Capítulo 53
Buckley estaba sentado con semblante preocupado en una silla del comedor de la casa, donde los muebles, a pesar de su gran tamaño, se veían pequeños en un espacio tan inmenso.
Spector se encontraba apoyada en la pared con gesto sombrío, mientras Stephen Marbury se paseaba nerviosamente frente a ellos.
La mansión permanecía cerrada durante esa época del año; los propietarios se hallaban en su otra residencia en Colorado, que probablemente era aún más espléndida que esta.
El administrador de la propiedad había recibido una cuantiosa suma por permitirles utilizarla durante un par de horas como lugar de reunión seguro.
Sin rostros, sin nombres; solo dinero contante y sonante.
—Esto me pone en un pequeño aprieto, señor Buckley —dijo Marbury, que, mientras iba de un lado a otro, parecía más centrado en las punteras de sus zapatos que en calibrar la reacción de su cliente.
Buckley apenas lo escuchaba. La llamada que había recibido le había arruinado el día.
La agente Pine había escapado. Por suerte, habían encontrado, reanimado y trasladado a sus hombres antes de que llegara la policía, pero era un escaso consuelo en comparación con los problemas que podría causarles Pine una vez libre. Con aire ausente, dijo:
—En ningún momento le he dicho a Pine que te había contratado. Solo que Dolores Venuti iba a intentar que le concedieran la fianza. Ni siquiera le dije que serías tú quien la solicitaría. La conexión es, cuando menos, tenue.
—Pero me he reunido hoy con ella. Y seguro que acaban encontrando la conexión. He tenido que identificarme ante la policía en el centro de detención. Saben quién soy. Saben que soy de Nueva York. Pueden rastrearme con facilidad.
—Entonces lo mejor será que te tomes unas vacaciones —dijo Buckley en tono distraído—. En otro país. Me encargaré de arreglarlo.
Marbury empezó a gimotear.
—No es tan sencillo. Tengo otros clientes. Tengo un bufete. Una familia.
—Entonces vuelve a Nueva York, y cuando la policía te pregunte les dices simplemente que recibiste un cheque bancario por diez mil dólares para venir aquí y reunirte con Atkins, mejor dicho, con Venuti.
No sabías quién te lo envió, pero supusiste que ella lo sabría.
Y cuando Venuti te dijo que no tenía ni idea, te quedaste tan desconcertado como ella.
Puedo proporcionarte un cheque procedente de una cuenta imposible de rastrear, y con fecha anterior.
Puedes decir que no lo has cobrado aún porque no estabas seguro de que fueras a aceptar el caso.
Viniste aquí para tantear el terreno. Al fin y al cabo, eres un prestigioso miembro del colegio de abogados.
Y ahora que sabes cuál es la situación, no quieres involucrarte.
Nunca has aparecido de forma oficial como su abogado ni has presentado los documentos necesarios para vincularte a su caso. Y asunto zanjado.
Marbury dejó de pasearse nerviosamente y se lo quedó mirando, impresionado.
—Eso podría funcionar. —Y añadió sin ocultar su admiración—: Podría haber sido un gran abogado.
—Sí, bueno, siempre he aspirado a algo más en la vida —repuso Buckley de forma escueta, provocando una sonrisa en Spector—. Y ahora que tu bienestar personal está asegurado, proporcióname la información que necesito.
Buckley había recurrido a Marbury para que se reuniera con Desiree Atkins y, con la excusa de representarla legalmente, sacarle toda la información posible.
No había muchas maneras de acceder a un recluso, pero ser abogado era una de ellas.
Buckley no tenía ningún interés en que soltaran a la mujer bajo fianza.
Solo había intentado utilizar el hecho de que el abogado pudiera hablar con Atkins para forzar a Pine a que le contara todo lo que sabía de El Cain, a cambio de perdonarle la vida.
Y ahora Pine estaba ahí fuera en algún lugar, sin duda buscándolo para acabar con él.
Marbury se sentó frente a Buckley, colocó las manos sobre la mesa y las cerró con fuerza. Parecía que se dispusiera a pedir clemencia o a mentir en el estrado de los testigos.
