Capítulo 25
J ake acababa de pasar la entrada del Hollywood Bowl cuando oyó los gritos de terror y vio a la multitud huyendo a toda prisa del estadio.
Echó mano al micrófono que llevaba en la cadera y gritó:
—Respuesta de emergencia a la Puerta G. Repito, respuesta de emergencia a la Puerta G. Sospechoso localizado.
Tras guardarse el dispositivo, dobló la curva del camino y se topó de frente con un aluvión de cuerpos que se precipitaban hacia él. Preso del pánico, se hizo a un lado, hacia los márgenes de aquel flujo de gente, y empezó a abrirse paso a empujones a través del bosque de piernas y brazos.
Pero era una batalla perdida. La fuerza de la multitud resultaba abrumadora y, mientras se abría camino entre el gentío, una joven chocó contra él; su cabeza golpeó el labio de Jake, haciéndole sangrar al instante.
Ignoró el dolor y continuó. Sus pensamientos estaban centrados en una sola cosa: Daniel.
¿Estaba a salvo? ¿Formaba parte de la multitud que intentaba evacuar?
¿O era lo bastante estúpido como para ignorar los consejos que Jake le había dado innumerables veces?
Un momento después obtuvo la respuesta.
A treinta yardas de distancia, Omar Zaman asestaba tajos a la cabeza de un hombre muerto. De pie ante él estaba Daniel.
Maldito imbécil , pensó Jake. En múltiples ocasiones, Jake le había aconsejado a su hermano que, ante una situación devastadora o una crisis, corriera.
Eso era todo lo que tenía que hacer. Correr, correr y correr.
Nada más. No había deshonra alguna en salvar la propia vida, y arriesgarla no valía la pena.
Para eso estaban los profesionales, le había dicho Jake. Para eso estaba Jake allí: para detener a los terroristas antes de que pasara nada. Y ahora eso era exactamente lo que tenía que hacer. Solo que nunca pensó que tendría que hacerlo para proteger a su hermano.
—SCO19 respondiendo —bramó la radio en su bolsillo—. Tiempo estimado de llegada: cuarenta segundos.
Demasiado tiempo , pensó Jake.
Cuando abrió la boca para hablar, Omar dejó caer la cabeza del hombre muerto al suelo y avanzó hacia Daniel.
Daniel estaba totalmente paralizado, como una estatua de huesos, músculo y sangre.
Jake sabía qué le estaba pasando a su hermano: estaba reviviendo la experiencia traumática que tuvo de niño cuando vio cómo una furgoneta a toda velocidad atropellaba a su perro.
Jake estaba a treinta yardas detrás de Daniel cuando lo siguieron a la carretera.
Su hermano se había quedado petrificado entonces, con la mirada perdida, exactamente igual que ahora.
De pronto Omar cargó contra Daniel, lo agarró por los hombros y los dos empezaron a forcejear, lanzándose puñetazos y golpeándose la cara con los puños.
—¡Daniel! —bramó Jake, con una voz que alcanzó profundidades que nunca imaginó posibles.
Daniel y Omar se detuvieron un instante, solo un momento, pero fue suficiente para que Daniel bajara la guardia. Como resultado, Omar reaccionó con más rapidez, agarró a Daniel por el pecho y puso el machete contra la suave piel de su cuello.
En un instante, la dinámica había cambiado: Omar Zaman ahora tenía un rehén.
—Omar —llamó Jake, levantando las manos—. Suelta el arma. Nadie tiene por qué salir herido.
Omar dio un paso atrás, arrastrando a Daniel con él. —¿Cómo sabes mi nombre?
—Trabajo para la policía. Te hemos estado siguiendo. Sabemos lo que vas a hacer y no queremos que lo hagas. —A Jake se le formó un nudo en la garganta.
—No puedes detenerme —siseó Omar. Abría y cerraba la boca rápidamente y sus ojos se movían de izquierda a derecha, buscando visiblemente una salida, trazando una estrategia en su cabeza.
