El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 77
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Capítulo 77

Mercy las condujo en el Jeep de Buckley hasta el pueblo.

Al alcanzar por fin la zona donde había cobertura, Pine, ya reanimada pero en muy malas condiciones, notificó a las autoridades locales lo ocurrido.

Cuando llegaron al hospital, Mercy bajó del coche, entró corriendo y pidió al personal sanitario que saliera rápidamente a atender a las mujeres heridas.

Más tarde, desde una cama de urgencias, Pine llamó a Drew McAllister. Durante unos minutos le estuvo informando de todo lo sucedido.

—Me acuerdo del caso Buckley —dijo él—. Trabajé con algunos agentes que estuvieron implicados directamente. Un asunto feo de verdad. Tráfico sexual, de drogas, de armas… El lote completo. Y por lo visto el tipo se acostaba con todas las jovencitas para asegurarse de que eran «aceptables».

—Bueno, el hijo era más de guante blanco, pero se trataba de un tipo tan peligroso como su padre, e igual de psicópata que él.

—Por lo que me has contado, es un milagro que estéis vivas.

—Siento muchísimo lo de Bertrand.

—Ya, sí… En fin, parece que no ha quedado nadie para ser arrestado.

—La policía local va a rastrear minuciosamente todo el complejo, pero es muy probable que los que no fueron con Buckley en nuestra persecución se hayan marchado ya. Tan solo faltará atar algunos cabos y hacer un montón de papeleo.

McAllister le dijo que se pondría en contacto con la policía local y que en cuestión de veinticuatro horas volaría hasta allí con un equipo de agentes.

Después de que le limpiaran y trataran las heridas, le drenaron el fluido de la rodilla hinchada. Luego le pusieron una férula en el dedo roto y una escayola blanda con una bota ortopédica en el tobillo fracturado.

Al cabo de un rato, con la ayuda de unas muletas, fue a ver a Spector a su habitación, donde se recuperaba de las operaciones que le habían hecho en la pantorrilla, la cara y el oblicuo.

—¿Te han dejado como nueva? —le preguntó, tomando asiento junto a la cama.

Spector se incorporó con una leve mueca de dolor.

—Vaya que sí. No me puedo quejar.

—Lo hemos logrado por muy poco, ¿eh? —comentó Pine.

—Ha sido tu hermana quien nos ha salvado. Fue idea suya utilizar el walkie-talkie y la mecha para convertir el vehículo en una bomba. Buckley me contó que habían usado dinamita para demoler algunos de los edificios antiguos más deteriorados. Por eso estaba la mecha en el coche.

—Menos mal que Mercy estaba allí. De lo contrario, ahora estaríamos muertas.

—Lo que tengo muy claro es que no me gustaría enfrentarme con ella en una jaula de combate.

Pine se frotó la mandíbula.

—Fue como si me hubiera arrollado un tanque. Y eso que se estaba conteniendo.

Spector se dejó caer de nuevo en la cama y se quedó mirando al techo.

—Supongo que el FBI ya estará de camino.

—No hay manera de evitarlo, ya lo sabes.

—Sí, lo sé.

—Llegarán en unas veinticuatro horas. Conozco al agente que está al mando. Es un buen tipo. Muy legal.

—Ya. Vale. —Spector alisó la sábana y apartó la vista.

Pine la observó atentamente.

—¿Cómo está tu pantorrilla, en serio? Necesito saber la verdad. Es importante.

Spector la miró con gesto intrigado.

—No muy mal. La bala no tocó el hueso. El cirujano dice que ha sido una herida limpia, con orificio de entrada y de salida.

—Miró las muletas y la bota de Pine—. A diferencia de ti, ahora mismo podría caminar más o menos bien.

En una semana estaré recuperada por completo. Pero ¿por qué es tan importante?

—Muy bien. Sin embargo, la gran cuestión es: ¿puedes conducir?

Spector volvió a incorporarse y miró a Pine con una expresión de desconcierto total.

—Seguro que podría. ¿Y para qué quieres saber eso?

