Capítulo 74
—Pásame el rifle —dijo Spector—. Se están acercando a pie, muy despacio y sin arriesgarse. Tenemos como unos treinta minutos.
—Estoy bien en esta posición —repuso Pine.
—Quiero que hagas otra cosa. Deprisa, sígueme.
A regañadientes, Pine le pasó el rifle y la siguió hasta donde estaba el coche. Le contaron a Mercy lo que pasaba. Esta empuñó su pistola y dijo:
—Tendrán que pasar por encima de mi cadáver para llegar a Carol.
Spector abrió el portón trasero del Escalade y rebuscó en una pequeña bolsa. Sacó un dron de tamaño reducido, junto con su correspondiente mando.
—¿Has usado alguna vez uno de estos? —le preguntó a Pine.
—Sí, para tareas de vigilancia. En las tierras del interior de Arizona son muy útiles. ¿Cómo lo has conseguido?
—Pertenece a Buckley. Lo emplea para mantener vigilada su propiedad: no le gustan los intrusos. Pensé que yo podría darle un mejor uso, así que me lo agencié.
—Bien pensado —comentó Mercy.
—Vale, este mando tiene una pantalla en la que puedes ver lo que ve el dron. Quiero que tomes posición detrás de la gran roca que hay junto al saliente donde estabas.
—¿Y luego qué?
—Quiero que hagas volar a este pequeño cabrón por la carretera por la que están viniendo ahora mismo.
Mantenlo como a unos treinta metros de altura.
Es muy pequeño y está lo suficientemente oscuro como para que no puedan detectarlo.
—Señaló la parte inferior del dispositivo—.
Esta es la clave. Cuando el dron esté justo encima de ellos, pulsa este botón del mando.
—E indicó el que estaba a la derecha—. Yo me encargaré de lo demás.
—Tú no puedes hacerlo todo —dijo Pine.
—No lo haré. Son muchos hombres. Y no tardarán en romper nuestras defensas exteriores. Cuando eso ocurra…, bueno, todo se reducirá al combate cuerpo a cuerpo y a cualquier artimaña que se nos ocurra. Pero apuesto por nosotras.
Pine se quedó mirando el rifle de francotirador.
—¿Estás segura de que no quieres que me encargue yo de eso?
Spector pareció algo incómoda. Y, en voz baja, dijo:
—¿Conoces el HRT?
—¿El Equipo de Rescate de Rehenes del FBI? Sí, claro.
Spector agarró con fuerza el rifle.
—Estuve como francotiradora con ellos durante un par de años. Y este es el mismo modelo de rifle que utilizaba entonces.
Al decirlo, no miró a Pine. Cuando por fin alzó la vista, ella la estaba observando fijamente.
Spector se humedeció los labios con gesto nervioso.
—Pues más vale que vayas ya a tu posición —dijo Pine tajante—. Y buena suerte.
—Gracias, agente Pine —respondió Spector, y se alejó a toda prisa.
Pine se acercó a ver cómo estaba Blum. Luego mantuvo una breve conversación con su hermana.
Le entregó el walkie-talkie a Mercy y le dijo que si pasaba cualquier cosa contactara directamente con Spector. Y añadió:
—Si algo va mal… yo… Mira, solo quiero decirte que estoy muy feliz de que hayamos vuelto a encontrarnos.
Mercy se enganchó el walkie-talkie al cinto y luego miró a su hermana. Le puso una mano en el hombro.
—Nada va a ir mal. Tenemos un trabajo que hacer y vamos a hacerlo. Esos capullos no sabrán de dónde les vuelan las hostias.
Pine le agarró la mano y se la apretó.
—Solo tengo que averiguar cómo bajar del árbol, tal como dijiste.
—Pero, esta vez, yo te ayudaré a hacerlo, Lee.
Pine cogió el dron y se dirigió a toda prisa a su posición. Echó un vistazo a Spector, que estaba tumbada boca abajo sobre el saliente rocoso; el rifle se hallaba apoyado sobre su trípode y ella atisbaba a través de la mira de visión nocturna. Parecía estar totalmente concentrada.
