El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 78
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Capítulo 78

Al igual que Spector, Pine no se quedó a esperar a que el FBI se presentara en aquella pequeña población de Idaho.

En esos momentos, no le apetecía tener que lidiar cara a cara con McAllister.

Quería mantener cierta distancia. De modo que, antes de que el agente y su equipo llegaran, ella ya había tomado un vuelo de regreso a la Costa Este con su hermana y con Blum.

Previamente le había enviado un correo a McAllister informándole de sus planes.

Cuando él le respondió diciéndole que se quedara donde estaba, ella, muy oportunamente, ya había embarcado y apagado el móvil.

Ahora, a más de tres mil kilómetros de distancia y transcurridos cuatro días del mortífero enfrentamiento, Pine había llamado a Drew McAllister para averiguar lo que había ocurrido con la investigación en Idaho.

Durante la conversación telefónica, Pine tuvo que hacer constantes malabarismos.

—Te dije que quería hablar contigo en cuanto llegara allí. ¿Por qué diablos te marchaste sin más? Además, te he estado llamando los últimos cuatro días.

—Mi ayudante, Carol, necesitaba atención médica especial. Y yo tuve que volver a la Coste Este por motivos personales. No he mirado mucho el móvil. Es nuevo, porque con todo el jaleo perdí el mío, y me está costando mucho activarlo y entender cómo funciona.

—Ya. ¿Y es que no tienen suficientes servicios médicos en Idaho?

—Tuve que tomar una decisión de contingencia.

Pero ahora estaré encantada de responder a cualquier pregunta que tengas.

Si hubieras hablado conmigo antes de examinar la escena del crimen, nuestra conversación no te habría servido de mucho.

Ahora, después de que lo hayas visto todo, podremos llegar a conclusiones más productivas.

—Ya me advirtieron en la Agencia de que se te daba muy bien marear la perdiz.

—Yo solo intento ayudar.

—En fin —dijo McAllister, poniéndose serio—, la verdad es que aquello parecía una zona de guerra.

—Bueno, desde mi punto de vista, eso es lo que era. He pasado por muchas situaciones demenciales a lo largo de mi carrera, pero esta se lleva la palma.

—Yo he disparado dos veces mi arma en veinticuatro años de servicio con la Agencia. Al parecer, tú superaste mis cifras en menos de cuatro segundos.

—Fue por pura necesidad.

—Ya, entiendo. También vi la jaula en el granero. ¿Para qué era?

—Nos tuvieron encerradas allí.

—Pero es que también estaba la jaula…

—Sí, nos encerraron allí —repuso Pine.

—¿A ti, a tu hermana y a Carol Blum?

—A Carol no. Ella no estaba en la jaula, solo en su celda.

—Recogimos muestras. Encontramos restos de la sangre de Carol fuera de la jaula. Y había restos de vuestra sangre dentro de la jaula.

—Bueno, no nos trataron muy bien.

—¿Y para qué llevaron a Carol al granero?

Pine decidió que lo más sencillo era contar la verdad. Le explicó que Buckley la había obligado a luchar a muerte contra su hermana y había utilizado a Blum para presionarlas.

—Por Dios, menudo psicópata —exclamó McAllister.

—De manual.

—Pero ¿cómo lograsteis escapar exactamente? —insistió el agente.

—Conseguimos salir de la jaula y hacernos con algunas armas. Luego robamos un vehículo, embestimos con él contra las verjas y se inició la persecución. Las balas alcanzaron el depósito de gasolina, así que tuvimos que buscar refugio en un cañón encajonado. Y allí fue donde se produjo la batalla.

—Encontramos restos de un dron y montones de munición de fusil de la OTAN.

—En el Escalade había una gran cantidad de armas, además del dron. Recurrimos a todo lo que teníamos a mano para intentar sobrevivir. Y realmente tuvimos que utilizarlo todo.

—¿Y qué pasó con el vehículo? Quedó totalmente destruido.

—Ya. Mi hermana tuvo la gran idea de utilizar los vapores del depósito a modo de bomba para deshacernos de algunos de los atacantes.

