El Desenlace (DC Jake Tanner 15) Capítulo 1
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El Desenlace (DC Jake Tanner 15)

El Desenlace (DC Jake Tanner 15)

Por Jack Probyn

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Capítulo 1

—Gracias, por cierto —dijo mientras encontraban sus asientos en el nivel superior, allí donde Cristo dio las tres voces.

—¿Por qué? —preguntó Jake.

—Por venir. Sé lo difícil que es para ti.

«Difícil» se quedaba corto. Desolador y doloroso eran descriptores más aptos.

—No quería que desperdiciaras la entrada que te sobraba —respondió pensativo.

Tyler soltó una risita y un momento de silencio incómodo pasó entre ellos mientras los dos aceptaban la mentira. Tyler dio otro mordisco a su perrito caliente.

—¿Qué te ha parecido? —preguntó con la boca llena de comida, dejando caer cachos de pan sobre su regazo—. El mejor perrito que te has comido en la vida, ¿a que sí? ¿O no tengo razón?

—Demasiada salsa. No me gusta con tanta salsa.

—Pues te lo has comido bien rápido. —Tyler dio otro mordisco. Cebolla caramelizada y kétchup se derramaron por el suelo entre sus piernas, y Jake percibió de nuevo aquel olor aromático que le provocó una nueva sensación de hambre en su estómago medio vacío.

—He comido por los nervios. Los nervios del día del partido.

—Vaya, ¿así que ahora eres aficionado? —preguntó Tyler.

Jake hizo una pausa un momento para considerar la respuesta. —Nunca dejé de serlo. Pero ahora que he vuelto a sentir la vibración y a saborear el ambiente, me estoy animando un poco.

—Bueno, estoy seguro de que él estaría orgulloso.

Lo estaría , pensó Jake.

Stamford Bridge, además de ser el hogar del Chelsea Football Club, era el antiguo lugar de trabajo del padre de Jake.

Había sido uno de los fisioterapeutas del primer equipo masculino y había trabajado allí desde antes de que Jake naciera.

Los fines de semana, y solo en los partidos de casa —una condición que había puesto su madre—, Jake y sus hermanos iban al partido para verlos jugar, con la esperanza de ver a su padre correr al campo y hacer su magia con algún jugador lesionado.

Era algo poco frecuente, pero siempre que ocurría, no había nada que superara el orgullo y la emoción que sentía al ver a su padre trotando por el césped con su maletín al lado.

Ian Tanner había sido quien lo había inspirado a ver, jugar y disfrutar del fútbol y, por supuesto, a animar al Chelsea.

Pero tras su repentina y traumática muerte —en un accidente de coche de camino a recoger a Jake de un partido de la liga regional de los domingos—, Jake no había vuelto a ver un partido, a coger un balón ni a mantener una charla sobre el deporte rey con ninguno de sus amigos.

Siempre le resultaba demasiado doloroso recordarlo.

Excepto ahora. Ahora se sentía bien. Ahora sentía que podía romper la promesa que se había hecho a sí mismo y poner un pie en Stamford Bridge sin que le recordaran constantemente quién era su padre y qué había pasado.

Era una pena que hubiera tardado quince años en llegar a ese punto.

—El campeonato depende de este partido —continuó Tyler, como si hubiera estado hablando durante los últimos cinco minutos y Jake acabara de darse cuenta—. Van a ser los noventa minutos más intensos que hayas vivido en tu vida. ¿Estás listo?

—Todo lo listo que puedo estar.

Se quedó mirando la vasta extensión de verde frente a él.

A los miles de espectadores que iban entrando por todo el estadio.

A los jardineros rastrillando y regando el campo.

Entonces, un hombre calvo con sobrepeso que llevaba una camiseta del Chelsea lo arruinó todo y se sentó delante de él.

Su cuerpo pesaba tanto que, al reclinarse en el asiento, el plástico se dobló y cedió, hincándose en la rodilla de Jake.

Recordaba que era mucho más cómodo, y el espacio mucho mayor, cuando era niño.

Mientras estaban allí sentados esperando el saque inicial, en silencio la mayor parte del tiempo, Jake prestaba atención a las conversaciones que le rodeaban.

Era un hábito que había desarrollado al principio de su carrera en antiterrorismo, y siempre le había parecido que tenía una utilidad más amplia cuando se trataba de cotillear y escuchar rumores.

A su lado, una pareja acababa de sentarse y estaba en pleno proceso de engullir patatas fritas y una hamburguesa. —He oído que el juicio es esta semana —dijo el hombre—. Aunque no es que sea muy necesario, ¿verdad? El tipo es culpable de cojones. Y todo el mundo lo sabe.

Ojalá fuera verdad.

Al instante, Jake supo de qué estaban hablando.

El asesinato de la duquesa de Essex, Alice Pridden.

Habían pasado dos semanas desde que Jake vio cómo un rifle de francotirador modificado acoplado a un dron le reventaba un lado de la cara.

Y habían pasado dos semanas desde que se vio obligado a mentir a todo el mundo sobre lo que había pasado en realidad.

Que su muerte había sido una conspiración para proteger a la Familia Real de sus intereses externos.

Que lo habían organizado y encubierto desde el principio.

Que no había nada que pudiera hacer al respecto. No si no quería que su familia sufriera.

Un clamor surgió de la multitud, pillándolo por sorpresa. Los jugadores, junto con sus mascotas, habían empezado a salir del túnel, listos para el partido.

Tyler le dio un golpecito en la pierna. —Ha llegado el momento, tío. La historia está a punto de escribirse. Está a punto de empezar todo.

—Literalmente.

—Aunque no puedo creer que Hazard juegue en punta. No es un nueve.

—Podría jugar como falso nueve —dijo Jake, encontrando extraño oírse a sí mismo hablando de fútbol.

Había pasado tanto tiempo que casi había olvidado la terminología correcta.

Pero a medida que el ambiente cobraba fuerza y el rugido de la multitud llegaba a su punto álgido, se sintió relajarse y ganar confianza con sus ideas.

—Mírate, hablando de fútbol. Nunca pensé que llegaría este día.

Jake se rió entre dientes. —Sí. Quizá los tiempos están cambiando.