—Hay una agencia de alquiler de coches en el pueblo. Me fijé al venir hacia aquí.

—Vale, pero… —Spector se quedó petrificada mientras empezaba a comprender poco a poco—. Un momento… ¿Estás pensando lo que creo que estás pensando?

—Por alguna razón, he olvidado mencionarle tu implicación en todo esto al agente McAllister. Según lo que él sabe, todos los malos están muertos.

—A ver si me aclaro, ¿qué me estás planteando exactamente?

—Hay un aeropuerto a dos horas de aquí. Lo he comprobado en el móvil. Puedes tomar un avión y marcharte a cualquier otro lugar en cuestión de muy poco tiempo. Incluso a otro país, si es lo que prefieres. —Pine se calló y la observó fijamente.

Por su expresión, estaba claro que Spector no se había esperado aquello para nada.

—¿Por qué? —preguntó—. Esto infringe todos los protocolos de la Agencia, y lo sabes.

—Tú nos salvaste la vida. No tengo nada en contra de ti. Llevo trabajando tanto tiempo por mi cuenta que a veces establezco mis propias reglas. Y muchas veces son mejores que las del FBI.

—Yo… no sé qué decir.

—Bueno, por lo que a mí respecta, me gustaría agradecerte personalmente todo lo que has hecho. Lo que pasa es que aún no sé tu nombre.

—Britt Spector —dijo ella, bajando la vista.

—Muy bien, Britt. Gracias por salvarnos el trasero a todas.

—Ahora podrás revisar fácilmente mi expediente en el FBI —repuso Spector con voz nerviosa—. Y no es lo que se dice… intachable.

—Podría hacerlo, pero no pienso molestarme.

—¿Por qué?

—Porque te he conocido en persona, y en las circunstancias más descabelladas imaginables. Así que ya sé todo lo que necesito saber de ti. No tengo necesidad de leer un montón de documentos.

Spector pareció preocupada.

—Pero surgirán muchas preguntas. Los técnicos forenses…

—La escena del crimen es un auténtico caos. Yo lo sé, y tú también. No ha quedado nadie a quien procesar. Harán una investigación por encima y poco más. Fin de la historia. La policía local y el FBI no tendrán ningún motivo para seguir con el caso.

—Pero tú eres una agente federal. Correrías un gran riesgo. No quiero que te metas en problemas por mí.

—Creo que es un riesgo que vale la pena correr. Y por lo que respecta a meterme en problemas con el FBI, se me da bastante bien salir airosa.

Las dos mujeres se miraron durante unos momentos llenos de intensidad.

Spector tendió lentamente la mano y Pine se la estrechó.

—No estoy segura de merecerme esto, pero gracias.

—Lo único que me gustaría decirte es que deberías escoger mejor para quién trabajas. Estás demasiado capacitada para seguir ayudando a los malos. Nosotros te necesitamos mucho más que ellos.

Spector volvió a tumbarse y sonrió débilmente mirando al techo.

—Ya he reflexionado sobre todo ello. Y tienes razón.

—Y ahora en serio… ¿Por qué?

Spector se la quedó mirando.

—Por qué… ¿qué?

—No fue solo por el discursito que te dio Carol. Ya he hablado con ella de eso. Es buena, pero no tanto. Así que, en serio, ¿por qué nos has ayudado?

Spector se frotó los ojos para enjugarse una o dos lagrimillas que habían brotado de pronto.

—Mi infancia no fue lo que se diría… feliz. Y no tuve a una hermana creciendo a mi lado. —Miró a Pine con los ojos brillantes—. Creo que me habría ido muy bien tener una. Habría hecho las cosas un poco más… soportables.

—Te entiendo perfectamente. Yo siento también lo mismo.

—Sé lo que os pasó a ti y a tu hermana. Y al final yo… pensé que os merecíais pasar mucho más tiempo juntas del que Peter Buckley quería concederos.

Pine se levantó y se encajó las muletas bajo los brazos.

—Bueno, Britt. Creo que acabo de encontrar a una hermana honoraria.

Spector le sostuvo la mirada.

—Puede que yo también, Atlee.