—Es una mujer abominable. Una quejica insufrible. Todo es culpa de los demás. En mi opinión, no está muy bien de la cabeza. De hecho, eso podría emplearse como defensa legal.
—Ya, ya; sin la menor duda, creo que podemos afirmar que cualquiera que encierre y torture a otra persona no está en su sano juicio —dijo Buckley.
Cuando vio a Spector enarcar las cejas, le leyó el pensamiento y añadió:
—Siempre y cuando el torturador lo haga para satisfacer un placer sádico. Pero no cuando el propósito sea obtener una información vital. Si hasta nuestro propio gobierno lo hace.
Volvió a mirar a Spector con una expresión de superioridad, hasta que ella al final apartó la vista.
Marbury observó un tanto perplejo ese tira y afloja, pero acabó por ignorarlo y prosiguió:
—Cuando le he dicho que cualquier cosa que dijera estaría sujeta a secreto profesional, la muy idiota me ha contado que una agente del FBI y su ayudante la engañaron para que confesara que ella había matado a su marido en Georgia la misma noche en que Rebecca Atkins escapó de donde la tenían encerrada.
Eso la había enfurecido y quería que me encargara de que desestimaran la grabación como prueba.
Spector se retiró de la pared y dijo:
—¿Te preguntó quién te había enviado para que la representaras?
—En ningún momento. Me pareció una mujer que cree sinceramente que cualquier ayuda le llegará sin más en cuanto ella la necesite. El hecho es que, como es una fugitiva de la justicia, ningún juez la dejará en libertad. Se volvería a escapar.
A Buckley no le importaba lo más mínimo Desiree Atkins ni el asunto de la fianza.
—¿Qué te ha contado de El Cain?
—No la había visto desde aquella noche en Georgia. —Marbury hizo una pausa para frotarse la boca—. Hasta que, esta misma mañana, Cain ha entrado en su celda con una mujer mayor un poco antes de que yo fuera.
Buckley y Spector intercambiaron una mirada significativa.
—Eso no me lo has dicho por teléfono. ¿Y cómo ha sido? —preguntó Buckley con gesto ceñudo.
—Se presentaron sin más. Atkins no tenía ni idea de que iban a ir. La mujer mayor ya había ido antes a verla con Pine, para comentarle que querían llegar a algún tipo de acuerdo con ella. Pero Atkins aún no conocía los detalles. Le dijeron que volverían cuando tuvieran algo más.
Buckley miró a Spector.
—Vas a tener que exprimir a tus contactos del FBI para averiguar algo más sobre esa agente Pine.
—De hecho, ya he averiguado algunas cosas. Te las iba a explicar, pero entonces ocurrió todo esto.
—Bueno, pues me encantaría oírlas ahora.
—Muy bien. En primer lugar, al parecer Pine es una agente excepcional, pero suele actuar como un lobo solitario.
Podría haber ascendido en la jerarquía de la Agencia, pero no tiene ningún interés en ello.
Actualmente está destinada en el área del Gran Cañón y vive en un pueblo llamado Shattered Rock.
Se trata de una pequeña agencia residente del FBI conformada por un solo miembro.
Carol Blum, la «mujer mayor», es su ayudante allí.
Pero es extraño que esté trabajando con Pine en un caso sobre el terreno.
No es así como funciona la Agencia. Y todo este asunto de El Cain es obviamente un caso abierto, así que me extrañó que Pine estuviera implicada en la investigación.
Quiero decir, no es su área de responsabilidad.
Les pregunté a mis contactos al respecto, pero no supieron responderme.
—Entonces añadió, en tono de advertencia—: Pero, Peter, a juzgar por todos los indicios, Pine es buena, realmente buena.
Tendremos que andarnos con mucho cuidado.
—Bueno, teniendo en cuenta que ha escapado de nosotros, me inclino a coincidir contigo.
Al oír aquello, Marbury pareció muy intranquilo.
—Señor Buckley, por favor, no puedo verme involucrado en este asunto. Debo actuar con mucha cautela para que esto no perjudique a mi carrera profesional.