—Pues funcionó muy bien —repuso McAllister con cierta ironía—. No recuerdo haber visto tantos trozos de cuerpo desperdigados en un mismo lugar. Los estaré viendo en mi cabeza durante los próximos diez años.

—Bueno, al final los malos perdieron, ¿no? —añadió Pine alegremente.

—Eso es verdad —convino él—. Pero ¿me estás diciendo que tu hermana y tú os cargasteis a todos esos hombres fuertemente armados sin ayuda de nadie? A ver, sé que las dos sois muy buenas, pero, la verdad…

—Bueno, también teníamos a Carol; no te olvides de ella. Y mi hermana podría patearle el culo a casi cualquier agente con el que hayas trabajado a lo largo de tu carrera.

—Lo mismo he oído de ti.

—Buckley había asesinado a un agente del FBI, así que tuvo lo que se merecía. Por eso estoy un tanto desconcertada por este tercer grado acerca de cómo conseguí sobrevivir a todo aquello.

—No, no, tienes toda la razón —dijo McAllister, cambiando el tono al instante.

Se aclaró la garganta y prosiguió—: En fin, también estamos investigando el imperio empresarial de Buckley.

Al parecer, tiene una parte legal y otra bastante turbia.

Y ambas solo se entremezclan cuando hay que blanquear el dinero negro a través de sus empresas tapadera de cara a la galería.

Vamos a tener que recurrir a nuestros mejores técnicos de delitos financieros para desentrañar todo el entramado.

—No me extraña. Buckley era un hombre muy inteligente.

—Y ahora es un hombre muerto. ¿Hiciste tú los honores?

—Sí. Menos mal que estoy de permiso, de lo contrario ahora estaría pegada a mi mesa mientras la Agencia lleva a cabo una exhaustiva investigación sobre por qué disparé mi arma, lo cual hice bastantes veces aquel día.

—Pine hizo una pausa y añadió—: Bueno, ¿hemos acabado ya con esto?

Porque hay algo que me gustaría preguntar.

—Vaya, déjame adivinar de qué se trata.

—¿Cómo va la investigación sobre Tim Pine?

—¿Estás autorizada a escucharlo todo? —dijo él, y Pine casi pudo percibir cómo sonreía al otro lado de la línea.

—Creo que sí, pero, si te vas a sentir mejor, cuéntame solo la información no clasificada.

—Bueno, ha habido un giro bastante inesperado en el caso.

—¿Qué? —preguntó Pine intrigada.

—Han venido a vernos miembros de otra agencia gubernamental.

—¿Cuál?

—Esa es la parte clasificada.

—Vale.

—Nos han contado todo lo referente a tu madre y Tim Pine. A Bruno e Ito Vincenzo. La historia completa. Cosas que tú ya me habías contado y que ellos han confirmado. Fue algo muy valiente lo que hizo tu madre, y con solo dieciocho años.

—Sí, lo fue.

—En fin, me han dejado claro que Ito Vincenzo fue a buscar a Tim Pine para matarlo, pero que al final fue Pine quien lo mató a él. Y nos han dado a entender que la tapadera subsiguiente fue autorizada por la inteligencia estadounidense al máximo nivel.

—¿Así que vais a dejar de buscar a Tim Pine?

—Por lo que respecta al FBI, el caso está cerrado.

—¿Has hablado ya con Jack Lineberry?

—Sí. Un hombre francamente impresionante.

—¿Y crees que ha tenido algo que ver con la implicación de esa otra agencia gubernamental?

—Dejaré que él responda a esa pregunta. Doy por hecho que una de las razones por las que te marchaste a la Costa Este fue para verlo.

—Pues sí. ¿Y te contó Lineberry algo más?

—¿Como qué?

—Cualquier cosa.

«Como que es mi padre y el de Mercy», dijo Pine para sus adentros.

—Nada más que lo que te he dicho.

—Vale, gracias.

—Espero que, cuando todo esto haya terminado, vuelvas a incorporarte a la Agencia. Eres una buena agente, Pine. No queremos perderte.

—No te inquietes por eso. Soy agente del FBI hasta la médula.

—Y no te metas en más problemas. Al menos durante los próximos días.

—Yo nunca busco los problemas.

—Lo sé. Son ellos los que te encuentran.

«Sí, eso parece», pensó Pine.