Capítulo 21
Ahora se alzaban igual de prominentes, igual de intimidantes.
Una hilera de coches patrulla estaba estacionada en la vía de circunvalación, frente al estadio. Todavía más agentes —tanto armados como uniformados— patrullaban el perímetro. En medio de un pequeño corro de agentes se encontraba Mamadou, ataviado con su uniforme y los galones en las charreteras.
—Jefe —dijo Jake, abriéndose paso entre el grupo de personas. Mamadou acababa de terminar de darles órdenes y de enviarlos a sus puestos.
—Me alegro de que estéis aquí, chicos. No pensé que llegaríais a tiempo.
—Ya nos conoces. Nunca llegamos tarde —dijo Jake. Estaba un poco falto de aliento, más por el miedo a que su hermano estuviera dentro del estadio que por la carrera desde el coche.
—Habéis llegado justo a tiempo. Hemos establecido un perímetro por dentro y por fuera. Tenemos a dos docenas de agentes armados patrullando ahí dentro. Y más de paisano...
—¿Sabemos ya qué aspecto tiene?
Mamadou asintió, bajó del bordillo y se dirigió a la parte delantera de su coche oficial.
Cogió una carpeta del salpicadero y se la entregó a Jake.
—Omar Zaman. Veintinueve años. Vive solo.
Emigró al país en 2012 y ha mantenido un perfil bajo desde entonces.
Hemos registrado su casa y hemos encontrado una jodida tonelada de productos químicos en la propiedad.
—¿Botellas de agua?
—Sí. Pero incluso más grandes.
Jake inspeccionó la imagen de Omar. Era una captura de las cámaras de seguridad en la que Omar aparecía junto a un contenedor de basura, hablando con un niño.
Jake reconoció al instante de quién se trataba: Zain.
¿De qué estarían hablando? ¿De los preparativos finales?
¿De un cambio de planes? ¿O se estaba Omar acobardando por completo?
Jake hizo una foto a la captura de pantalla con su móvil.
—Tenemos que ser increíblemente cuidadosos —añadió Mamadou.
—¿A qué te refieres?
—Los forenses digitales han encontrado mensajes de Sharif sobre Omar. Decían que era probable que se lo pensara dos veces. Que era tan volátil como las sustancias con las que estaban tratando.
—¿Posiblemente los estaba enfrentando entre ellos? —reflexionó Jake—. Probablemente les hizo competir para ver quién lograba el impacto más grande, quién mataba a más gente en un solo ataque.
—Cabrón astuto —dijo Tyler—. ¿Cuál es el plan ahora?
—Tengo que encontrar a mi hermano —dijo Jake—.
Tengo que hablar con él. Está ahí dentro, en alguna parte.
Las probabilidades de que esté cerca de Omar son muy escasas, pero no estoy dispuesto a correr ese riesgo.
Después de hablar con él, me uniré a la búsqueda de Omar.
No queremos asustarlo o podría darle por hacer algo precipitado. ¿A qué hora abren las puertas?
Mamadou consultó su reloj. —Hace veinte minutos.
Joder.
—Si consigue llegar al otro lado —dijo Jake—, será como buscar una aguja en un pajar.
—O un terrorista en una multitud —dijo Tyler.
Tanto Mamadou como Jake lo fulminaron con la mirada. No era el momento ni el lugar para bromas.
—Cállate, Ty.
Los tres se dirigieron hacia el estadio.
Al entrar, se separaron. Jake se dirigió hacia el este, Tyler hacia el oeste, mientras Mamadou se quedaba en la entrada.
Jake mantenía la cabeza alta y sus sentidos alerta.
La imagen de Omar estaba grabada a fuego en su cerebro, y sus ojos escaneaban los numerosos rostros que pasaban por su lado.
Mientras deambulaba por el interior y el exterior del estadio, esquivando los andamios y las obras estructurales que se estaban llevando a cabo, sacó el teléfono y llamó a Daniel.
La llamada dio señal y luego se cortó.
Lo intentó de nuevo. Nada.
Una tercera vez. Algo.
Jake se detuvo en medio del tránsito, sin prestar atención a la gente que le rodeaba. Escuchó el tono de llamada una y otra vez. Coge el teléfono, idiota , deseó Jake. ¡Cógelo de una puta vez!
Finalmente, tras esperar a que saltara el buzón de voz, Jake lo intentó de nuevo.
Esta vez, Daniel respondió al segundo tono.
—¿Jake?