«¿El HRT?», pensó Pine. Eran sin duda lo mejor de lo mejor. Le causaba cierto alivio saber eso de aquella mujer. Aunque también resultaba de lo más preocupante.
Depositó el dron en el suelo y lo encendió. Manipuló los botones del mando, observó cómo se alzaba en el aire y lo envió en dirección a la carretera.
Lo elevó hasta una altura aproximada de unos treinta metros y lo hizo avanzar un poco más.
Pine examinó la pantalla iluminada. En ella se veía a un grupo de hombres fuertemente armados.
Sus figuras se perfilaban en negro y gris y marchaban a buen ritmo, aunque con movimientos cautelosos.
El hombre que iba al frente se arrodilló y escudriñó el terreno.
Recogió un puñado de tierra suelta y lo olisqueó.
«La gasolina», pensó Pine. El olor seguía impregnado en la tierra.
El grupo continuó avanzando. Creyó distinguir a Buckley. Iba de los primeros, empuñando un fusil.
Dejó que el dron quedara suspendido sobre el grupo durante unos segundos. Luego acercó el dedo al botón que Spector le había indicado. Y, rezando para sus adentros, lo apretó.
La oscuridad que envolvía a Buckley y sus hombres quedó disipada al instante cuando el foco del dron los iluminó con la fuerza explosiva de un sol naciente sorprendentemente cercano.
Y, apenas un milisegundo después, Pine oyó cómo el rifle de Spector empezaba a disparar.
En la pantalla vio caer a un hombre. A continuación otro, y un tercero. El resto se dispersó, tratando de huir de la luz del dron que los convertía en blancos fáciles. Pero Pine fue moviendo el dispositivo para seguir iluminándolos.
El rifle de Spector rugía sin cesar, abatiendo cada vez a más hombres.
«Joder —pensó Pine—. Vaya si sabe disparar».
Un momento después, uno de los hombres de Buckley disparó al dron. Y de nuevo se hizo la oscuridad.
Pero el daño ya estaba hecho.
Spector se apresuró a bajar del saliente mientras las balas impactaban muy cerca, haciendo saltar esquirlas de roca. Se reunió con Pine.
—Tenemos que retroceder.
—La carretera se estrecha más adelante —dijo Pine—. Podemos tratar de emboscarlos ahí.
Echaron a correr mientras los proyectiles volaban a su alrededor. Los ruidos de pisadas resonaban por las paredes del cañón conforme sus perseguidores se acercaban. El tiroteo arreció de tal modo que al final tuvieron que parar y tirarse al suelo.
Al momento, Spector gritó:
—¡Detrás de ti!
Un hombre salió de la oscuridad, cargando y abriendo fuego contra Pine. Ella se giró y le disparó al pecho. El tipo cayó muerto sobre la tierra.
De pronto, Pine soltó un gemido: un afilado fragmento de roca, desprendido a causa del intenso tiroteo, le había impactado en el brazo, desgarrándole la piel y salpicándola de sangre.
Aun así consiguió dar media vuelta y echar a correr, agarrándose el brazo.
Spector se colgó el rifle al hombro, sacó una pistola y lanzó una ráfaga de fuego a su espalda para ganar algo de tiempo. Doblaron un recodo, echaron a correr y llegaron al Escalade.
Pine echó mano del botiquín y Mercy la ayudó a vendarse el brazo.
—¿Estarás bien? —le preguntó su gemela.
—Oh, sí. Por nada del mundo voy a perderme esto.
Pine sacó varios cargadores de una bolsa.
Mercy se agenció la escopeta y la empuñó, lista para disparar.
—He tumbado a Carol en el asiento de atrás —le dijo a Pine—. Imagino que van a volar balas por todas partes.
—Tú eres nuestra última línea defensiva, Mercy. Si nos superan, todo dependerá de ti.
Pine deslizó la corredera de su pistola, se metió algunos cargadores en el bolsillo de la chaqueta y le pasó unos cuantos a Spector.
—Venga, acabemos con esto.