Capítulo 2
E l partido terminó tras noventa y cinco minutos apasionantes.
A Jake le dolían las piernas de haber estado saltando durante ochenta de ellos.
Pero era un precio bajo que pagar por ver al club de su infancia levantar su primer trofeo de la Premier League en seis años, coronándose campeones de Inglaterra.
Su padre estaría orgulloso.
Poco después de que concluyeran las celebraciones, la multitud empezó a salir a raudales del estadio.
Jake lo interpretó como la señal para seguirlos.
Así que se desplazaron de lado por la estrecha fila de asientos, bajaron un tramo de escaleras y cruzaron las puertas dobles.
La marea de gente, que vitoreaba y cantaba, fluía mientras miles de entusiastas aficionados del Chelsea se agolpaban en el hueco de la escalera que conducía a la salida del estadio.
Los aficionados rivales, sin embargo, se habían marchado mucho antes.
Mientras bajaban los peldaños, Jake se vio envuelto en el furor de la adrenalina, el subidón y la emoción. Empezó a cantar a coro uno de los cánticos más populares del Chelsea.
We’ll keep the blue flag flying high
Flying high up in the sky
We’ll keep the blue flag flying high
From Stamford Bridge to Wembley
We’ll keep the blue flag flying high
Sintió como si se hubiera quitado un peso de encima.
Asistir al partido y verlos ganar el campeonato había sido una experiencia catártica, una forma de pasar página que nunca había tenido la inclinación de buscar.
Ahora que lo había hecho, se sentía vivo, rejuvenecido.
Y todo era gracias a Tyler, su amigo que lo había convencido para que lo acompañara.
Al llegar al final de las escaleras y salir al aire libre, una gran pancarta que colgaba de un foco le llamó la atención. Era un cartel colorido con la palabra PRIDE escrita en una fuente grande y llamativa. Jake absorbió la información en segundos.
—Oye —dijo, intentando alcanzar a Tyler—. ¿Has visto eso?
—¿El qué?
Jake la señaló.
—Es un festival de música del Orgullo. Traen a grupos de tributo.
—¿Dónde?
—En el O2. Me parece que te va que ni pintado.
—Qué gracioso. ¿Cuándo es?
—Mañana. A las siete —dijo Jake.
—Qué pena. Habrán volado las entradas.
—No lo sé. Seguro que podría mover algunos hilos. Puede que mi hermano vaya. Quizá tenga alguna entrada de sobra.
Tyler no dijo nada más mientras se dirigían a su Audi A1, que había aparcado en una calle cercana al estadio.
—¿Estás en condiciones de conducir? —preguntó Jake.
—Sí, señor agente de policía —respondió Tyler en tono de broma—. Creo que tengo un alcoholímetro atrás si quieres probarlo conmigo.
—Ahora que lo mencionas...
—¡Sube al coche de una vez! —Tyler abrió la puerta de un tirón y entró de un salto.
Riendo para sus adentros, Jake lo acompañó y se abrochó el cinturón de seguridad.
—Gracias por llevarme a casa.
—¿No íbamos a ir primero al club de estriptis?
—Ya te gustaría.
—¿Crees que bromeo?
Durante un largo y preocupante momento, Jake no fue capaz de responder a esa pregunta con convicción.
—Por favor, llévame a casa. Si no, tendrás que rendirle cuentas a Elizabeth.
—Me has aguado el plan. Pensaba casarme con ella mañana. Solo necesitaba quitarte de en medio.
—Eso nunca funcionaría. Tengo el día libre. Y no pienso salir de casa para nada.