—Hemos detenido a Zain, Omar. Y Sharif... nunca se inmoló. Dejó los explosivos en los asientos y huyó...
—Mientes.
Jake dio otro paso tentativo hacia delante, consciente de que necesitaba ganar todo el tiempo posible.
—No miento. Eso es lo que planeasteis hacer los dos, ¿verdad? ¿Inmolaros? Eso es lo que Zain te dijo que hicieras, ¿no? Los dos te han traicionado, Omar. Los dos te han tomado por tonto.
En ese momento llegó el SCO19, el equipo de élite de agentes especialistas en armas de fuego de la Met, rodeándolos gradualmente desde todos los ángulos. El sonido de sus pesadas botas y el equipo metálico lo alertaron de su llegada.
—¡Policía armada! —gritaron detrás de Jake.
—¡Atrás! —dijo Omar, tirando de la cabeza de Daniel hacia atrás y provocándole un corte sangriento en el cuello.
Jake se volvió hacia los agentes armados y levantó las manos en el aire, obligándolos silenciosamente a calmarse.
—¡Que todo el mundo se calme! —gritó y dio otro paso al frente—. Omar, tienes que escucharnos, ¿de acuerdo? Suelta el arma y nadie tiene por qué salir herido. Ya has matado a una persona. No es necesario derramar más sangre.
—¡Sí que lo es!
—No, no lo es. Zain te delató. Nos dijo dónde ibas a estar y lo que ibas a hacer. Te traicionó. Tu venganza es contra él. No contra este hombre que tienes en brazos.
—Pero... pero tú lo conoces, ¿verdad? —La hoja en las manos de Omar centelleaba y relucía al reflejar la luz fluorescente de arriba—. Has dicho su nombre hace un momento. Daniel.
Jake se estremeció al oír a Omar pronunciar el nombre de su hermano.
Asintiendo, dijo:
—Sí, es un amigo. Trabajaba para la policía.
—¿Dejan entrar a los de su clase en la policía ahora? —escupió Omar.
—Dejan entrar a cualquiera. Al fin y al cabo, también son seres humanos. Todos lo somos.
Mientras esperaba una respuesta, Jake observó la postura de Omar: con las piernas a horcajadas a ambos lados de Daniel, un brazo sosteniendo la hoja y el otro rodeando a su hermano.
En resumen, Daniel estaba atrapado y la única forma en que escaparía sería en una bolsa para cadáveres; la hoja estaba demasiado cerca de su arteria carótida para que tuviera la más mínima posibilidad de sobrevivir si Omar atacaba.
Pero había otra opción.
El SCO19. Entrenados específicamente para apuntar al centro de la masa corporal, el pecho, el corazón palpitante del cuerpo humano. Solo necesitaba que Omar se expusiera lo suficiente como para que pudieran disparar.
—Omar, por favor —dijo Jake—. Suelta el arma y déjalo ir. No hace falta que nadie más salga herido.
—Hace falta que todos salgan.
—Hace un tiempo estupendo fuera, ¿verdad? —preguntó Jake, manteniendo los ojos fijos en Daniel. La expresión de la cara de su hermano le indicó que lo había comprendido.
—¿Qué?
—He dicho que hace un día estupendo fuera. Ha habido unas brisas muy agradables que venían del oeste.
—¿De qué puñetas estás hablando? ¡Cierra la puta boca! —exclamó Omar.
—¿Qué ha pasado con los explosivos?
—Están en la papelera.
—¿No han funcionado? —Jake dio otro paso adelante. Esta vez bajó una mano hasta la cadera, manteniendo el dedo índice extendido y los otros encogidos contra la palma. Entonces hizo un rápido movimiento de muñeca, indicando a todos los que lo rodeaban lo que quería que sucediera.
—¿Qué cojones estás haciendo? ¡Atrás! —gritó Omar.
Al hacerlo, apartó la hoja del cuello de Daniel y apuntó a Jake.
