápido al interior de la bolsa, vieran las botellas de explosivos envasadas en botellas de agua y no sospecharan nada.

Rezando.

Esperando.

Poco a poco, se fue acercando al frente de la cola.

Hasta que le llegó el turno.

Se plantó ante el vigilante.

—La entrada.

Omar le entregó el ticket al hombre, forzando una sonrisa. El vigilante la cogió, la escaneó y, tras oírse un pitido, se la devolvió.

El hombre señaló la mochila que Omar había intentado ocultar junto a su pierna.

—La mochila.

Omar se quedó mirándola un rato. No quería soltarla. No quería entregársela al hombre y arriesgarse a sacrificar todo aquello por lo que Zain y él habían trabajado.

—La mochila —repitió el vigilante.

A regañadientes, Omar levantó la mochila a la altura de la cadera, haciendo todo lo posible para que pareciera de lo más anodina.

El vigilante se la quitó de las manos, la puso sobre una mesa pequeña y abrió la cremallera.

Sacó una linterna del bolsillo e inspeccionó el contenido.

Omar contuvo el aliento. Ese era el momento del que todo dependía.

Si le denegaban el acceso al recinto, todos los de allí estarían acabados.

Sacó el teléfono del bolsillo y jugueteó con él en la mano como medida de precaución.

Un botón. Eso era todo lo que tenía que pulsar.

Un botón y todos los de la cola —incluidos los vigilantes— saltarían por los aires.

Pero todavía no, esperaba él, rezaba.

El vigilante sacó una de las botellas de explosivos de la mochila y la dejó sobre la mesa. Omar apretó los dientes de miedo y cerró el puño, casi aplastando el teléfono.

—No puedes pasar esto, tronco.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que no puedes pasarla. Es líquido. Y es mucho.

—Tampoco es para tanto —protestó Omar. Los nervios y la ira le estaban dominando. Podía sentir cómo crecía la inquietud entre la multitud que tenía detrás.

—Chaval —empezó el vigilante—, llevas doce litros de agua aquí dentro. ¿Qué piensas hacer con todo eso?

—Tengo mucha sed. Y parte es para mis amigos. Se reúnen conmigo ahí dentro.

Sus mentiras no colaron.

—Da lo mismo. Tendrás que sacarlas y dejarlas aquí. Si no, no puedo dejarte pasar.

Omar miró fijamente al vigilante, a medias desconcertado y a medias desafiante. Entonces, la ira y el resentimiento empezaron a hervir en su interior. Apretó el puño con más fuerza hasta que el teléfono crujió y la carcasa trasera cayó al suelo.

Detrás de él, alguien le dio un empujón en el hombro y el teléfono se le escurrió de los dedos. Antes de que Omar tuviera oportunidad de recogerlo, esa persona lo pisó y lo aplastó con todo su peso.

¡Mierda! Las cosas iban de mal en peor.

Pero le quedaba una última oportunidad. Una última oportunidad de redimirse.

El machete.

Omar le arrebató la mochila al vigilante, sacó las botellas de explosivos y las tiró al cubo que había a los pies del hombre.

—De acuerdo —dijo el vigilante—, todo en orden. Y le hizo un gesto a Omar para que pasara.

Con cautela, sintiendo que la adrenalina empezaba a burbujear furiosamente en su interior, pasó junto al hombre, hundiendo las manos en el compartimento trasero de la mochila. Buscando su última oportunidad.

Una vez que hubo pasado al vigilante y entró en el recinto, se detuvo, se giró para mirar de nuevo al hombre y sacó la hoja del interior de la mochila.

Sin perder ni un solo segundo, agarró al vigilante por el pelo, le tiró de la cabeza hacia atrás, dejando al descubierto la carne desnuda y blanda del cuello, y le deslizó la hoja por la garganta, desgarrando arterias, músculos y huesos.

Una fuente de sangre brotó de la profunda incisión que Omar había hecho.

El hombre se llevó las manos a la garganta, intentando gritar de dolor, pero de su boca no salió más que un montón de sangre y saliva borboteante. Mientras forcejeaba, asfixiándose con su propia sangre, escupió un nuevo chorro de fluido al aire, salpicando a los que estaban más cerca.

Todos los que estaban por allí gritaron y empezaron a dar media vuelta, a saltar la barrera y a correr.

Menos de cinco segundos después, el cuerpo del vigilante quedó inerte en los brazos de Omar, a quien le costó sostenerlo.

Pronto le empezaron a palpitar los bíceps por el dolor del cansancio, así que lo dejó caer al suelo, volvió a agarrar la cabeza del hombre y tiró de ella hacia atrás, desgarrando la piel fracturada que aún la mantenía en su sitio.

Acto seguido, procedió a asestar tajos a lo que quedaba de músculo, cartílago y hueso.

Estaba poseído; poseído por una energía visceral. Un poder que no se detendría hasta que lo obligaran. El fuego de su interior bramaba y bramaba, quemándolo por dentro. Quería decapitar a ese hombre y no descansaría hasta conseguirlo.

Trozos de sangre y carne le golpeaban la cara mientras descargaba repetidamente el machete sobre lo que quedaba del cuello del vigilante.

Un charco rojo había rodeado el cuerpo y, menos de veinte segundos después, lo había logrado.

Alzó triunfante la cabeza del hombre en el aire como si fuera un trofeo.

Si no podía detonar los explosivos, por lo menos había acabado con una vida.

Omar levantó la vista mientras un hilo de sangre goteaba sobre sus zapatos.

En el fragor de su acto de violencia, Omar se había vuelto inmune a todos sus demás sentidos.

Como si estuviera en una burbuja de su propia energía y excitación.

Pero ahora, a medida que volvía gradualmente en sí, se dio cuenta de que había gritos por todas partes y de que todos los de la cola habían desaparecido.

Todos menos uno: un hombre alto y flaco, que sostenía un teléfono en la mano.

Omar lo reconoció como el que había estado hablando por teléfono hacía unos instantes.

Era uno de los miembros de aquel grupo ruidoso e insidioso.

Omar lo eligió como su siguiente víctima.