El Desenlace (DC Jake Tanner 15) Capítulo 9
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Capítulo 9

Z sonrió tanto que le empezaron a doler los pómulos.

La imagen era tan perfecta que no podía apartar la vista de la pantalla.

La explosión se había ejecutado a la perfección.

La dosis exacta de destrucción, escombros y muerte.

En todos los sentidos, era más que perfecta.

Y todo había sido obra suya, idea suya. Sharif no había sido más que el mensajero.

Z se recostó en la cama, apoyando la cabeza contra el cabecero y dejando que su cuerpo se empapara de orgullo, de euforia.

De repente, sintió que el impulso de masturbarse lo abrumaba y, tras agarrar la caja de pañuelos de su mesilla de noche, se bajó los pantalones y empezó a tocarse, manteniendo la mirada fija en los restos humeantes del estadio.

En menos de un minuto había terminado; se limpió y lo recogió todo.

Todo el proceso lo había imbuido de unas cantidades increíbles de testosterona y ego, y sentía que podría pelearse con cualquiera en el mundo.

Y ganar. Era invencible. Intocable. Y lo mejor de todo era que nunca podrían rastrear el origen hasta él.

Después de todo, ¿quién iba a creer que un niño de catorce años era responsable de organizar dos ataques mortales el mismo día?

Ese pensamiento le recordó algo a Z.

Echó mano a su teléfono bajo la almohada, abrió Telegram y miró el último mensaje que le había enviado Sharif.

Adiós . Repitió la palabra una y otra vez, mientras su mente se llenaba de las imágenes de Sharif semidesnudo que lo había obligado a enviar durante los últimos meses desde que se conocieron.

En tan poco tiempo se habían vuelto cercanos, habían desarrollado un vínculo único; y pronto estarían aún más unidos.

Pero hasta entonces…

Z salió del chat, borró el historial de la conversación y pulsó el chat que estaba debajo del de Sharif.

Su relación con Omar, en cambio, era distinta.

No estaban tan unidos. El hombre era el más volátil de sus dos sujetos.

Sus opiniones eran justas y profundas, y en él había un odio desmedido del que Z se había percatado de inmediato; un odio que llevaba años incubándose y fermentando, burbujeando bajo la superficie.

Todo lo que Z tuvo que hacer fue despertarlo, activarlo y hacer que Omar supiera cómo actuar en consecuencia.

Pero había un problema: Omar tenía miedo a morir.

Sin embargo, con la ayuda de vídeos de propaganda de reclutamiento e imágenes enviadas por el Dáesh, Z acabó por convencerlo de que el martirio era la mejor forma de llegar a Alá.

La mejor forma de vivir para siempre.

Z escribió un mensaje en el cuadro de chat.

—Hermano Omar. Ha llegado el momento. ¿Estás listo?

Z comprobó la hora del mensaje: las 12:34.

Faltaban menos de cinco horas para que el siguiente ataque tuviera lugar según lo previsto.

Esa había sido una de las reservas iniciales de Z respecto a los ataques: que el hecho de que pasaran horas entre ellos pudiera dar a la policía tiempo suficiente para identificarlos.

Si eso ocurría, tendrían que adaptarse e improvisar si querían lograr el mayor daño colateral.

Pero había planes de contingencia preparados, y Z necesitaba asegurarse de que Omar estuviera convencido de que iban a funcionar; porque, si no lo estaba, toda la operación se desmoronaría.

Omar respondió: —Todo listo, mi emir. Acabo de ver la fiesta del hermano Sharif.

—¿Ha sido excelente, verdad?

—Sí.

—Pronto estarás con Alá, hermano mío. Tendrás un gran lugar en el cielo.

Z esperó un momento a que Omar respondiera, pero la respuesta nunca llegó.

Envió otro mensaje. —¿Sabes la dirección?

En la parte superior de la pantalla ponía que Omar estaba activo en Telegram. Luego cambió para notificar a Z que estaba escribiendo un mensaje. Finalmente, tras unos instantes de incomodidad, llegó.

—Entrar en el recinto, esperar a las actuaciones, detonar, saludar a Alá.

Z sonrió con sorna al leer el mensaje. Tecleó una respuesta. —¿Y si no les gusta su regalo?

—Matar a seguridad. Decapitarlos. Matar a esos bastardos.

Una sonrisa aún mayor se dibujó en la cara de Z. Su manipulación y su lavado de cerebro habían funcionado. —Recuerda, hermano, no llames la atención, los polis estarán por todas partes, así que tienes que mantener la cabeza baja. Mantenme informado, hermano Omar.

—Sí, hermano. Lo haré. Por Alá.