—No te preocupes, Marbury, nada de esto te afectará. —Dirigió una mirada incisiva al abogado—. Aunque, si no me falla la memoria, ¿no formaste parte hace unos años del equipo de la defensa del Chapo?
—Bueno, todo el mundo tiene derecho a recibir asistencia legal —dijo Marbury en tono remilgado.
—Cierto. Y ahora dime: ¿cómo y por qué pensaban Blum y Cain que Atkins podría serles de alguna ayuda?
—Por lo visto, además de tener encerrada a una chica, mi «clienta» también estaba implicada en una pequeña red de narcotráfico a nivel local.
Me lo reconoció cuando le pregunté acerca de ese acuerdo del que le habían hablado.
No le dijeron lo que querían de ella, y por supuesto tampoco le mencionaron que la agente Pine había desaparecido, así que Atkins conjeturó que estaban al tanto de la red de narcotráfico y querían información al respecto.
Ella les dijo que primero, antes de contarles lo que quisieran, quería tener ese acuerdo ventajoso sobre la mesa.
La cosa quedó así, supongo que dando a entender que volverían después de haber conseguido el acuerdo.
—Eso tendría sentido, Peter —dijo Spector—, ya que ellas no tienen ni idea de que tú estás involucrado en este asunto. Es imposible que sepan que detrás de esto se encuentra alguien que busca vengarse de El Cain, y no alguien conectado con Atkins y su pequeña red de narcotráfico.
Aquello debería haber sido una buena noticia para Buckley, pero no lo era.
Le había contado a Pine que su motivación para encontrar a Cain era el hecho de que había matado a su hermano.
A menos que Cain hubiera matado a otros muchos hermanos de otra gente, eso estrecharía el círculo considerablemente.
Había sido un completo idiota al revelar aquella información, pero nunca había contemplado la posibilidad de que Pine pudiera escapar.
Lo cual era sin duda una lección: no dar jamás nada por sentado.
Tal vez, lo único que podía salvarlo era que Cain aún no supiera que su hermano había terminado muriendo.
Al alzar la mirada, vio que Spector lo estaba observando.
Sabía que era una mujer muy lista e inteligente.
Y su expresión no dejaba lugar a dudas: estaba pensando lo mismo que él.
La había cagado. Pero Buckley también sabía que lo que Spector acababa de decir delante de Marbury había sido para encubrir ese aspecto.
El abogado no tenía por qué saberlo. Y esa era otra de las razones por las que le gustaba trabajar con Britt Spector.
Ella tenía ese instinto del que otros carecían.
Buckley dejó que sus pensamientos vagaran un poco más por ese cauce. «Pero ¿y si Cain, Pine y Blum unen fuerzas, y Cain acaba enterándose de que Ken es mi hermano y de que finalmente ha muerto? Eso las conduciría directamente a mí».
—¿Y qué más, Stephen? —le preguntó Spector a Marbury, sin apartar la mirada de Buckley.
—Bueno, Cain es muy alta, con aspecto de tía dura. Lleva el pelo casi rapado, estilo militar.
Buckley salió de su ensimismamiento y saltó de pronto:
—¿Atkins te contó eso? ¿Lo del pelo rapado? En la única foto que tenemos de ella llevaba el pelo largo. Esa es una de las razones por las que mis hombres se equivocaron en el hotel y se llevaron a Pine. La confundieron con Cain porque se parecían muchísimo.
Este comentario tuvo un efecto extraordinario sobre Spector. Se alejó un poco, sacó su móvil e hizo una serie de búsquedas mientras los dos hombres seguían con la conversación.
Fue revisando página tras página hasta llegar a una que la dejó totalmente boquiabierta.
—¿Peter? —Y le hizo señas para que se uniera a ella en un rincón de la sala.
—¿Qué? —preguntó él en tono impaciente.
—¿Has dicho que tus hombres confundieron a Pine con Cain?
—Sí.
Ella sostuvo el móvil en alto.
—Pues tienes que ver esto. Ahora.