El desafío final (Atlee Pine 4) Capítulo 54
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Capítulo 54

Buckley se unió a Spector en el rincón.

—¿Qué es tan importante? —preguntó—. ¿Qué tengo que ver?

—Pine tiene una página en Wikipedia —dijo Spector—.

No la hizo ella, al parecer fue cosa de algún fan.

Cuando estaba en la universidad trató de entrar en el equipo olímpico de halterofilia, aunque no lo consiguió por muy poco.

Le había echado un vistazo antes a la página, pero no lo leí todo.

Pensé que sería intrascendente. Ese fue mi error.

—¿Y cómo diablos va a ayudarnos eso? —espetó Buckley.

Ella le entregó el móvil.

—Lee el último párrafo de la última página. Es un trocito de biografía de hace bastante tiempo. Mierda, debería haberlo averiguado antes, pero ninguno de mis contactos en la Agencia lo mencionó.

Buckley leyó el último párrafo y luego miró a Spector fijamente.

—Mercy Pine. Fue secuestrada en Andersonville, Georgia, y nunca más se supo de ella. ¡Mercy Pine! ¿Son hermanas?

—Más que eso. Son gemelas idénticas. Así que eso exculpa a tus hombres por haberlas confundido. Y explica por qué Pine está trabajando en el caso. Y también por qué mis contactos no me informaron de ello. Es muy probable que lo que estaba haciendo fuera información restringida.

Eso explicaba muchas cosas, pensó Buckley.

Y también hizo germinar en su mente una idea que enseguida se fue convirtiendo en una estrategia que encajaba a la perfección con lo que ya de antemano había decidido que significaba este asunto para él.

Sin embargo, el hecho de que Pine hubiera escapado lo complicaba todo.

Aun así, siempre había una solución para cada problema.

Mientras el hombre le daba vueltas a todo eso, Spector lo dejó con su móvil y se acercó de nuevo a Marbury, que seguía mirando con aire intrigado a Buckley.

—¿Estuviste hablando con Atkins de que Cain llevaba la cabeza rapada? —le preguntó.

Marbury apartó por fin la mirada de Buckley.

—Sí, Atkins me lo comentó, pero resulta que yo ya lo había visto por mí mismo. Aún no lo sabía, claro, porque todavía no me había reunido con Atkins. Pero cuando me dirigía a su celda, me crucé con Blum y Cain en el pasillo. Al parecer acababan de hablar con ella antes de que yo llegara.

Buckley oyó esto y levantó la vista del móvil, aparcando por un instante los pensamientos de su estrategia en ciernes. Miró primero a Spector y luego a Marbury. Entonces preguntó al abogado:

—¿Quieres decir que salieron del edificio antes que tú?

—Supongo, sí.

—¿Dónde te esperaba el chófer con el coche?

—Justo delante —contestó Marbury—. Era el mejor lugar para mí. Muy cerca de la entrada principal. Tengo la rodilla mal.

Spector le dijo a Buckley:

—Para intentar conseguir algún tipo de acuerdo, Blum y Cain necesitarían la autorización de la policía local. Así que podrían haber ido a hablar con ellos después de dejar a Atkins.

—Y entonces los agentes les habrían dicho que por el momento no podían hacer nada, porque… —Buckley miró a Marbury.

El abogado recibió aquello como una puñalada entre las costillas.

—Porque para entonces, y en apariencia, ya tenía abogado. O sea, yo.

Spector se acercó a la ventana, pero sin dejarse ver desde fuera.

Buckley ni siquiera la miró porque sabía exactamente lo que estaba pensando.

—Marbury —dijo con dureza—, ¿sabes si te han seguido hasta aquí?

El abogado se quedó petrificado.

—¿Seguido? No… no se me había ocurrido.

—Pues claro que no —intervino Spector en tono sarcástico.

Sacó un pequeño pero potente dispositivo óptico del bolsillo de la chaqueta, y observó tanto la calle como la zona que se extendía al otro lado.

No vio nada hasta que llegó a la iglesia, donde había aparcados unos cuantos coches.

Se disponía a enfocar hacia el otro lado de la calle cuando, al ajustar el dispositivo, distinguió algo muy interesante.

—Hay un todoterreno deportivo Porsche de color rojo en el aparcamiento de la iglesia de más abajo. Tiene matrícula de Georgia. —Volvió a ajustar la lente para aumentar la claridad de imagen—. Y la que está al volante podría muy bien ser nuestra señora Blum.

Buckley se unió a ella junto a la ventana.

—¿Alguna señal de Cain?

—No, pero puede que haya dejado ahí a Blum para que vigile. —Spector recorrió la sala con la mirada—. De hecho, puede que ya esté dentro de la casa.

Marbury lo miró con expresión angustiada.

—¿Estamos en peligro o qué?

Spector sacó una pistola de su funda sobaquera.

—Peter, puedo registrar la casa. Si Cain está aquí, eso facilitaría mucho nuestra tarea.

El abogado pareció muy alarmado por el comentario, pero tuvo la sensatez suficiente de no decir nada.

Buckley cogió el dispositivo óptico y Spector le indicó hacia dónde debía enfocarlo.

Observó el Porsche a través de la lente.

Y, a pesar de la situación, se permitió sonreír.

Notó el subidón de adrenalina y la sangre corriendo por las venas, trayendo consigo la emoción que había echado de menos tantos años y que había experimentado a diario en su vida durante muchísimo tiempo.

Y lo mejor de todo: la posible estrategia, surgida en un destello de brillante creatividad, se había convertido en una resolución definitiva. La única que importaba ahora.

Le devolvió el dispositivo a Spector.

Ella miró a Buckley con gesto expectante y se quedó muy desconcertada por el brillo que había en sus ojos. Donde habría esperado encontrar frustración o incluso desesperación, vio algo completamente distinto.

Spector acarició la pistola y preguntó:

—Entonces ¿qué? ¿Vamos a por Cain, nos retiramos, o esperamos a que ella trate de encontrarnos?

—Nada de lo que has dicho. Tengo una idea muchísimo mejor.