En ese breve instante, Daniel fue el primero en reaccionar: usando el consejo que Jake le había dado hacía muchos años, le dio un codazo a Omar en el plexo solar, se zafó del agarre que este tenía en su cuello y se alejó girando.
Antes de que Omar tuviera oportunidad de responder, los agentes especialistas en armas de fuego apostados detrás de Jake abrieron fuego.
La primera bala le penetró a Omar en el estómago.
La segunda, un milisegundo después, se hundió en su cráneo.
En cuanto el cuerpo sin vida de Omar se desplomó en el suelo, el SCO19 intervino. Uno de los agentes armados se agachó, le agarró la muñeca y le buscó el pulso.
No había nada.
Estaba muerto.
En cuanto llegó la confirmación por radio, Jake corrió hacia Daniel y lo abrazó.
—¿Estás bien? —preguntó Jake—. ¿Estás herido?
Pero no hubo respuesta. Solo una mirada vacía mientras Daniel giraba la cabeza entre su hermano y los dos cadáveres del suelo.
Jake lo agarró por la barbilla y le obligó a mirar a otro lado.
—Venga, vamos a sacarte de aquí, tonto de remate. ¿Por qué no has salido corriendo?
—Yo... yo...
—¿Después de todo lo que te he enseñado? —Jake se sentía como si tuviera dieciséis años otra vez. Ejerciendo de hermano mayor. Reprendiendo a Daniel por haber hecho algo malo. Asumiendo el papel de padre con la misma naturalidad con la que lo había hecho todos aquellos años atrás.
Una vez que Daniel se hubo calmado un poco, Jake condujo a su hermano a un lugar seguro.
Mientras salían del estadio por una de las salidas de emergencia, Jake sintió que su hermano le pasaba el brazo por los hombros.
En los últimos años se habían distanciado, se habían vuelto extraños.
Una consecuencia de que Jake no hubiera mantenido el contacto.
El estrés y la naturaleza constante de su trabajo hacían que tuviera poco tiempo para su familia directa, y mucho menos para sus hermanos.
Pero eso no era excusa.
Y las cosas tenían que cambiar.
Encontraron sitio en un banco fuera y, durante un rato, se limitaron a quedarse sentados en silencio, viendo cómo se vaciaba el estadio.
Daniel metió la mano en el bolsillo y sacó un cigarrillo. Encendió la punta y le dio una calada profunda.
—¿Fumas otra vez? —preguntó Jake.
Daniel se quitó el cigarrillo de la boca y lo inspeccionó.
—Yo diría que este está justificado, ¿no crees?
Jake soltó una risita.
—¿Con quién has venido hoy?
—Con unos amigos —respondió Daniel, encogiéndose de hombros.
—¿Algún amigo especial ?
—No hace falta que te pongas en plan hermano mayor conmigo. Ya tuvimos la charla sobre sexo en su día.
—Esa es la última vez que querré tener esa charla. Créeme.
Daniel dio otra calada.
—Estos no son más que amigos de la uni. Mi novio no ha podido venir hoy. Por mucho que le apeteciera.
—¿Novio? —preguntó Jake, sorprendido, aunque no tenía motivos para estarlo—. ¿Desde cuándo?
—Desde hace unos diez meses.
Una sonrisa se dibujó en su rostro. En ese instante, Jake se olvidó por completo de Sharif, Zain y Omar. En lugar de eso, se centró en el ahora, en aquel hermoso momento con su hermano. La primera vez que se veían en meses.
—Me alegro por ti, tío.
—Gracias.
—¿Es amor?
—Bueno, más vale que lo sea... —Daniel mostró un anillo en el que Jake no se había fijado en absoluto—. Estamos prometidos.
Se quedó con la boca abierta.
—¿Habéis hecho fiesta de compromiso?
—No, me lo pidió hace solo unos días. La boda será el año que viene y la fiesta la haremos un mes antes.
—¿Habéis hecho algún plan ya?
—Nada aparte del lugar. Va a ser en Escocia.
—¿Escocia?
—Él es escocés. Se llama Samuel y me muero de ganas de que lo conozcas.