El Desenlace (DC Jake Tanner 15) Capítulo 7
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Capítulo 7

E l cuerpo de Sharif vibraba con una sensación que nunca antes había experimentado. Una mezcla de adrenalina, entusiasmo, orgullo y poder.

¿Era esto lo que se sentía al ser un mártir?

Lo descubriría muy pronto.

Estaba sentado en el extremo oeste del Estadio Olímpico, a unos veinte o treinta metros del banquillo.

Hacia la una en punto, según su posición, podía ver el túnel por el que pronto saldrían los jugadores, listos para esforzarse durante noventa minutos en el campo.

No sentía ningún interés por el deporte, ni deseos ni inclinación alguna por saber quién era quién, ni por estar al tanto de las últimas tablas de clasificación.

Era una pérdida de tiempo propia de mentes débiles e idiotas.

Y odiaba cómo aquello unía a la gente, cómo unificaba a diferentes grupos de la comunidad y de todo el mundo.

El mundo necesitaba menos de eso y más disparidad, más división. Y para crear eso estaba él allí.

Los asientos de alrededor empezaban a llenarse poco a poco y, a medida que se acercaba la hora del saque inicial, se sentía atrapado.

Consultó su reloj: las 12:27.

Tres minutos para el inicio del partido.

Sharif arrastró los pies, recordándose que la mochila seguía entre sus piernas.

Una parte de él quería abrir la bolsa y sacar una de las botellas de explosivos de inmediato.

Demostrar a los desprevenidos espectadores que lo rodeaban que había explosivos suficientes para matarlos al instante: 1,5 kg de TACP, para ser exactos.

Iba a ser hermoso, majestuoso. Él, Z y Omar calculaban que matarían al menos a treinta individuos cada uno.

Entonces se volvería infame, formaría parte de la historia.

Su rostro saldría en la televisión, en las redes sociales.

Su nombre se escucharía en la radio y se leería en los periódicos.

No podrían esconderse de la amenaza que él y Omar representaban.

Si lo de hoy era un éxito, su contacto les había prometido reclutar a más terroristas con sus mismas ideas para poner a Occidente de rodillas.

Un.

Ataque.

Cada.

Vez.

Dieron las 12:30. Los equipos se retrasaban, tardaban en salir del túnel.

Sharif empezó a ponerse ansioso. Se suponía que todo debía ser perfecto, sincronizado a la perfección.

Pero eso no era posible si no había equipos.

¿Y si habían descubierto su identidad? ¿Y si se habían enterado de quién era y se estaban preparando para... ?

De repente, el estadio estalló en vítores cuando ambos equipos salieron del túnel, haciendo que se le erizara el vello de los brazos.

Llevaban a los niños de la mano hasta que todos formaron una línea en el centro del campo, con los árbitros en medio.

El equipo visitante, el Arsenal, encabezado por su capitán, se dirigió hacia los jugadores del equipo local, estrechándoles la mano en una exhibición de deportividad previa al partido que todo el mundo sabía que no duraría.

Una vez terminada la fachada, y tras el apretón de manos de los capitanes, el árbitro lanzó una moneda al aire.

Cayó y el equipo visitante se desplazó al centro del campo. El Arsenal sacaba de centro.

Sharif seguía golpeándose la pierna furiosamente mientras el equipo de prensa y los niños se retiraban del terreno de juego.

Contando.

Contando.

Un hombre obeso frente a él se puso en pie, con una cerveza en la mano y cantando melodiosamente.

No causaba molestias a nadie más que a Sharif.

Aunque su señal para detonar no era visual, Sharif quería que el saque inicial del partido fuera lo último que viera en este planeta. Y no la nuca de un gordo de mierda.

—¡Eh! —susurró Sharif en voz alta, tirando de la camiseta del hombre—. ¡Siéntate! ¡No veo nada!

El hombre se quedó mirando a Sharif un momento, midiéndolo con la mirada, antes de volver a sentarse por fin.

Aliviado por no haber recibido un puñetazo en la cara por su arrebato, Sharif metió la mano en el bolsillo, sacó su teléfono móvil, abrió Telegram y tecleó un mensaje.

Le dio a enviar.

«Adiós» fue lo único que necesitó decir.

Entonces sonó el silbato y un clamor abrumador estalló en todo el estadio.

Tan pronto como Sharif hubo enviado el mensaje, volvió a la pantalla de inicio y marcó el número siete en su marcación rápida. Para cuando el jugador hubo realizado el primer toque de balón, la llamada se estaba estableciendo.

Conectando.

Conectando.

Conectado.